Pasaia, 18/09/07 «Nadie se acuerda de nuestra salud»Los vecinos de Pasaia se muestran preocupados por las molestias que genera la carga y descarga de chatarra. Se quejan de la contaminación acústica y medioambiental que se ven obligados a soportarELENA VIÑAS
Los pasaitarras se han acostumbrado a verlas nacer a primeras horas de la mañana, cuando los barcos llegan a puerto y una grúa de grandes dimensiones se encarga, antes incluso del amanecer, de descargar las piezas de hierro procedentes de los lugares más dispares. La misma grúa realiza, horas más tarde, la operación inversa, la que permite a decenas de camiones llevarse parte de esas improvisadas construcciones que volverán a 'edificarse' un día o, a lo sumo, dos después. La manipulación de la chatarra genera ruidos y una polvareda que contemplan a una distancia ligeramente superior a un centenar de metros quienes residen en los distritos pasaitarras de San Pedro y Trintxerpe. Sus rostros no ocultan la preocupación que sienten como tampoco la disimulan sus palabras. «No paran de traer chatarra. Casi todos los días vemos como la descargan en el muelle, a una distancia muy corta de donde hay casas y eso no hace más que contaminar el pueblo, aunque lo nieguen», asegura Manuel, quien añade que «algunas personas ya se han quejado más de una vez de picor de ojos y de garganta. A saber lo que nos pasará con el tiempo ». Manuel no es el único vecino que se confiesa «intranquilo» por lo que sucede principalmente en el denominado muelle del Reloj. José también muestra su malestar, señalando que «chatarra ha habido siempre en este puerto, lo que ocurre es que ahora estoy seguro de que es más tóxica que la de hace años». Para José, esa es la clave de los problemas que viene padeciendo la población. «¿Quién nos dice a nosotros que entre la basura que traen no hay materiales peligrosos?», se pregunta. «Al final, con tanto removerla, una parte acaba expandiéndose por el aire y la respiramos todos. No quiero ni pensar en la porquería que tenemos que tener a estas alturas metida en los pulmones», comenta. Mari Carmen, otra trintxerpetarra «harta» de ver desde la ventana de su vivienda cómo la chatarra se encuentra en continuo tránsito, propone soluciones a la que no duda en calificar de «grave» situación. Según explica, «queremos que dejen de traer tanta mercancía o que se la lleven a otro lugar más alejado de donde vive gente. Ya sabemos que les da muchos beneficios, pero nadie se acuerda de nuestra salud». Varias denunciasLos de Pasaia no son los únicos ciudadanos afectados por las molestias que provoca el tráfico de chatarra en el Puerto de Pasajes. También los residentes en el barrio donostiarra de Oleta han hecho público su descontento. Aseguran que desde el verano de 2006 el polvo de hierro que se expande a merced del viento y los ruidos que se inician antes del amanecer para prolongarse hasta bien entrada la noche no les dejan vivir. Las quejas han ido en aumento desde que los antiguos pabellones de la zona portuaria fueron derribados y el espacio dejado por éstos se destinó a la carga y descarga de chatarra. «Nada de esto tiene que ser bueno para la salud», dice una de las vecinas, testigo del movimiento que se produce a escasos metros de su hogar. «Ni siquiera podemos tender la ropa o abrir la ventana, aunque haga calor, porque el polvo se nos mete dentro de casa, sobre todo si sopla viento del Norte», indica la mujer, y añade que «la peor es la chatarra fina, pues levanta más polvo que la pesada». En una ocasión, una gran nube de polvo procedente de una de tantas descargas invadió la N-1, lo que obligó a detener durante unos minutos el tráfico rodado en ambas direcciones. El malestar que sienten los vecinos de Oleta tomaba forma hace unos meses de denuncia, la que presentaban ante el Servicio de Sanidad, Medio Ambiente y Consumo del Ayuntamiento de San Sebastián. En ella, hacen alusión a la «gran cantidad» de polvo de metal que respiran, «a pesar de tener cerradas las ventanas de casa todo el día», y también al ruido, derivado de «la descarga y caída de la chatarra desde lo alto de la grúa hasta los montones y su posterior carga en los camiones, que se hace sin ningún tipo de cuidado». Los mismos vecinos solicitan a las autoridades competentes que lleven a estudio el «problema» y «todos los inconvenientes» que genera la actividad del Puerto de Pasajes en esta zona. Descargas «puntuales»De sus quejas quedaba también constancia en la Autoridad Portuaria. Sus responsables les respondían entonces, diciendo que las descargas en la zona más próxima a este barrio son «puntuales», ya que «suelen concentrarse en el muelle de Molinao y sólo cuando éste se encuentra saturado y hay barcos esperando fuera, se descarga chatarra en el del Reloj». Desde el Puerto de Pasajes se aseguraba que éste realizaba, junto al departamento de Medio Ambiente del Gobierno Vasco, un seguimiento de la contaminación ambiental a través de mediciones en diferentes puntos. «Los resultados revelan que la contaminación es menor a la que existe, por ejemplo, en la Plaza Easo de San Sebastián», afirmaban. En lo que respecta al ruido, se defendían argumentando que los estudios realizados ponen de manifiesto que «tienen más repercusión los coches que circulan por la carretera cercana y los trenes, que el puerto, aunque aparentemente sea su actividad la única molesta».
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