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Barcelona, 02/07/07

Condenados a pagar 5.271 euros por los ladridos de sus perros

La Audiencia de Barcelona ordena indemnizar a una familia que no podía conciliar el sueño por culpa del ruido
CAROL ALVAREZ

Fueron 251 noches de insomnio, no ya por el ruido, sino por la inquietud. El perro de los vecinos ladraba, y mucho. Si ladraba por agresividad, porque había oído ruidos sospechosos o porque quería que le soltaran de la valla donde permanecía atado horas y horas no ha sido objeto de discusión. Pero que ladre y moleste, da para llevar a sus dueños a juicio y ganar el pleito.

La Audiencia de Barcelona, en una sentencia a la que ha tenido acceso EL MUNDO, ha condenado a una familia de Vilanova del Vallès a indemnizar con 5.271 euros a sus vecinos, insomnes y crispados de tanto ruido. Es el precio que ha fijado la Justicia para compensar los daños morales de los demandantes durante 251 noches, tratamiento farmacológico incluido, para poder dormir.

La sentencia, dictada por la sección 16ª de la Audiencia de Barcelona, revoca otra dictada en primera instancia por el Juzgado número 1 de Granollers, que desestimó la demanda presentada por el abogado de los perjudicados, Lluís Gallardo, especialista en contaminación acústica.

Según la sentencia, las molestias se produjeron entre el mes de octubre de 2004 y mayo de 2005. El Ayuntamiento de Vilanova del Vallès había incoado ya un expediente sancionador contra el demandado por las molestias que los ladridos de sus perros y sus condiciones higiénico-sanitarias causaban a los vecinos, por unos hechos producidos en 2001.

Lo cierto es que entonces no residían en el vecindario los perjudicados. Al mes de instalarse, J.P.I. y M.J.T. ya no aguantaban más la situación. Llegaron a la casa en septiembre de 2004, y sus quejas al Ayuntamiento ya eran permanentes a partir del 1 de diciembre de aquel mismo año. Entre el 3 de diciembre y el 19 de enero de 2005, efectuaron múltiples llamadas a la Policía Municipal, «todas ellas a diversas horas de la madrugada», según la sentencia.

Los efectivos policiales se desplazaron al lugar para comprobar la realidad de los ladridos, y personal de la comisaría realizó «vigilancias estáticas» en los días 13, 20, 28, 29, 30 y 31 de diciembre, pero también en los días 6, 9,15,16, 17 y 19 de enero.

La Audiencia apunta, además, que estas vigilancias «se efectuaron de forma cuidadosa a fin de evitar que la propia presencia policial pudiera alertar a los perros y ser por tanto la causa de los ladridos, pues se llevaron a efecto dentro del vehículo de la patrulla, con el motor apagado y a una cierta distancia de la finca».

Durante la noche, el nivel de ruido ambiental que con las ventanas abiertas se percibía desde uno de los dormitorios de la finca afectada alcanzaba los 61,9 decibelios a causa de los ladridos, lo que supone, según la sentencia, «superar en 11,9 decibelios el nivel máximo permitido si se considera la zona como de sensibilidad acústica alta, o en 6,9 decibelios si se considera como de sensibilidad moderada».

Ese incremento de ruido, según la Audiencia, «no tenían por qué tolerarlo» los vecinos, por lo que deben ser resarcidos. Y los perros, mantenidos lejos.

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