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San Sebastián, 16/9/07
La fiesta silenciosa
Discotecas donde la música sólo se escucha a través de unos auriculares
Es la última moda, para unos «ecológica» y para otros «muy poco comunicativa»
ITSASO ÁLVAREZ
Medido en términos de decibelios, que es la unidad que se emplea para cuantificar el nivel acústico, un avión que sobrevuela una ciudad genera un valor de entre 110 y 130, igual que lo último en iPod y MP3. Una taladradora metálica en unas obras urbanas, 120 decibelios. A cien llega el claxon de un autobús; 90 el de un coche. El tráfico rodado se traduce en 85 decibelios, en 60 una conversación normal y en 30 tan sólo el runrún que se oye en una oficina. ¿Y en una discoteca, donde la media en decibelios andará por los 250? Aún menos, pero sólo si la fiesta que allí se celebra es de las de 'silencio, por favor: no molestar'.
Imaginen: tres DJ pinchan a la vez. Sobre el podio, diez o doce personas con distintos gustos musicales. Cada uno ha seleccionado el canal a su gusto y se deja llevar por el ritmo que fluye de las mesas de mezclas. Uno baila salsa mientras otro sacude la melena al estilo heavy metal y algún 'housero' se menea a lo 'tentetieso'. A lo suyo, en silencio, y al son de un estilo de música que les llega a cada uno de ellos a través de unos cascos o auriculares con recepción inalámbrica conectados por láser a una fuente emisora de radio control que les han sido entregados a la entrada del local.
«Escuchar en soledad», define el malagueño Antonio Clavero, creador, con otros dos socios más, de la que se ha convertido en «la cuarta generación» en el sector del ocio: las fiestas silenciosas. «La posible solución de aquellas salas que no tienen licencia de música o no están debidamente insonorizada.
Vecinos tranquilos
Por un lado, se asegura el divertimento de los clientes. Y, por otro, «garantiza el descanso del vecindario que rodea al local», argumenta. Añade que, además de poner puertas al ruido y dado que las canciones no salen de unos altavoces, el local se ahorra el canon de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE). «Si quieres conseguir un ambiente íntimo para ligar, basta con reducir el volumen o bien quitarse los cascos y hablar. Y también se puede compartir el auricular».
La patente de las fiestas silenciosas está en manos de la productora Vitality. Algunas terrazas de Mallorca ya se están convirtiendo en franquicias para explotar este nicho de mercado. Como la Zur Zafala de
Miguel Tous, un local al aire libre al que acuden decenas de ciudadanos de nacionalidad alemana en verano a tomar unas copas por la noche. «A partir de la medianoche está prohibido mantener la música en esta zona y la mayor parte de mis clientes no están acostumbrados a beber sin música de fondo». En desacuerdo con «los que dicen que rompe el encanto de la noche», el hostelero opina que «de esta manera ganamos todos». «Yo también lo prefiero», admite Miguel Pastor, apodado Miguel-On, un DJ con experiencia en este tipo de eventos. «En este tipo de fiestas tienes la oportunidad de ver que la gente valora la música que pinchas en lugar de moverse sin más al ritmo de lo que suena».
Pero si 'la fiesta silenciosa' era lo que las asociaciones antirruido estaban buscando, no está tan claro. «Es una solución al volumen interno de un establecimiento, pero no al externo. ¿Qué decir frente a los tumultos que se forman en las entradas de los bares de copas?», plantea Juantxo Domínguez, presidente de la Red Ciudadana contra el Ruido, con sede en la capital donostiarra, un colectivo que lleva más de dos décadas poniendo el grito en el cielo por la contaminación acústica en las ciudades.
«Imagino que al abandonar el local, los usuarios tendrán el nivel auditivo totalmente distorsionado y hablarán alto, con las consecuencias que ello conlleva. Además, ¿no se quedarán sordos como una tapia con eso de utilizar auriculares?», pregunta Domínguez. «Los cascos son bombas para los tímpanos», opina el abogado getxotarra Alfonso Terceño, portavoz en el País Vasco de Juristas contra el Ruido, asociación que ostenta el honor de haber enviado a la cárcel al dueño de un restaurante de Barcelona por ruido.
Un sondeo realizado por la cadena de centros auditivos GAES determinó que la música es «el sonido preferido» para más de la mitad de los españoles. Y que, si se escucha a volúmenes muy elevados durante un espacio de tiempo prolongado puede provocar pérdida auditiva de carácter irreversible. «De seguir como hasta ahora, los jóvenes tendrán a los cincuenta años los mismos problemas de audición que hoy tienen sus abuelos», advierte Juan José Navarro, otorrino del Hospital Donostia y presidente de la Sociedad Vasca de Otorrinolaringología.
Por otros motivos, el sociólogo Luis Ruiz Aja, especializado en estudiar temas relacionados con la juventud, tacha de «curiosidad» la nueva moda de bailar, en parte, en silencio. «Para que una fiesta juvenil funcione -explica- tiene que tener una serie de requisitos: un buen ambiente, cálido y amigable, un uso razonable del alcohol, una música no excesivamente alta para evitar riñas con el vecino de turno, un comportamiento responsable si tienen que conducir y, en su caso, a la hora de practicar sexo». Y dado que «la música es una seña de identidad de los jóvenes, esto debería suceder con auriculares o sin ellos».
Los impulsores de las discotecas con auriculares están proponiendo la idea a las salas de cine. Creen que «eliminaría la desconcentración por las típicas molestias de las palomitas y el alboroto de los niños». Unos auriculares en las butacas harían posible que la película se ofreciera en diferentes idiomas al mismo tiempo. Llaman a museos, hospitales, centros de enseñanza, conferenciantes, hoteles e instituciones oficiales a adaptar el sistema inventado para las fiestas silenciosas a su día a día. El pasado 14 de mayo, partido Pro Municipio Torre del Mar, un grupo independiente que concurría a las elecciones municipales en Vélez, Málaga, celebró un 'mitin silencioso' para pedir ayuntamiento propio para el municipio. Los convocantes no querían molestar a quienes no compartían sus inquietudes.
i.alvarez@diario-elcorreo.com
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