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Barcelona, 29/01/09

Cunde la crispación en el sector servicios por la ordenanza del ruido

El borrador preocupa al sector terciario de la ciudad porque su cumplimiento necesitará inversión en un momento en el que la actividad económica se ha resentido
Silvia Angulo

Una normativa sobre el ruido clara, sencilla y que se pueda cumplir. No piden más. Así de taxativos se muestran los representantes de los gremios de panaderos, comerciantes y restauradores sobre la futura ordenanza del ruido que el área de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Barcelona está elaborando.

El borrador, que se lleva discutiendo desde hace meses, ha crispado al sector terciario de la ciudad al considerar que su cumplimiento obligará a hacer una importante inversión en los negocios, en un momento en el que la actividad económica se ha resentido y mucho. La normativa no ha pasado aún por la comisión de gobierno, que debe darle el visto bueno, y está, según un portavoz municipal, en una "fase de elaboración incipiente".

La futura norma, que podría entrar en vigor en verano, pretende reducir los niveles de ruido. Así prevé que se pida un permiso para instalar aparatos de aire acondicionado, imponer nuevos horarios de las obras en la vía pública u obligar a las ambulancias a apagar las sirenas a menos de 100 metros de un hospital. Las cuestiones que más crispan son la instalación de limitadores acústicos de música en locales de restauración o de ocio nocturno con equipos de reproducción o amplificación.

La ordenanza también controlará los niveles de ruido provocados por los televisores en bares y cafeterías. Además se insta a los autoservicios ubicados en edificios con viviendas a que instalen amortiguadores del ruido. Para ello se exige a los comerciantes que instalen suelo flotante y dispongan de carros de la compra con ruedas de plástico.

El presidente del Consell de Gremis de Comerç, Gaietà Farràs, considera que son medidas excesivas que "acaban dificultando su trabajo". Farràs, que celebra los niveles de participación con los que se está elaborando la ordenanza, explica que es un momento en el que antes de crear nuevas normas se deberían cumplir las que ya existen. "Con esto no queremos defender a los incívicos, que los hay como en todos los sectores de la ciudad, pero es un momento económico complicado para hacer inversiones en los negocios", admite.

En la misma línea, el presidente del Gremi de Flequers de Barcelona, Xavier Vilamala, se mostró muy preocupado por las consecuencias que pueda tener la entrada en vigor de la ordenanza. Vilamala afirma que los comerciantes han hecho un esfuerzo económico muy importante para adecuar sus comercios a la normativa vigente sobre ruidos. "Si se reducen más los niveles acústicos no sabemos si tendremos que trasladar la fabricación del pan fuera de la ciudad", sostiene.

Vilamala explica que hay buena voluntad por parte del Ayuntamiento para pactar la norma. Con todo, tiene dudas sobre el final del proceso. Asegura que si los técnicos municipales hacen una medición acústica en un obrador donde hay gran muchas máquinas, les hacen poner todas en marcha al mismo tiempo para controlar los niveles de ruido, cuando, en realidad, nunca funcionan todas a la vez, "Si las mediciones se hacen así lo tendremos difícil", aventura Vilamala.

CiUyPPhan presentado alegaciones contra el borrador y recomiendan que se aplique en las nuevas actividades y no obligar a las ya existentes a cumplir unos requisitos que les forzará a realizar importantes inversiones en sus negocios.

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