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Barcelona, 09/07/07

Los vecinos presentan 75 denuncias por los ruidos de las obras del AVE en Sants

Los trabajos de construcción del túnel se llevan a cabo por la noche para no perjudicar el servicio de los trenes
Joan Planes

Obras del AVE en Sants
Los técnicos han descubierto que el hormigón del subsuelo es más duro y se debe utilizar maquinaria más pesada
La afectación a las líneas de Cercanías de Renfe no es la única molestia que causan a Barcelona las obras del AVE en la estación de Sants. Se está trabajando con intensidad en el subsuelo para cumplir el gran objetivo: que el tren de alta velocidad llegue a la capital catalana el próximo mes de diciembre. No obstante, hasta 75 vecinos han presentado denuncias por ruidos, según denunció la Plataforma AVE por el Litoral a este diario. El horario nocturno de los trabajos no parece satisfacer mucho a estos sufridos ciudadanos.

Los vecinos han llegado incluso a llamar a la Guardia Urbana en varias ocasiones pero, dicen, con «resultados irrelevantes». Un habitante de la calle Llançà explicaba ayer a este diario que durante «ocho o diez días» escuchó repetidamente por la noche el trabajo de «un martillo mecánico, que sonaba parecido al que se utiliza para levantar el pavimento de las calles».

«Está todo lleno de polvo»

Otra mujer residente en la misma calle se quejaba no de los ruidos, sino del cambio de vida integral que le ha supuesto las obras. «Está absolutamente todo lleno de polvo. No podemos abrir las ventanas.

Hay polvo por la calle, sobre las motos, en todas partes. Pero además -denunció- ésta siempre ha sido una calle muy tranquila, y ahora tenemos enormes trailers que apenas caben porque esta vía es muy estrecha y hacen un ruido permanente». Eso le hizo pedir que «acaben las obras cuanto antes, porque ahora yo temo por los niños que habitualmente cruzan esta calle, en la que apenas ha habido tráfico hasta ahora».

Otra medida de los vecinos tomada fue quejarse a la sede del distrito de Sants-Montjuïc, cuyo gerente, Josep García Puga, admitió la «complejidad del problema». El distrito también consiguió que las empresas constructoras informaran de cada paso en los trabajos. Tampoco fue suficiente, hasta que apareció la figura del Síndic de Greuges.

El Síndic, Rafael Ribó, pidió al Ayuntamiento que «extreme el control», porque «estamos recibiendo muchas quejas de vecinos que dicen que no pueden descansar». Además, reclamó al Consistorio que «aplique medidas para reducir el ruido, aumente la información a los vecinos con notas informativas en los buzones y la divulgación entre las entidades del barrio del protocolo de actuación creado para controlar los trabajos nocturnos».

Por su parte, el Ayuntamiento de Barcelona incorporó, tras las primeras quejas, un inspector que, coordinado con la Guardia Urbana, va siguiendo los trabajos y, en caso necesario, avisa a la policía. Otra medida que ha adquirido es instaurar una reunión semanal entre representantes municipales, la dirección de la obra y el contratista. Estos encuentros consiguieron alejar de las viviendas los ruidosos generadores eléctricos.

Los principales focos de ruidos son las calles Pavià, Sant Medir, Antoni Capmany y la confluencia de la avenida Roma con Llançà y Tarragona. Esta zona es precisamente uno de los puntos de la ciudad con más pancartas favorables a que el recorrido del AVE no pase por el centro de Barcelona.

Maquinaria más pesada

Por si fuera poco, la gestora de infraestructuras Adif descubrió, al poco tiempo de comenzar los trabajos, que el cemento y el hormigón del subsuelo eran más duros de lo previsto, lo que obligó a adquirir un tipo de maquinaria mucho más pesada y ruidosa. Al complicarse las obras, Adif se vio obligada a trabajar en horario nocturno para no dificultar la circulación de trenes durante el día, con las consecuentes quejas vecinales.

El Ayuntamiento sigue sin eliminar del todo el ruido, pese a que el inspector municipal tiene capacidad para paralizar las obras en caso de excesivas molestias. Se solicita silencio a los trabajadores y también se colocaron varias pantallas acústicas, pero no parecen ser iniciativas suficientes para paliar la enorme cantidad de decibelios que desprenden los ocho agujeros en la superficie de la avenida de Roma.

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