Jaén, 04/10/07 «En doce años cada noche parecía que el dormitorio estaba dentro del pub»Una familia pide cuatro años y un día de cárcel para el dueño de un local al que denunciaron en 25 ocasiones por ruidos nocturnos y contra su último inquilino [Ver sentencia]J. E. P.
«Iba la Policía y un día o dos la música bajaba de volumen, pero al segundo o al tercero lo volvían a subir». En los juzgados las cosas han cambiado. El propietario del local, Manuel A.M., y el último que lo explotó, Kléber Moisés Q., se sentaron ayer en el banquillo de la Audiencia Provincial de Jaén. El Fiscal pide que pasen dos años y siete meses en prisión y que paguen 8.000 euros, mientras que la acusación particular que ejerce la familia afectada por el ruido reclama 4 años y un día entre rejas por doce años de tortura. María del Carmen, la mujer de Francisco José, explicó a los magistrados que «el ruido comenzó durante el primer embarazo y acabó cuando tenía ya tres hijos criados». Su marido apuntó que los embarazos y la crianza de los niños fue «problemática» para personas que no podían descansar por las noches. «Estábamos deseando que llegasen las cinco de la mañana para que parasen la música y poder dormir algo». Los niños tampoco dormían bien. «Se despertaban dos o tres veces cada noche, y levantarlos por la mañana era complicado». Manuel A.M. basó su línea de defensa en que «siempre he tenido licencia y toda la documentación en regla, como marca la ley». Y en que ha ido haciendo en doce años todo lo que el Ayuntamiento le decía que hiciese (dobles puertas, limitadores, aislamientos). «Un dineral». Aseguró que hay algo personal en el vecino que los denunció. «Nunca le he caído bien». Y culpó a su último inquilino, que llevó el negocio de noviembre de 2005 a la primavera de 2006. «Después de cederle toda la maquinaria en buen estado este hombre rompió el limitador porque decía que en Sudamérica ponen la música más fuerte. En contrato ponía que todo estaba bien. Si ahora dice que estaba roto es una patraña para escabullirse». El aludido, Kléber Moisés, ofreció una versión muy distinta para ponerse él de víctima: «Me dijo que no había problemas con los vecinos. Me entregó el negocio y no funcionaba nada. El limitador se lo di como él me lo entregó. Cuando vio que me estaba enterando de todo me rescindió el contrato». Su defensa, además, encontró una fisura en las pruebas: cuando se hizo la medición de ruidos no se adjuntó la homologación del aparato. Otro tanto en el debe de la administración local. Se culpó además al otro acusado de un problema endémico del aislamiento no achacable al último inquilino, sino al propietario. La Policía Local, por su parte, confirmó que el limitador «estaba enchufado pero no limitaba la subida del volumen». Y que habían ido «muchas veces» a ese local por problemas de ruidos.
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