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A Coruña, 25/01/09

Sin ´botellón´, pero con ruido

Las plazas del Humor y de Azcárraga registran más decibelios de los permitidos por la normativa a pesar de la ordenanza que prohíbe el consumo de alcohol en la calle
PABLO LÓPEZ
Zona de Copas del Orzán
Imagen de la zona de copas del Orzán durante una noche de fin de semana. Carlos Pardellas

El ruido en las zonas declaradas por el Ayuntamiento como especialmente protegidas ha sobrevivido a la aplicación de la ordenanza que prohíbe el consumo de alcohol en la calle. Aunque la normativa ha servido para reducir la media de decibelios en estos espacios, los vecinos siguen soportando, casi todos los días y en momentos puntuales, niveles de contaminación acústica que sobrepasan los límites que marca el Ayuntamiento. Los afectados atribuyen la situación a la proximidad de bares y discotecas

La ordenanza antibotellón, que comenzó a funcionar en julio de 2008, no ha servido para impedir que los vecinos de las plazas del Humor y de Azcárraga sufran unos niveles de ruido superiores a los que marca la normativa municipal y a los que considera tolerables la Unión Europea.

La media de la última semana, de alrededor de 63 decibelios en ambos espacios, está por debajo de los 65 que establece la legislación, aunque los dos recintos han registrado todos los días picos sonoros de más de 70 decibelios.

Los residentes recuerdan que ambas plazas son un lugar habitual de tránsito debido a la proximidad de numerosos locales nocturnos y que, aunque los botelloneros ya no acuden a ellas para consumir alcohol al aire libre, es frecuente que grupos de jóvenes pasen cantando y gritando frente a los edificios y a altas horas de la madrugada.

"Pasan por aquí gritando y cantando y molestan. Los fines de semana sigue habiendo ruido porque, aunque ya no hay botellón, existen muchos bares en los alrededores de San Agustín", explica la presidenta de la asociación de vecinos Distrito 1, Beatriz Rodríguez, que destaca que todo el centro de la ciudad padece un excesivo nivel de ruido a causa del ocio nocturno.

Rodríguez, a pesar de mostrar su disconformidad con los niveles de contaminación acústica que padecen los vecinos a los que representa, reconoce que la ordenanza ha permitido que el ruido se prolongue menos en el tiempo y que pocas veces se alcancen los más de 80 decibelios que escuchaban los residentes durante los botellones más concurridos.

Los datos municipales, obtenidos a través de un medidor sonoro instalado en la plaza, demuestran que la normativa antibotellón, a pesar de no haber servido para alcanzar los deseados 65 decibelios en cualquier momento del día, ha propiciado una ligera disminución del ruido.

El medidor municipal registró durante su primera semana en funcionamiento en la plaza del Humor, que coincidió con los siete días anteriores a la aprobación de la ordenanza, una máxima media de 73,8 decibelios, dato que contrasta con los 63,4 de la última semana.

Las máximas absolutas en la plaza del Humor, aunque siguen siendo superiores a lo que marca la normativa municipal de ruidos, también han descendido. De los 81 decibelios registrados en la madrugada del día 6 de julio de 2008, se ha pasado a los 72 que detectó el aparato de medición entre las 4.00 y las 5.00 horas del pasado 20 de enero.

Los vecinos de la plaza de Azcárraga viven una situación similar a los del entorno de San Agustín. Al igual que ocurre en la plaza del Humor, la máxima media está dentro de los límites que marca la normativa y, sin embargo, siguen registrándose mediciones que rebasan los 70 decibelios.

El récord de la pasada semana, de 75 decibelios y registrado el pasado día 16 alrededor de las 09.30 horas demuestra que la prohibición de consumir alcohol en la plaza de Azcárraga no ha permitido que los residentes se liberen del ruido.

Molestias en los Cantones

La normativa antibotellón ha provocado que vecinos que hasta la entrada en vigor de la ordenanza disfrutaban del silencio durante las noches del fin de semana, perciban los molestos y estridentes ruidos del ocio nocturno. El traslado masivo de los botelloneros a los jardines de Méndez Núñez ha perturbado el descanso de los habitantes de zonas como los Cantones y La Marina, que aseguran que escuchan gritos a pesar de la distancia con respecto al lugar donde se concentran los jóvenes.

El Ayuntamiento no ha instalado un medidor sonoro en los jardines, por lo que no hay datos disponibles sobre el nivel exacto de decibelios que genera el botellón en este espacio, pero el hecho de que en las noches en las que coinciden más grupos de jóvenes pueda percibirse el ruido en edificios de calles como Durán Loriga consolida a Méndez Núñez como uno de los principales focos de contaminación acústica durante las noches de los fines de semana.

El Gobierno local ha instalado un aparato de medición en la zona de copas del Orzán, donde la normativa antibotellón apenas ha tenido efecto. Los residentes de este barrio, que en la última semana registró una media de 69 decibelios y una máxima absoluta de 78, deben soportar todas las madrugadas los sonidos que emiten las centenares de personas que entran y salen de los bares.

Los residentes lamentan que la designación de la zona como acústicamente saturada no haya supuesto cambio alguno en los índices de ruido que perciben en sus hogares. Las peleas y los accidentes, muy frecuentes en este espacio urbano durante las noches de viernes y sábado, han obligado a los vecinos a soportar casi todas las semanas las sirenas de ambulancias y vehículos policiales.

Los afectados denuncian además que los jóvenes, a pesar de que el botellón como tal prácticamente no existe, tienen por costumbre permanecer hablando en las calles del Orzán después de que cierren los bares.

El botellón se ha convertido en un fenómeno habitual en el portal de la calle Durán Loriga que comparten un edificio de viviendas y oficinas y el BBVA. La semana pasada, unos gamberros rompieron el cristal de la puerta y, ayer, a pesar del temporal, una decena de jóvenes ocuparon los soportales para consumir alcohol. El portal apareció lleno de basura, una situación que se repite casi todos los fines de semana y que se ha agravado debido a la prohibición de beber en las plazas del Humor y de Azcárraga.

Los residentes han llamado en varias ocasiones a la Policía Local, que manifestó no tener competencias para solucionar el problema, al tratarse el portal del edificio de un espacio privado y no de una vía pública. Los afectados meditan actualmente instalar unas verjas que impidan el acceso de los jóvenes, aunque esta propuesta ha generado la oposición de una minoría de los miembros de la comunidad.

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