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Palma de Mallorca, 23/08/09
Turismo

Botellón con acento alemán

Los jóvenes se juntan en pequeños y silenciosos grupos, y ensucian mucho menos que los ´botelloneros´ españoles
MÓNICA GONZÁLEZ DOARTE

Botellón con acento alemán
Acuden provistos de baldes, pajitas gigantes, bebidas energéticas, bolsas de hielo y, por supuesto, alcohol. Fotos: B. Ramon
Que el botellón se puede practicar de una manera poco invasiva y sin molestar al prójimo y el entorno lo demuestran los cientos de jóvenes turistas alemanes que, cada noche, se sientan en los alrededores del balneario 6 de la Playa de Palma, en la primera línea, provistos de baldes, pajitas extra large, bebidas energéticas, bolsas de hielo y lo más importante: alcohol.

Se juntan en pequeños y silenciosos grupos, casi no llevan aparatos de música y, según pudo comprobar DIARIO de MALLORCA, son más cuidadosos con el manejo de los residuos y ensucian mucho menos que los botelloneros españoles. Pero según señalan varios comerciantes de la zona, "no siempre ha sido así, ya que hubo una época en que generaban muchas molestias pues se juntaban en segundas o terceras líneas, no dejaban dormir a los vecinos y no parecían estar muy sensibilizados respecto a dejar la basura tirada en la calle", dice Ramiro Fontán, el propietario de una tienda de souvenires.

Pero la encargada de una tienda de carteras, Maribel, le refuta y le dice: "No es que estén más tranquilos o que de golpe se hayan sensibilizado respecto al cuidado del medio ambiente, es que vienen menos jóvenes que antes, y con mucho menos dinero. Por eso parece que se comportan de una manera más tranquila. Pero habrá que ver, cuando pase esta crisis y empiecen a llegar masivamente como antes, si siguen estando tan tranquilos".

Se trate o no de botelloneros más respetuosos o sensibles con lo que les rodea, la empresa municipal Emaya ha puesto en marcha hace diez días un dispositivo especial para reducir el impacto visual negativo del botellón. A partir de las 23,30 horas, y con puntualidad inglesa tal como comprobó este rotativo, cuatro operarios repartidos en dos camiones –precedidos a su vez por un policía local que ´invita´ a los turistas a desalojar la acera para que esta pueda ser limpiada– comienzan a recoger los restos dejados por los turistas (poquísimos, en comparación a la basura que se acumula en el paseo Marítimo los fines de semana, por ejemplo).

Albert, Dirk, Maik, Manfred y Sven vinieron a la isla por una semana y con el presupuesto bastante corto: "En la mayoría de los bares de la zona sirven una sangría que apenas lleva alcohol, así que preferimos prepararnos aquí afuera un vodka-bull (vodka mezclada con una bebida energética) y beber todos del mismo cubo. Nos sale muy barato, sólo 20 euros entre los cinco. En los bares, con 20 euros, no tenemos ni para empezar la noche", explica uno de ellos.

Un poco más romántica, Kirsten habla en nombre de sus cinco amigas y explica: "Es verdad que es más barato beber en la calle, pero también es más lindo porque estamos al lado del mar. Nosotras preferimos estar aquí que dentro de un bar, donde no se puede hablar o el de al lado te tira el humo del cigarrillo a la cara". Una de sus amigas, Nicole, la interrumpe y dice condescendiente: "Bebemos aquí porque los bares son caros, te ponen poco alcohol y mucho hielo, y te sientes estafada. Aquí sabemos lo que bebemos; en los bares te pueden dar cualquier cosa y te lo cobran muy caro, a precios de escándalo". El resto le da la razón.

Franz, Joachim y Andrea lucen ojitos chispeantes y casi gritan al unísono ante la consulta de este rotativo: "Bebemos en la calle porque aquí nos sentimos libres, y porque si vamos a los bares podemos beber mucho menos y de menor calidad. Porque lo que nosotros queremos es beber mucho, porque estamos de vacaciones y queremos olvidar la realidad. Es impensable que adentro te sirvan un vodka de tan buena calidad como el que estamos bebiendo nosotros ahora".

Cuando la primera línea está a tope de jóvenes (y no tanto) el dispositivo de Emaya entra en acción. "Muchos se creen que los estamos desalojando y se levantan rápidamente y se van, entonces intento explicarles que es momentáneo, que es sólo para que los operarios puedan limpiar. Después pueden volver a sentarse porque no está prohibido estar en la calle, no más faltaría", explica a este diario el policía local que precede a los trabajadores de la empresa municipal.

¿Alguna vez se ponen farrucos? "En absoluto, puede haber algún despistado que no entiende nada cuando de golpe ve los dos camiones enormes y el coche patrulla detrás, pero se lo explico y ya está. Desde que empezó este operativo de limpieza no hemos tenido ningún tipo de problema".

Mientras, dos trabajadores van recogiendo del suelo (y también de la arena) bolsas de hielo vacías, latas abolladas, botellas... Y el camión cuba que viene detrás esparce sus 10.000 litros de agua regenerada a través de una manguera. Todo el paseo vuelve a quedar limpio otra vez. El operativo no finalizará hasta que den las dos de la madrugada.

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