Palma de Mallorca, 07/01/06
CORRUPCIÓN POLICIAL / El historial del ex jefe de la Patrulla Verde
El jefe policial destituido ejecutó la venganza de Cursach contra locales del Arenal
El mando policial destituido por vengarse del director de EL MUNDO ha levantado actas a casi todos los establecimientos con música al aire libre
El sargento los inspeccionó a petición del discotequero
ESTEBAN URREIZTIETA
Uno de los principales cometidos de la Patrulla Verde de la Policía Local de Palma durante el último año ha sido la inspección masiva de todo tipo de establecimientos con música al aire libre en la Playa de Palma. El hasta ahora máximo responsable de la unidad, el sargento Antonio J. Mesquida, ha levantado más de un centenar de actas a hoteles, bares y restaurantes a instancias del empresario de ocio Bartolomé Cursach.
Mesquida ya anuló una denuncia contra Cursach que permitió a éste abrir su discoteca ilegal MegArena durante todo el verano de 2003 y le consintió que tuviera abierta su también ilegal sala de fiestas al aire libre MegaPark durante cinco temporadas a pesar de acumular más de 400 denuncias por ruidos. Bien, pues ahora ha venido ejecutando la particular vendetta de Bartolomé Cursach contra todos los establecimientos de la Playa de Palma que, al igual que hace él, se dedican a poner música al aire libre en verano.
La Patrulla Verde ha inspeccionado exhaustivamente todo tipo de establecimientos a petición de la Asociación de Salas de Fiestas y Discotecas de Baleares, presidida por un empresario que no tiene discotecas sino hoteles, Pedro Vidal. Y que curiosamente es socio de Cursach en una empresa que montaron para acceder al concurso de handling aéreo de Son Sant Joan.
Cursach ordenó a Vidal que denunciara masivamente a su competencia después de que un juez, el titular del Juzgado de lo Contencioso Administrativo número 2 de Palma, le prohibiera poner música en el exterior de su discoteca MegaPark. El motivo que esgrimía el juez Francisco Pleite pasaba por que el empresario de ocio incumplía la ordenanza municipal y molestaba a los vecinos. La ira de Cursach se tradujo en lo que él mismo denominó «café para todos».
Dijo que si a él le prohibían poner música disco desde las doce de la mañana hasta la medianoche, el Ayuntamiento de Palma debería prohibir a todos los locales cualquier tipo de música. Incluso el hilo musical de las decenas de terrazas ubicadas en la primera línea de la Playa de Palma. Su estrategia consistía en presionar al Consistorio palmesano con el aluvión de denuncias interpuestas por Vidal para intentar seguir poniendo música y desacatar la orden judicial.
Presiones sin efecto
Sin embargo, el Ayuntamiento de Palma, lejos de ceder a las coacciones de Cursach, le obligó a cumplir los dictados del juez Pleite en primera instancia y del Tribunal Superior de Justicia posteriormente. La máxima instancia judicial de las Islas ratificó la resolución de Pleite con la salvedad de que lo único que podrá tener en el exterior la sala de fiestas MegaPark será un hilo musical. Nada de música disco a todo volumen como hasta ahora.
El sargento Antonio J. Mesquida fue destituido el pasado viernes por el concejal de Seguridad de Cort después de ordenar a un celador entrar e inspeccionar el domicilio de su director saltándose las normas internas del Cuerpo.
La destitución
Álvaro Gijón acordó relevarle de su puesto a e incoarle un expediente sancionador por falta grave. Asimismo le ha asignado un nuevo destino: Son Gotleu. El motivo que llevó a Gijón a relevar a este mando tuvo lugar a primera hora de la mañana del pasado jueves. Curiosamente el mismo día en que este periódico publicaba que Mesquida era uno de los mandos policiales a los que un compañero suyo, el inspector Llompart, acusaba de comer y beber gratis en los locales que inspecciona. El hasta ahora máximo responsable de la unidad encargada de vigilar, entre otros establecimientos, las discotecas, los restaurantes, los bares o los clubs de alterne de Palma, adoptó la decisión de mandar a un celador al domicilio de Eduardo Inda sin informar a sus superiores en busca de irregularidades urbanísticas.
Mesquida no consultó ni al comisario Joan Mut ni al concejal, trámites que debía haber cubierto. La orden la efectuó por teléfono, obviando que las norma de hacerlo por escrito y todo ello mientras disfrutaba de sus vacaciones.
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