Palma de Mallorca, 09/07/09 Manuel Tomás Barberán, jefe del servicio de Otorrinolaringología de Son Dureta´Estamos en un país muy ruidoso y una normativa más laxa no es lo adecuado´"Subir de 35 a 45 decibelios es mucho, sobre todo porque medirán con las ventanas cerradas"RAQUEL GALÁN
¿Qué supone para el oído humano un incremento de los decibelios? El ruido a una intensidad baja no produce problemas directos en el oído, no te quedas sordo por este motivo, aunque se originan otros muchos problemas. El oído mantiene a las personas en contacto con el medio, en el sentido de que te permite escapar cuando percibe un peligro. Los conductores, para avisar de algo inmediato, dan un bocinazo, no ponen las luces. Reaccionas enseguida. Sin embargo, la estimulación auditiva de forma mantenida provoca un incremento de la tensión arterial para poder dar respuesta en caso de riesgo. ¿Qué otros problemas provoca? Se han detectado numerosas patologías psíquicas y anímicas, tales como cuadros depresivos, migrañas, cansancio constante, dificultades para dormir... También puede originar enfermedades respiratorias. Llega a degradarse enormemente la salud. Subir de 35 a 45 decibelios es mucho, sobre todo porque los protocolos de medición se harán con las ventanas cerradas y con la norma actual se realizan con las ventanas abiertas. La concejalía de Medio Ambiente alega que con la nueva ordenanza se adaptará a la normativa de la Unión Europea. ¿Se pueden igualar al mismo nivel de ruido todos los países de la UE? Los países mediterráneos, más cálidos, no se pueden igualar a los del norte por eso precisamente. En Dinamarca tendrás las ventanas cerradas habitualmente, pero aquí no. Además, estamos en uno de los países más ruidosos del mundo, por lo que hacer más laxa una normativa no parece que sea lo más adecuado. Es verdad que muchas actividades económicas producen ruido y entiendo que el Ayuntamiento, en un lugar turístico como éste, tiene que proteger estos negocios. Sin embargo, también debería ofrecer a los residentes la posibilidad de mantener una adecuada calidad de vida. ¿Qué sería lo recomendable? Se considera normal oír entre cero y 30 decibelios. Con 30 estás en el límite. No obstante, depende de muchos factores: Si se mide con las ventanas abiertas o cerradas; si el ruido es constante o intermitente; si es grave o agudo; la frecuencia, el ritmo o la intensidad. Por ejemplo, un aparato de aire acondicionado casi no se oye, porque tiene una intensidad muy baja, pero produce un ruido de baja frecuencia que da muchos problemas. Antes pensábamos que lo peor eran los ruidos de alta frecuencia, es decir, los agudos, como los niños chillando o el chocar de la cubertería en un restaurante, pero no siempre es así. En una conversación normal, ¿cuántos decibelios producimos? Podemos estar hablando en torno a los 50 decibelios. Una calle ruidosa con camiones llega a los 90 decibelios, 100 decibelios es un martillo neumático y 110 decibelios es un avión despegando. La percepción auditiva se triplicará con la nueva ordenanza. ¿Por qué? La escala de ruidos es logarítmica. Tres decibelios de aumento supone duplicar la intensidad, por lo que si suben el máximo permitido de 35 a 45 decibelios, será algo más que triplicar. Es un incremento de la intensidad muy importante. Yo siempre pongo como ejemplo que si tienes a una persona roncando en la habitación y traes a otra que también ronca, ya verás si sólo son tres decibelios de aumento o más. ¿Qué es peor, un ruido constante o uno intermitente? En general, el oído y el cerebro se adaptan mejor a un ruido constante. Es mucho más incómodo un ruido que cambia. No es lo mismo un pitidito permanente que el ruido de una calle por donde pasan gamberros y gritan. Esto sube la tensión y te produce una liberación de adrenalina negativa. Una vecina se queja de que está harta de escuchar diez veces al día la canción de Titanic que toca un músico callejero. Un factor que hay que tener en cuenta es el contenido del ruido, además del ritmo, la intensidad y la constancia. No es lo mismo escuchar en la casa del vecino a alguien que está tosiendo o una pareja haciendo el amor que unos niños jugando. Fastidia más lo primero, debido al contenido. Las viviendas tienen tres problemas de ruido básicos: el tráfico, los vecinos y los locales de ocio.
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