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Extremadura, 10/07/07
LA CARTA DEL DIA

No se puede dormir

No sé lo que se celebra (tal vez sea San Fermín, o puede que simplemente sean ganas de jolgorio del personal). Seguramente, además, será subvencionado por la Asociación de Vecinos; es decir, por el ayuntamiento; es decir, que yo también pago.

No tengo clara la razón de que el ayuntamiento de una ciudad permita que a las cinco se nos impida dormir. Seguramente no lo veo porque es de noche. Como puede que por la mañana lo vea más claro (y también para no perder el tiempo dando vueltas en la cama), aprovecho para escribir esto ahora, entre el ruido de la verbena del barrio de enfrente y el de los perros y los gallos que, como yo, se estarán preguntando por los motivos de esta situación.

La razón no es el color político del gobierno municipal. No es la candidatura a la capitalidad cultural. Espero. La razón no es la prevalencia del interés general (somos más los que queremos dormir), ni tampoco puede buscarse en la teórica minimización del perjuicio (la música pueda escucharse y bailarse a otro volumen).

Después de llamar varias veces al 092, estoy convencida de que tampoco puede buscarse el motivo en la desidia burocrática de los funcionarios municipales. Desde el cuerpo de guardia se me anima a denunciar los hechos.

Probablemente, los que celebran esta fiesta no sean conscientes del daño que causan a sus vecinos (evidentemente, la mayoría no viven en ese barrio). A ninguno de ellos les gustaría que dentro de unas horas les opere el cirujano que no pudo pegar ojo porque en la barriada de enfrente había una fiesta autorizada.

Yo no quiero cruzarme mañana por la carretera con el camionero que vive al lado (y que, en consecuencia, ha pasado la noche en blanco), ni subirme al autobús del conductor que ahora intenta dormir enfrente de la fiesta. Y el vecino aventurero, que se olvide de ir a escalar, no sea que se despeñe.

Los que no se han ido para estudiar, que se tomen mañana vacaciones forzosas. No preocupan tanto los bebés, que de momento no realizan actividades peligrosas para los demás (las madres, que se fastidien un poquito, o que se vayan a otra casa -al final van a ser ciertas las previsiones de crecimiento del Plan General-).

Yo no soy de Cáceres de toda la vida. Mi estupefacción no responde al orgullo de barrio mal entendido. Esto no lo entiendo ni aquí, ni en otra parte. Dentro de un rato, a una hora prudente, preguntaré a alguien de aquí (aunque, mejor, en otro barrio), por la costumbre de impedir el descanso del vecino. Me interesa, porque yo también lo pago y pensaba que era, precisamente, para garantizar tranquilidad y bienestar en la mayor medida posible.

Y, como no puedo evitar dejar de pensar que una mano firmó la autorización que impide que la policía local venga a bajar el volumen, intentaré saber de quién es y conseguir su teléfono, para empatizar y poder llamarle mañana a las cinco de la mañana, para que me explique cuáles de los beneficios obtenidos con esta celebración le empujaron a firmar. Y para que pueda vivir la fiesta en directo. Porque mañana sigue la fiesta. "Alegría, alegría".

María Angeles Gutiérrez Casillas

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