Gijón, 12/09/07 Ventanas cerradas al progresoMaría José López, Belén García y Luis Álvarez cuentan cómo se vive junto a la Autovía Minera, donde todavía no se han instalado pantallas acústicas pese a sus 46.000 vehículos diariosMiriam SUÁREZ
«Tienes que tener las ventanas cerradas. Si no, no oyes cuando te hablan. Es muchísimo el ruido que meten los coches», arranca María José, que lleva diez años viviendo en la urbanización «Cerro de la Belga». Se trasladó a Leorio poco antes de que el Principado anunciase la construcción de la Autovía Minera. Desde que entró en servicio, se ha planteado «muchas veces» cambiar de residencia: «Salimos de la ciudad por salud, buscando tranquilidad. Y mira ahora lo que tenemos que soportar: ruidos, contaminación...todo el día». El proyecto de esta autovía, la primera con numeración autonómica, preveía una serie de medidas para contrarrestar los efectos más que previsibles de la infraestructura. Lo comprometido en el papel no se ha materializado todavía. «Autovías tiene que haberlas y, de hecho, cuando nos dijeron que se iba a hacer esta carretera, mal que bien nos resignamos. Pero, claro, pensábamos que nos iban a poner unas pantallas vegetales. En el proyecto venían», puntualiza María José. Unas pantallas que sí se han instalado en otras autovías posteriores y cuya necesidad ha motivado numerosos escritos de queja al Principado. Los vecinos de Leorio tienen relativamente superado el impacto paisajístico que causa esta gran arteria de las comunicaciones regionales. Lo difícil de asumir es la pérdida de calidad de vida que han sufrido quienes residen a orillas de la infraestructura. Luis Álvarez cuenta que «todo esto -y extiende la mirada hacia Llantones- era terreno de protección paisajística. Ahora es hormigón y una fuente de ruidos. Y no sólo eso. En algunos tramos, hay tanta maleza en las márgenes que salen ratas». La experiencia de Luis, que vive en la parroquia desde hace 54 años, es la de quien ha tenido que digerir en crudo 15 kilómetros de autovía. «Nos hemos sacrificado para beneficio de toda Asturias, pero no hemos recibido ninguna compensación. Es más, hay puntos de luz que retiraron cuando se hizo la obra que todavía no repusieron», comenta con cierto resentimiento. Lo que les ha dejado el paso de la autovía es una sobrecarga de tráfico. Y muy especialmente, de tráfico pesado. La imagen que se aprecia desde la terraza de Belén García no engaña. El flujo -la intensidad media desde que se inauguró el nuevo enlace de Ceares ronda los 46.000 vehículos diarios- es incesante. Ella vive a muy pocos metros del puente que articula el acceso a la Minera desde Mareo. Según dice, «está muy mal señalizado y a todas horas se oyen pitidos porque alguien se mete por donde no debe. Ahí tiene que haber un ángel de la guarda, porque se montan unos tinglados...». Los pitidos se traducen en más ruido. Es una pescadilla que se muerde la cola. «Fíjate que yo creo que ya me estoy acostumbrando», comenta Belén. Aun así, a las horas punta -entre las 7 y las 8 de la mañana, por ejemplo- el «fum fum» de la autovía se hace inaguantable. «Es muchísimo el tráfico que tenemos. No te digo más que hay gente que, ahora, tiene que salir antes de casa para ir a trabajar, porque si no, no llega», apunta. Eso lo dice todo.
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