San Sebastián, 01/11/09 Incertidumbre en el ocio nocturnoLa crisis, con caídas del 10-15% en la facturación, acentúa la tendencia a la baja de los últimos quince años - "Algunos establecimientos cerrarán"KARIM ASRY
El sector del ocio nocturno vive desde hace meses inmerso en la incertidumbre ante la caída del consumo. La mayoría de la decena de establecimientos consultados por este periódico en las tres capitales cifran el descenso de la facturación en un 10-15% de con respecto al año pasado. Las cosas no van bien. "En San Sebastián, entre semana son pocos los sitios donde hay más de 10 personas. Pienso que va a haber una criba de locales. Es insostenible mantener un pub haciendo 200 euros de caja un martes, por mucho que el sábado hagas 1.800", predice Rafael Díaz, propietario de varios locales en la capital guipuzcoana. Desde la asociación de empresarios Hostelería Gipuzkoa sacan la misma conclusión: "La crisis hará cerrar establecimientos". El descenso de la actividad viene de lejos. Según explica Ángel Gago, secretario general de la Asociación de Hostelería de Vizcaya, el ocio nocturno ha sufrido una caída constante del volumen de negocio en los últimos 15 años, que probablemente se haya acelerado en el último lustro. Además de la crisis, Gago, cita como causas del bajón "el no haber prolongado los horarios de cierre, la inseguridad y los cambios de normativa que incrementan el control sobre el aforo". En Guipúzcoa, la caída en la última década también ha sido evidente, según Kino Martínez, secretario de la asociación de empresarios Hostelería Gipuzkoa: "Ha habido una tendencia general en los ayuntamientos a acotar cada vez más el ocio nocturno. Y cuando las instituciones tienen que mediar entre el derecho de los vecinos a descansar y los empresarios de la noche, siempre ganan los primeros".
"A nosotros no nos queda más remedio que cobrar entrada a todos, hombres y mujeres. No me puedo permitir que alguien entre al local a bailar y no consuma nada", afirma José, uno de los socios de la Sala Congresos de Bilbao. En su caso, la facturación se ha desplomado hasta un 30-40%. "Toca aguantar como sea. Estoy reduciendo plantilla para mantener esto a flote", explica. Dice sentirse asfixiado por el Ayuntamiento en estos tiempos de crisis. "No nos dejan ampliar horarios y se han puesto muy restrictivos en el tema de los aforos. Estuvimos dos meses cerrados por esto", recuerda. "Entiendo que el Ayuntamiento tiene que mantener contentos a los vecinos, pero nosotros también pagamos impuestos, generamos empleo y ocio para la ciudad. Si me obligan a estar abierto tres horas en vez de cinco, ir a una discoteca se convertirá en un bien de lujo y la gente buscará otras alternativas más molestas para los vecinos, como el botellón", argumenta. El sector no tiene que preocuparse sólo por la crisis. Además, los cambios demográficos, con un envejecimiento progresivo de la población, hará que a su vez haya menos gente dispuesta a gastarse lo que hace falta en una noche de copas. Todos coinciden en que el modelo de cubata, música y ambiente ya no será suficiente para ser competitivos en el sector. Los cambios obligarán a este a reinventarse, a optimizar los recursos y a intentar crear un mayor valor añadido para el cliente. "Hay que reconocer que no nos hemos renovado lo suficiente. La crisis puede servir de catalizador. Estamos en un momento de oportunidad", afirma Andrés Mendoza, propietario del Bar Carajo, situado en el Casco Viejo de Vitoria. "Tenemos que reconvertirnos en espacios polivalentes que puedan ofrecer distintas ofertas en distintos momentos del día. Menús a medio día, actividades culturales... tenemos que ir por allí", sostiene. Cita también como ejemplo a seguir el modelo de los gastrobares, donde se procura ofrecer alta cocina a precios asequibles para atraer la atención del cliente. "Hay que reconocer que a veces nos falta valentía e imaginación a quienes trabajamos en la noche", afirma Tristán Montenegro, creador de la discoteca donostiarra Bataplán 30 años atrás. Cree que este es precisamente el momento de apostar diferenciándose por la calidad: mejorando las sesiones de música, ofreciendo más fiestas temáticas que creen expectativa, cuidando los detalles que hacen que la gente se vaya a casa con una sonrisa en la cara. "El encanto de la noche, su embrujo, sigue ahí. La gente necesita quitarse la máscara y mostrarse como es de verdad", concluye. Quien se lo haga más placentero, seguirá teniendo negocio.
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