Palma, 14/07/08 DE RONDA CON LA PATRULLA VERDEGuardianes de sueños con sonómetroJUAN RIERA ROCA
Pues ni el famoso Excalibur, el recientemente abierto Elixir de Fuego, o el también nuevo bar Lao, en la primera línea de la Playa de Palma, cuentan con los permisos necesarios para poner música, por baja y respetuosa que sea con los vecinos, más allá de la 00.00 horas. El sábado por la noche una unidad de la Patrulla Verde de la Policía Local de Palma se encargó de visitar éstos y otros establecimientos sospechosos de hacer mal uso de la música y/o de sus licencias de actividad. La aparente sorpresa ante lo restrictivo de la normativa es habitual. Una veintena de agentes, más su cuadro de mandos, trabajan para conseguir que la gente pueda dormir por las noches y para que no se haga mal uso de los locales de ocio, perturbando la paz o incumpliendo las normas básicas de higiene. Son las 23.30 del sábado. "Vamos al Excalibur, ahora que aún habrá poca gente", sugiere uno de los agentes de esta unidad de la Patrulla Verde. Se trata de un bareto heavy con 15 años de leyenda y casi 40 de historia, en un sótano de la muralla de edificios que conforma la primera línea de la Playa de Palma. El titular del establecimiento, Javier Lorente, un tipo con melena y perilla a lo heavy, tatuajes y una camiseta con la cara del demonio guiñando un ojo, les recibe inicialmente con una sonrisa esperanzada: "¿Venís a desprencintarme el equipo, no?" Pues no, no vienen a eso. La visita se salda con un segundo equipo precintado y la música del bar inicialmente silenciada. Lorente no entiende qué maldición le persigue desde hace un tiempo: "Este bar tiene licencia desde 1969 y como Excalibur, desde hace 15 años, pero no consigo que me dejen en paz". Un problema con el registro de sus licencias inició hace unos meses sus dolores de cabeza. Alguien en el Ayuntamiento le dijo: "No figuras en las listas, yo de ti vendía el local", ya que hoy lograr una licencia de bar musical y menos en un bloque de edificios, es muy complicado. Pero Lorente no se rinde: "He hablado con mi abogado y vamos a ir a por todas". Mientras giran las ruedas de la Justicia en el Excalibur, sus tipos tatuados y con pinta de ángeles del infierno y sus chicas guapas y brillantes, se quedan bebiendo cerveza sin música de fondo. ¡Si el Rey Arturo levantara la cabeza!
Y es que resulta que si un establecimiento no tiene licencia de bar musical y sólo la tiene de bar, no puede tener música más que entre 10.00 y 00.00, a menos de 70 decibelios y que salga de una televisión, una radio o del hilo musical: nada de reproductores, del tipo que sea. "¿Cómo que no puedo poner música? ¿Qué es eso del hilo musical?" Ante este desconocimiento generalizado (o conveniente) no es extraño que el responsable del Elixir de Fuego, en Can Pastilla, dedicado al intercambio de parejas, flipe en colores ante la visita de la Patrulla Verde. Se trata de un alemán de algo más de 30 años que para hacer ambiente trabaja como barman en el establecimiento —otro sótano en un edificio de viviendas— vestido sólo con unos pantalones vaqueros. Es un bar con glamour, tonos rojos dominantes y música de Sade de fondo sugerente. Allí van parejas o mujeres —sólo se rechaza que entren hombres solos, por aquello de la mantener las proporciones— y entablan conversación con los demás clientes. Cinco habitaciones les aguardan en el mismo club, por si se cansan de conversar y quieren hacer otras cosas. El bar está limpio y la comida es un bufett frío que no se cocina allí. Pero tiene música (imaginen esta actividad sin música) que se mantiene más allá de las 00.00. La Patrulla Verde llega a las 00.30. Mala suerte. Doble infracción: la música sale de un reproductor de PC y de otro de CD y dura más allá de la media noche. ¿Quien podría amar más temprano? Mientras los policías rellenan los formularios que probablemente acaben en sanciones, al responsable del «Elixir» le ruedan las tuercas del cerebro a toda velocidad: "¿Y si pongo alguien tocando una guitarra?" Mala idea. Un policía le responde: "Entonces tendrá que sacar licencia de café teatro?". "¿Pero usted sabe el dinero que me he gastado en este local?" Esta frase se repite en casi cada visita de la Patrulla Verde a locales que ponen música sin licencia. También la repite el responsable del Lao, un bar con terraza mirando al mar, en plan tranquilo y chillout. "¡Pero si la tenemos tan baja que no se oye!", añade. Y la verdad es que aparentemente se oye poco desde fuera. Habría que preguntar a los vecinos de encima. O a los que no se quejan porque creen que es inútil. E incluso tal vez dirían que el Loa hace honor a su rollo budista y que solo emana paz y buenas vibraciones. Pero la ley es la ley. El responsable del Loa se creía que con poner la música bajito era suficiente. Tampoco —asegura— sabía que no pudiera usar un PC como reproductor musical. Igual que el Elixir de Fuego, doble infracción: música más allá de las 00.00 y música que sale de un reproductor. La Patrulla Verde continúa la ronda. Mucha gente duerme esta noche plácidamente y no sabe que tal vez debería agradecérselo.
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