Granada, 07/09/07
Los bares denuncian el ruido y la inseguridad de la calle Navas
El clima provocado por vendedores ambulantes y pedigüeños "en actitud desafiante" ahuyenta a la clientela, mayoritariamente turistas. El escrito está firmado por diecisiete establecimientos
Los dueños de diecisiete bares y restaurantes de la céntrica calle Navas se han unido para presentar una queja formal ante las instituciones, alarmados por el crecimiento de la inseguridad en la zona
DIEGO MÁRQUEZ
Diecisiete bares de la calle Navas se han unido para presentar una queja formal contra el clima de inseguridad ciudadana que se vive en esta céntrica calle de la capital. El escrito fue registrado el pasado 26 de julio ante el Ayuntamiento y la Subdelegación del Gobierno sin que hasta la fecha hayan tenido respuesta alguna.
En el texto, se hacen varias referencias a los males que acechan a los bares y los comercios de la calle, como "venta ambulante, músicos de distintas nacionalidades, y pedigüeños varios, con una actitud desafiante cuando no se les deja pedir en las mesas en las que hay personas comiendo".
Los rumanos parecen ser los que más molestan, dejando mecheros encima de las mesas que más tarde pasan a cobrar -"la voluntad"- o pidiendo en compañía de niños.
A veces, estos niños, algunos de no más de doce años, entran solos a pedir mientras los padres permanecen fuera, vigilando a una prudente distancia. Fernando Calero, de Tabernáculo, señala que más de una vez se ha visto obligado a amenazar a estos vagabundos con llamar a la Policía por utilizar a menores para pedir en la calle.
"Incluso aparento que hago la llamada, pero no hacen caso. Al contrario, se enfrentan", señala. Es la actitud desafiante a la que hace referencia el escrito de denuncia. Calero niega que esta disposición agresiva se deba a que no entiendan la lengua española. En paralelo, observa que éstas no son las maneras propias de los subsaharianos que venden CD o los músicos, "que cansan pero no dan problemas".
No todos opinan igual. Susana Jiménez, directora del hotel Navas, indica que para el que está un rato comiendo en una terraza no es pesado aguantar a estos músicos callejeros. Sin embargo, "para quien trabaja desde por la mañana hasta las cuatro de la tarde en un negocio como éste" -en referencia a su hotel- "es muy agobiante, y sales con la cabeza fatal", se queja.
La denuncia sólo está respaldada oficialmente por los bares de la calle. Hoteles, tiendas y joyerías no han participado, aunque ellos también sufren la inseguridad ciudadana en su piel.
Cámaras de vigilancia. Tanto el hotel Navas como el Dauro han instalado cámaras de vigilancia en sus puertas y en varias estancias, como el comedor o la recepción, después de los robos de bolsos que en los últimos meses han tenido que presenciar.
Precisamente en el Dauro, su jefe de bar, Jesús Pérez, cuenta que en el último medio año fue frecuente la aparición por la zona de dos individuos de fisonomía eslava, enchaquetados y bien arreglados, que no dejaban un bolso en su sitio.
"Eran de guante blanco y no llamaban tanto la atención, pero bolso que veían, bolso que se llevaban", explica. Finalmente, las imágenes grabadas en el hotel fueron determinantes para su detención. "Ya estarán por ahí de nuevo", comenta expresando un sentimiento de frustración que atraviesa todos los negocios de la calle Navas.
En otro bar de la zona, cuando el responsable les fue a echar, los dos delincuentes llegaron a decir "déjame en paz, no te metas en mi negocio". Es una zona muy concurrida por visitantes y turistas, ya que hay una veintena de bares en apenas doscientos metros. La imagen que se lleva el turismo es muy negativa cuando durante una cena pueden llegar a pasar, sin pausa, alguien que pide un cigarro o una limosna, que intenta vender un mechero, unos pañuelos o una flor, la lotería o un disco compacto.
En el escrito remitido a las autoridades municipales y nacionales en la provincia, se apunta que en Navas "se encuentra instalada la mayor densidad de locales para la degustación de tapas y comidas, y es símbolo del turismo de la ciudad de Granada".
En ocasiones, a estas personas "se les deja pedir en las mesas en las cuales hay personas comiendo. A lo expuesto hay que añadir", prosigue el escrito al que ha tenido acceso La Opinión, "desgraciadamente, el hedor tan fuerte que despiden y la vestimenta harapienta que llevan puesta".
Los clientes suelen ver con cansancio e incluso desprecio este deambular constante de vendedores y pedigüeños. Llegan a pedir a los camareros que avisen a las fuerzas del orden cuando ven utilizar a niños como gancho para operaciones que rozan la legalidad cuando no la trasgreden.
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