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Gijón, 04/04/09

Una acción directa y eficaz contra el ruido urbano

Las peatonalizaciones deberían ser una meta del Ayuntamiento

Gijón es una ciudad ruidosa. Tal es la percepción subjetiva de sus vecinos, y esa es la constatación obtenida en la reciente actualización del mapa sonoro de la ciudad, elaborada por la Fundación Labein y que acaba de ser entregada al Ayuntamiento.

Basta un dato de los que el Consistorio ha dado a conocer hasta el momento para corroborar el padecimiento de los gijoneses: un 25 por ciento de la población ha de soportar durante la noche más de 55 decibelios, tope de ruido, establecido para esas horas. El tráfico es la principal fuente de este problema, acentuado en zonas como el centro o el barrio de La Arena.

Respecto a la franja que va de las siete de la mañana a las siete de la tarde, es un 16 por ciento de la ciudad la que soporta ruido por encima de los 65 decibelios, nivel máximo admitido en esas horas. De siete de la tarde a once de la noche la afección sonora abarca al 13 por ciento de los vecinos.

Hay que destacar, no obstante, que cotejando el Mapa Sonoro ahora actualizado con los elaborados en años anteriores, el problema no ha ido a peor, sino al contrario. Las porciones de ciudad afectadas en las tres referidas franjas horarias son ahora menores.

Sin embargo, no se ha de relativizar por ello la contaminación acústica gijonesa, sino que se ha de reclamar al Ayuntamiento una acción más directa y eficaz en la disminución del ruido urbano, causa de desórdenes fisiológicos en las personas, especialmente durante las horas de sueño alterado.

Hay que advertir, en primer lugar, que el Mapa Sonoro al que nos referimos registra cuatro focos de ruido: el tráfico, las infraestructuras viarias que atraviesan el concejo, el ferrocarril y la industria. Causa extrañeza, por tanto, que no se verifique esa otra fuente de ruido constituida por el ocio nocturno. Los especialistas sostienen que es difícil de cuantificar, pero de lo que no cabe duda es de que una ciudad tan volcada a la vida exterior como Gijón sufre este problema con intensidad.

Tal vez el establecer puntos de medición regular en las zonas más afectadas ayudaría a diagnosticar mejor el problema y adoptar medidas correctoras más eficaces.

Pero es el tráfico rodado la principal fuente de ruido urbano. La reducción del transporte privado y el fomento del público parece una de las alternativas, al igual que el uso de la bicicleta. Sin embargo, el impulso del Ayuntamiento, lustros atrás, para crear zonas peatonales parece ahora totalmente abandonado. El tráfico y, en concreto, el área municipal de Tráfico marcan la pauta, lo cual, todo hay que decirlo, produce que Gijón sea una ciudad razonablemente transitable con el coche.

Con todo, las peatonalizaciones o la reducción de densidades de tráfico alarmantes en algunas calles -con más de 800 vehículos por hora- deberían ser una meta del Ayuntamiento.

No hay que olvidar las limitaciones de tráfico impuestas desde hace tiempo en Cimadevilla, que ha redundado sin duda en hacer del barrio alto un lugar más habitable. Tal privilegio debería extenderse a otras zonas de la ciudad, quizás con limitaciones de tráfico en las horas de ocio nocturno, para que el ruido propio del disfrute de los ciudadanos no se sume al de los vehículos.

Pero, sean cuales sean las medidas, lo que hay que reclamar al Ayuntamiento es una atención específica y más intensa al problema del ruido urbano.

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