Jaén, Más de 16.000 jóvenes festejan la Primavera con música y alcoholDesde el mediodía la chavalería atestaba las tiendas y los supermercados de la ciudad para aprovisionarse. Pese al carácter social que quería la organización, medios nacionales lo presentaron como 'botellón'. La logística preparada se volvió a quedar corta en lo que se refiere a aseos, sobre todo para ellasJUAN ESTEBAN POVEDA
Un mar de cabezas. Repeinadas, 'espeluznás', con pelucas, con gorros, con pañuelos, y hasta cabezas que se iban a perder de un momento a otro. Un mar de cabezas, más de 16.000, según la organización, que se agitaba al ritmo de la música y de las copas. Tranquilamente durante la tarde. Más movido de noche. Es lo que se veía ayer desde cualquier punto elevado del recinto ferial de La Vestida, tomado por una multitud que celebraba la llegada de la primavera. Un fiestón que ha constado casi 146.000 euros. Probablemente el mayor evento juvenil nunca celebrado en Jaén. Los primeros llegaron a las dos de la tarde. A esas horas había ya un run-run de día grande en todos los rincones de la ciudad. Jóvenes en grupo atestando tiendas y supermercados para iniciar desde allí el peregrinaje a La Vestida. Poco éxito el de los autobuses. A las tres de la tarde, y pese a que la Concejalía de Juventud había repetido hasta la saciedad que la fiesta era una «autoconvocatoria de jóvenes para divertirse con contenido social», una cadena de televisión nacional conectaba en directo en su informativo con La Vestida. «Lo más curioso es que el macrobotellón lo convoca el Ayuntamiento. Y va a ir la alcaldesa», aseguraba el presentador. La romería -algunos chavales sin edad legal para beber alcohol- llenaba toda la Avenida de Granada. Durante toda la tarde. Mezclándose los que regresaban 'heridos' a partir del atardecer con los que acudían de refresco. Grupos y grupos cargados de bolsas. Algunos como Juanlu, mejor equipados, con un carrito de supermercado al que ni le faltaba detalle para pasar la tarde ni le cabía un alfiler. «O se viene bien preparado o no se viene», presumía. Hora puntaA las cinco de la tarde, según estimaciones a ojo de buen cubero de David, miembro del equipo de seguridad ya estaba a tope. A las siete de la tarde la cosa no se cabía en la primera explanada. Entre el gentío estaban Laura y sus amigas. Estudiantes de la UJA, de Jaén y de Porcuna. Ni más ni menos que 16 chavalas con una camiseta que daba fe a las claras sus intenciones ayer en la definición de fiesta. 'Fenómeno Imprevisible Español Siempre Tomando Alcohol', proclamaban sobre sus pechos. «Llevábamos días hablando de ésto, y el lunes fuimos a encargarlas. Fíjate bien, que las hemos diseñado hasta con el logo oficial de la Fiesta de la Primavera», explica Laura. La marabunta cesaba de repente bajo una pancarta. 'Zona de juegos'. El espacio reservado por la organización para algunas de las actividades oficiales. Por contraste, un desierto frente a los miles de jóvenes que se empleaban a fondo en la parte del 'botellón'. «La gente se está retrasando para apuntarse a los juegos. Están empezando a venir ahora, cuando ya vamos a cerrar», decía José, de la organización. Detrás de él varios jóvenes se partían de risa dando botes en camas elásticas o en tirachinas humanos. Al anochecer parte del gentío fue tomando posiciones poco a poco en la calle principal del ferial para entrar de los primeros a los conciertos. Otros aprovechaban para aliviarse. Cualquier escondite servía. Y sin escondite también. Ningún rincón donde no hubiese o pies o botella quedó impoluto. En la primera explanada, no menos de medio centenar de varones orinaba de cara a la pared. En la carretera de Granada, las chavalas se jugaban el tipo para cruzar a los descampados de en frente del ferial. A esas horas, en la plataforma de descanso y comida casi había eco. La multitud ni estaba cansada ni tenía hambre, aunque de sed sí estaba sobrada. Antes de caer la noche entraba ya en acción un público distinto. 'Puretas' treintañeros que se mezclaban con el mocerío. Muchos, con lotes de 'botellón'. Otros, con las manos en los bolsillos. «He venido a ver a Lost Sound. Si me tomo una copa la pido en la barra», decía Guillermo, de 33 años. Ya de noche, los conciertos, plato fuerte de la fiesta. Para perder la cabeza.
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