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Bilbao, 15/07/08
INGENIERO SUP. EN BIOTECNOLOGÍA Y BIÓLOGO

Michel André: «Tememos que la contaminación sonora altere las rutas migratorias de las ballenas»

Las prospecciones acústicas submarinas son «sinónimo de muerte» para los grandes cetáceos

J. MÉNDEZ

André señala las áreas contaminadas
André señala las áreas contaminadas. / B. AGUDO
Los intereses del hombre y de los habitantes de los mares colisionan en demasiadas ocasiones. A veces, estos choques son reales y cuestan vidas. En febrero de 1992, un ferry de Transmediterránea que cubría la ruta entre Santa Cruz y Las Palmas chocó a gran velocidad contra un cachalote. Murió un pasajero. El verano anterior, otro ferry con 138 viajeros partió en dos con sus patines de acero a un cachalote de seis metros: 7 heridos.

Michel André lleva años trabajando para evitar estos incidentes y estudiando los daños que causan los sónares militares en la capacidad auditiva de los cetáceos. «Su oído es ya incapaz de captar los sonidos de baja frecuencia que emiten los buques y no pueden esquivarlos. Puede haber ejemplares que han sufrido pérdidas irreversibles de audición por una contaminación acústica excesiva», apunta este biólogo e investigador nacido en Toulouse.

-¿Tanto ruido hay en el mar?

-Sí. Hay un ruido ambiental natural, en el que aparecen las voces de los cetáceos. Sería comparable al sonido de un bosque con pájaros, donde el viento mueve las hojas y caen gotas de lluvia. Introduzca en ese ambiente el motor de un barco. En ocasiones, sus emisiones provocan daños en el sistema auditivo de los cetáceos, como ese temblor de oídos que padecemos tras pasar unas horas en una discoteca. Usted puede salir de la disco, pero los cetáceos permanecen en el mar. No pueden curarse.

-Ya.

-Además, esa contaminación bloquea los sonidos que emplean las ballenas para pescar y comunicarse. Una ballena puede oír a otra a 1.500 kilómetros de distancia.

-¿Y cómo se defienden?

-Como no se oyen, tienen que acercarse más. Hasta que acaban por competir por la pesca en áreas de alimentación cada vez más reducidas. Un gran problema.

-Llama la atención que rorcuales, orcas y ballenas estén tan cerca de nuestra costa, apenas a 15 kilómetros... ¿No les molesta el ruido?

-Aquí tienen la suerte de que sus rutas migratorias están pegadas a la costa. Pero la presencia de cetáceos en áreas contaminadas no significa que el ruido no les moleste. Lo soportan porque consideran que sus migraciones ancestrales, de hace millones de años, son más importantes. Nuestro temor es que las agresiones provoquen una alteración en sus rutas. Sería una catástrofe que alteraría todo el ecosistema marino.

-¿Qué podemos hacer?

-Primero, tomar conciencia del daño que estamos causando (como sucede con el cambio climático). Es fácil aislar los motores y evitar la vibración de las máquinas. Debemos saber que el ruido puede romper el frágil equilibrio del mar.

-¿Sufren más agresiones?

-El uso de sónares militares causa problemas. Pero no siempre hay maniobras. Peor que eso son las prospecciones para localizar bolsas de gas y petróleo subterráneo. Emplean cañones de aire comprimido a 240 decibelios que provocan ondas expansivas mortales. Son sinónimo de muerte.

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