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Sevilla, 29/09/06

'macrobotellona' universitaria

Unos 5.000 jóvenes abren el 'curso' de las 'botellonas'

FRANCISCO CORREAL

Unos orinaban en Farmacia; otros, en Química. Un anti-doping masivo que, para desgracia de los vecinos, tenía su máxima expresión en los afluentes de la calle Tarfia. El Ayuntamiento cumplió su palabra: no hubo botellona en Reina Mercedes. Cumplió la palabra, no la frase; la romería de caldos se desplazó, en parte por inercia, en parte por la acción de la Policía Local, a una especie de corralito próximo a la gasolinera de la Avenida de las Razas. Al Ayuntamiento, por lo visto, lo que más le preocupa de esta zona es modificar el callejero, hacer plural el singular. Como plural, superlativa se fue haciendo la concentración de jóvenes.

Caso práctico para tres futuros abogados, estudiantes de quinto curso de Derecho que participan en uno de los grupos: ¿cómo se procede jurídicamente cuando se produce colisión entre el derecho al descanso y derecho a la diversión? "No hay ninguna ley que prohíba beber en la calle", dice Alberto, 22 años, que recita de memoria los nombres de los tres aspirantes a decano del Colegio de Abogados.

Con otros compañeros de clase, estos alumnos del último curso de Derecho han conocido a un grupo de estudiantes de primer curso de Historia. Todas ellas residentes en un colegio mayor y rematadas sus narices con bigotes de gato por imperativo de una novatada. "Aunque le moleste a los vecinos, que los entiendo, es nuestro primer año en la Universidad. Es una oportunidad de conocer gente, distintas culturas", dice Carmen, gaditana, con antepasados en La Habana. "Botellona ha habido siempre, lo que pasa es que antes no salía", dice José María, otro del grupo. Enrique Morente, nombre de cantaor, se suma a esta clase práctica de prevalencias.

Los vecinos, sin embargo, se dejan de leyes y de gaitas. Se han ido dando cita en los alrededores de la movida. Severiano y María Luisa hablan para alguna cadena de televisión. No pueden más. "He llamado al 110 y ni caso; al 010, y tres cuartos de lo mismo", dice Severiano, cuarenta años vecino de uno de estos quince bloques de pisos de gente trabajadora –muchos ahora paradójicamente alquilados a estudiantes por su cercanía al campus–, quer ha dejado en casa a Margarita, su esposa, la matriarca de siete bisnietos. Severiano nació el año de la II República y en tres cuartos de siglo no vio nada parecido. "Antes no podíamos. Cuando subía un real el tranvía, había intentos de manifestarse y ponían policías en las jardineras".

Unas chicas se preparan un tinto de verano con Don Simón. Del socialismo utópico de Saint-Simon al realismo botellonero de Don Simón. Un joven escancia whisky como si fuera sidra. Una chica lleva una botella de Shandy. Pobre Bukowski. Un chaval lleva un artilugio, la botellina, consistente en un casco bélico con dos tubos de escafandra conectados en cada oreja con sendos botellines de cerveza. "Lo compré en La Rosa Negra, una tienda del Factory del aeropuerto".

"Lo peor es que los que violan nuestros derechos no son ellos, es el Ayuntamiento", dice Laura Lahera, 30 años, que ha sido universitaria hasta hace muy poco, hasta que concluyó sus estudios de Enfermería. Se pasó cinco horas colocando carteles en los que convocaba a una acción vecinal contra la botellona. "Los arrancaron en media hora".

Los vecinos se han constituido en una especie de asamblea oficiosa, en este nudo estratégico donde ahora reina la alegría de los tristes borrachos y no hace mucho dominaban las acciones reivindicativas de los trabajadores de Astilleros. Están en la calle entre otras cosas porque no pueden entrar en sus casas. "La entrada está llena de meados", dice Manuel, vecino de la calle Tarfia desde que se casó, trabajador de Persán.

Estos pisos se construyeron para trabajadores de la Junta de Obras del Puerto, Obras Públicas y la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir. Gente trabajadora. "Pero mira los dos grupos", dice uno de los vecinos señalandoa la multitud de concentrados, "¿en cuál hay más gente, en cuál hay más votos?". La policía Local les dice que ellos sólo están allí para ordenar el tráfico, que para disolver está la Policía Nacional. La Policía Nacional les ha comentado que las ordenanzas municipales no son de su competencia.

Los primeros efectivos de la Policía Nacional llegaron para desalojar la gasolinera de Repsol que se había convertido en antesala de la botellona, con jóvenes fumando y hablando por los móviles, dos elementos de riesgo evidente. La Policía local sancionaba a jóvenes que conducían sin casco. Los cascos de las botellas no eran de su incumbencia. La ley, dirán los futuros abogados, ampara –al menos no los desampara– a los botelloneros. Seguía llegando gente a espuertas. Cuatro hombres con casco se lo quitan y se transforman en cuatro niños con casco. "Hay universitarios y también chavales de instituto", denuncia uno de los vecinos. Uno de los bisoños motoristas lleva un 23 en el dorso. No es el número de Beckham, sino los centímetros de Nacho Vidal.

"Todos sabemos que en Feria se bebe", dice María Luisa Robles, que llegó a Reina Mercedes desde Heliópolis, "pero allí no se incumple ninguna ley, no se tiran las botellas al suelo, la gente no orina en cualquier sitio". Algunos vecinos arrojan cubos de agua en las esquinas donde sorprenden a los usuarios de este improvisado mingitorio.

Reina Mercedes se ha salvado de la botellona. Con las obras del carril-bici, habría parecido una magna zona de avituallamiento. Al comienzo de Reina Mercedes, un cartel de la Universidad de Sevilla. "Si quieres aprender, ésta es tu Universidad". Con la retahíla de carreras, desde Aeronáutica hasta Turismo. Botellona que es fiel a la etimología de la zona, el bar La Botella situado frente al chalé la Botella. Botellona y embotellamiento del tráfico sorprendido, desviado, incluido un sacerdote al volante de su Seat Ibiza. La chica de la autoescuela Virgen de la Candelaria no se ha visto en otra: una clase práctica con escolta policial sorteando cuerpos y cuerpos.

Se oyen cánticos, vítores, estruendo de botellas, risas, música de coche-discoteca. "La Policía dice que si tenemos un aparato para medir ruidos", dice María Luisa Robles. "Yo espero que sean tan permisivos con los decibelios en la manifestación del domingo de la Asociación de Víctimas del Terrorismo". La fiesta seguía con aires de convalidación: meada en Química, meada en Farmacia.

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