Castellón, 13/01/08 Fomento admite que el ruido de las carreteras afecta a 13.000 castellonenses, tres hospitales y 20 colegiosEl Ministerio analiza la situación sonora producida por la red estatal en 20 municipios de la provinciaP. TERCERO/L. ORTEGA
El documento resumen de los mapas estratégicos de ruido de las carreteras de la red estatal admite que la contaminación acústica provocada por el tráfico de las carreteras A-23, N-234, autovía A-7 y N-340 afecta en distinto grado a unos 13.000 castellonenses, tres hospitales (La Plana, La Magdalena y el Hospital Comarcal de Vinaròs) y 20 centros docentes (entre ellos, el instituto Alto Palancia de Segorbe; el seminario Mater Dei de Castellón de La Plana y el colegio Liceo de Benicàssim). Fomento ha analizado 160 kilómetros de carretera que discurren por 20 municipios de la provincia de Castellón. En el caso de la N-340 el Ministerio, a través de la Secretaría de Estado de Infraestructuras y Planificación, ha clasificado su estudio en dos unidades de mapas que van desde Nules a Benicàssim y el tramo del Baix Maestrat. Es precisamente el primero de estos tramos el que presenta una mayor afección acústica. Según los datos recopilados en el informe, elaborado en octubre de 2006 y que desde ayer está en fase de exposición pública, el ruido de la N-340 a su paso por Nules, Alquerías, Vila-real y Benicàssim perjudica a unas 4.800 personas, 1.500 viviendas, dos hospitales y ocho centros docentes. El mapa de ruidos de las cuatro carreteras estatales basa los valores para determinar la afección en los límites contenidos en la Ley 7/2002 de la Comunitat Valenciana, en la que se clasifican distintas áreas de sensibilidad acústica en función de la tipología de usos del suelo. Así, para uso dominante sanitario y docente el nivel sonoro diurno máximo está fijado en 45 decibelios; aumenta hasta los 55 en las zonas residenciales mientras que en el caso de las áreas industriales alcanza un límite tolerable de hasta 70 decibelios. Todos estos valores descienden en 10 decibelios en horario nocturno, periodo comprendido según la legislación entre las 22.00 y las 8.00 horas. Esto quiere decir que la contaminación acústica provocada por las carreteras supera estos límites. A quienes viven cerca de importantes vías de comunicación no les hacen falta estudios para confirmar que el paso incesante de vehículos merma su calidad de vida. Todos los días y a todas horas hay vehículos circulando. Alberto, vecino de la urbanización Penyeta Roja, a tiro de piedra de la N-340 y a la autopista AP-7, sabe bien cuál es el precio a pagar por vivir junto a este tipo de carreteras, que soportan una importante densidad de tráfico. "Las molestias son todos los días del año, pero se agravan en verano y durante los puentes festivos", comenta. Además, algunas costumbres como la de los camioneros que se saludan con pitidos contribuyen a aumentar las molestias. "Da igual que sean las tres de la mañana que las tres de la tarde. Si se cruzan dos camioneros que se conocen, muchas veces tocan el claxon para saludarse. Para los que vivimos en esta urbanización es insoportable". Tampoco se acostumbran a los reventones que sufren los vehículos, especialmente los de gran tonelaje. "Es como una especie de disparo. Te dan un susto de muerte, no te acostumbras", lamenta Alberto. Por ello, residentes de Penyeta Roja se están planteando solicitar al Ayuntamiento de Castellón que inste a Fomento o a la administración responsable que instale pantallas acústicas para rebajar la contaminación que sufren por culpa del tráfico. Algunos vecinos ya se han adelantado a esta posible solución y han adoptado, por su cuenta, medidas para minimizar el impacto acústico con la plantación de pinos que actúen a modo de pantalla vegetal contra el ruido de las carreteras.
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