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Castelldefels, 16/04/09
LA OFENSIVA CONTRA LOCALES IRREGULARES | ADIÓS A 300 CLIENTAS SOLVENTES

Las tiendas y servicios de Castelldefels se resienten del cierre de los prostíbulos Riviera y Saratoga

Los vecinos de la zona aplauden la tranquilidad recobrada

DAVID PLACER

Taxistas de Castelldefels
Taxistas de Castelldefels afectados por el cierre de los locales Riviera Y Saratoga. Foto: JOAN CORTADELLAS
Desaparecieron de Castelldefels y con ellas se desplomó la economía de los pequeños comerciantes y taxistas. Peluquerías, tiendas de estética y de ropa interior, locutorios y hasta agencias de viaje han visto cómo se han reducido un 30% las ventas por la huida de unas 300 clientas que trabajaban en los clubs de alterne y que contaban con alto poder adquisitivo.

Castelldefels ya no es el mismo sin ellas. Los vecinos de las zonas cercanas han celebrado su clausura después de una década de quejas por ruidos, molestias e incidentes que en más de una ocasión terminaron en tiroteos.

El ayuntamiento de la localidad y la asociación de comerciantes prefieren no pronunciarse sobre un efecto económico evidente. Pero los encargados de tiendas y pequeños empresarios no tienen lugar a dudas: el cierre permanente de los prostíbulos podría tener un efecto demoledor en el pequeño comercio adaptado a la economía sumergida que movía el sector.

Las mejores marcas

En los alrededores de la estación de tren conviven, al menos, cinco tiendas de ropa interior y una especializada en la venta de objetos sexuales. La mayoría de los negocios no esconde que ha vivido durante la última década, en buena medida, por vender artículos a las prostitutas. "Querían las mejores marcas: Armani, Cavalli, Dolce&Gabanna. No miraban precio y también se llevaban calzoncillos, cinturones y relojes para sus novios", explicó la encargada de la tienda Cio, que ha calculado una pérdida de ventas del 30%.

Los efectos generales del cierre rondan esa cifra, según coincide la mayoría de comerciantes del centro de la ciudad. "Hemos tenido que hacer ofertas porque sufrimos una pérdida importante de clientes. Ellas compraban maquillajes, perfumes, cremas... De todo. Dentro de mi local siempre se comportaban. Lo que hacían fuera no me importa", aseguró la encarga de una perfumería.

Dejando de lado a las instituciones oficiales, nadie niega las consecuencias de la clausura de los clubs de alterne. En lo que sí hay divergencias es en la conveniencia o no de que este tipo de negocios se erijan como uno de los motores de la economía local. "Económicamente nos iba mucho mejor. Es posible que ahora dejemos de ganar hasta 900 euros al mes. Pero moralmente no se puede tolerar. No podemos ser reconocidos en todas partes por ser una ciudad de prostíbulos", afirmó Adrián Ramírez, taxista del municipio.

El alcalde de Castelldefels, el socialista Joan Sau, ha desistido en valorar el impacto de la prostitución en la economía local. "El ayuntamiento no había actuado con anterioridad contra estos establecimientos porque cumplían con sus licencias. Pero ahora, trabajamos en la redacción de una ordenanza que pretende impedir la apertura de estos locales", explicó el alcalde.

Pilar Guerra, presidenta de la asociación de vecinos Gran Via Mar de Castelldefels elogió la intención de impedir nuevas aperturas y aseguró que su mejor ubicación es en zonas industriales "si es que tienen que volver a abrir".

Economía de doble moral

La mayoría de vecinos y comerciantes rechazaron la apertura de los grandes prostíbulos hace 10 años. Algunos de ellos decidieron irse de Castelldefels por la creciente presencia de prostitutas en la calle, un ambiente que consideraban inadecuado para niños y adolescentes. Pero cuando el negocio del sector comenzó a revertir importantes beneficios económicos, la percepción de algunos cambió.

Es el caso de Corinne Malgrat, que huyó del municipio por el auge de la prostitución y terminó cerrando lucrativos negocios con las prostitutas. "Les alquilaba pisos a buen precio y no dieron problemas a los vecinos", remató.

Algunos comerciantes piden que se legalicen los clubs, otros quieren aprender a vivir sin ese dinero. Y todos coinciden en que Castelldefels vive ahora dos crisis.

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