A Coruña, 11/06/09 Desterrados por ruidos imaginariosUna mujer es juzgada por acosar durante un año a unos vecinos que se vieron obligados a cambiar de casa. La acusada creía que los denunciantes movían muebles por las nochesMARÍA PARDOSufre un trastorno delirante persecutorio y escucha ruidos de los que culpa a sus vecinos, a los que acusa de mover los muebles por las noches. La mujer llegó a llamar al lugar de trabajo de su vecina, en el Concello de Coirós, para quejarse de su actitud. Hartos del acoso de esta mujer, la pareja perjudicada decidió llevarla a los tribunales, para que responda de las lesiones que causó con un paraguas a la denunciante y de los daños que presuntamente causó en la puerta de su vivienda arrojando líquidos sucios, huevos podridos o pintura Huevos podridos, pintura, líquidos manchadizos, excrementos? Una mujer se sentó ayer en el banquillo de los acusados del Juzgado de lo Penal número 2 por haber presuntamente arrojado estos y otros objetos contra la puerta de unos vecinos. El motivo, ella creía que no dejaban de hacer ruido y que movían muebles por las noches, aún cuando no se encontraban en la vivienda. Para el forense que ayer declaró en el juicio, el motivo de las denuncias está claro: la mujer sufre un trastorno delirante de tipo persecutorio del que no está a tratamiento porque se niega a aceptar que está enferma. A pesar del trastorno, el fiscal entiende que mantiene sus capacidades mentales y por eso reclamó una condena de cuatro años de prisión, el pago de una multa de 84 euros y que indemnice a la pareja con 8.000 euros por "las penurias que le hizo pasar durante un año", hasta que se mudaron a otro lugar. La decisión de trasladarse la tomaron cuando la acusada agredió presuntamente con un paraguas a la denunciante. Ambas se encontraban, el 28 de enero de 2004, en el interior del garaje. Según explicó ayer la perjudicada en el juicio, la vecina que escuchaba los ruidos la seguía por el edificio, así que no le dio mucha importancia a su presencia, pero la mujer le propinó dos golpes con un paraguas y después intentó clavárselo. "Me dijo que me iba a matar porque no dejaba de mover los muebles", contó en presencia del magistrado. Fue la gota que colmó el vaso. La familia se mudó a casa de sus suegros de ella, en el área metropolitana, donde continúan en la actualidad. El supuesto acoso al que fue sometida la mujer llegó hasta su puesto de trabajo, en el Ayuntamiento de Coirós. El secretario municipal fue uno de los testigos que ayer declaró en la vista oral. Contó que la denunciante llamó en varias ocasiones al Concello para quejarse de la actuación profesional de la denunciante y de que hacía mucho ruido en casa. El secretario tomó nota del número de teléfono del que procedían las llamadas, que resultó ser el de la sospechosa. Después llamó a su compañera de trabajo para contarle lo sucedido, que llevaba tres días en Asturias -según contó-, por lo que era imposible que hubiese hecho ruido la noche anterior a la llamada. El marido de la funcionaria explicó que al principio trató de razonar con la acusada. Un día, cuando llamó a la puerta por la noche, hasta la invitó a pasar para que pudiese comprobar que el resto de la familia estaba durmiendo. Después la acompañó hasta su casa y ella le enseñó un cuchillo de cocina y le dijo que los tenía "más grandes y afilados", lo que hizo temer al denunciante por el bienestar de su familia. En su declaración, la imputada negó todos los delitos que le imputan tanto la Fiscalía como la acusación particular. Dijo que nunca había llamado al lugar de trabajo de la denunciante, ni arrojado líquidos sobre su puerta o haberla agredido. Contó que, en una ocasión, la perjudicada había entrado en su casa para llamar a su suegra porque tenía el teléfono estropeado y que la suegra también lo había utilizado en alguna ocasión, pero esta mujer dijo que no conocía de nada a la denunciada. También declararon los policías que acudieron al edificio cuando la víctima fue atacada por el paraguas. Contaron que cogía el teléfono, pero que colgaba cuando le decían que eran policías. Se negó a abrirles la puerta hasta que llegó su marido, según explicó, "porque tenía prisa".
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