Béjar, 09/07/08 De botellón en BéjarEDUARDO ROLDÁNEsa Fuenteovejuna desviada que se viene dando en Béjar, con parte del pueblo encendido levantándose - o no acostándose - en botellas de amenazas y agresiones contra un simple ciudadano que aspira sólo a lo más básico, un hueco propio, un espacio para él y su familia sin otro privilegio que el de vivir los días y las noches como cualquier otro vecino, sin otro sobresalto que el del despertador mañanero ni otras angustias que las inherentes a un padre de familia con dos hijos a su cargo (ya son bastantes), esa Fuenteovejuna desviada, digo, urge se ataje ya.Resumiré los hechos para quienes los desconozcan, basándome en el puntual relato que de ellos hizo Ana Santiago en este periódico el pasado domingo: ante la sucesión de ruidos sin descanso en la noche, en el 2004 el hombre aludido y su mujer iniciaron el vaivén de intentos de escucha, esperas desesperadas, reclamaciones administrativas... que cuatro años más tarde, el último 23 de marzo, terminaron en una sentencia firme que condenaba al Ayuntamiento al pago de 12.000 euros a la pareja y a la toma de unas medidas de urgencia que no llegan, que no llegan, que no llegan... El Ayuntamiento se ampara en que el papel del juez dice «urgente» pero sin fijar la fecha, y el de urgencia es un concepto, relativo, flexible. Claro. Como cualquiera. Mientras, los oídos de once años del primer niño del matrimonio son dianas diarias de insultos a sus padres; mientras, el segundo -de dos años- padece de estrés y ansiedad; como broche lúdico, el domingo, al amparo de la madrugada y la masa difusa, el padre fue agredido por dos valientes embozados en sus camisetas. Desde este recuadro ya se ha pedido el levantamiento de la ilegalidad que soportan todavía ciertos alcaloides, entre otras razones porque entre la condición de la sustancia y el uso personal no se da una relación de necesidad. Lo único que debe asegurarse es que el consumidor no salpique: ni verbal, ni física, ni acústicamente. Justo lo opuesto a lo acontecido en Béjar. Donde además de la ejecución de tropelías, con orgullo de Aníbal las han difundido en ese tragaldabas resignado que es Internet. Tras el visionado, queda claro que no saben beber. Y no saben beber porque apenas saben leer, porque apenas han leído. El rótulo exhibido, faltas ortográficas incluidas, de que alguien -alguien a quien el Derecho ampara, no lo olvidemos- no puede «mandar más que toda una ciudad» (este más lleva acento, fenómenos. De nada), aparte de la pavorosa ignorancia que denota, es simplemente fascista. Pues ¿qué posición puede haber más fascista que la de: «Todos los hacen, ¿es que vas tú a llevar la contraria a todo el mundo?». Todos lo hacen, por tanto está bien. Todos quieren meter a los judíos en campos, por tanto... Todos violan a la prisionera, por tanto... Todos mienten, por tanto... Este proceso pretende transmutar el papel de verdugo en víctima, en este caso una víctima de cabeza múltiple. Del Ayuntamiento de Béjar depende que tal proceso no se culmine. En Internet desean la muerte del padre de esta familia. Ya hay convocado otro botellón para el próximo día 12. ¿Cuánto más va a tardar el Ayuntamiento en cumplir la sentencia? Si no pueden con los botelleros, que pida ayuda.
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