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Barcelona, 19/09/06

La fiscalía acusa al ayuntamiento de tolerar ruidos

Eugenio Julián Bergés, propietario de El Cangrejo
Eugenio Julián Bergés, propietario de El Cangrejo, el pasado día 6. Foto: PERE BATLLE
  • El fiscal presenta una querella contra el dueño de El Cangrejo y 2 cargos municipales
  • Atribuye falta de diligencia a los responsables de Ciutat Vella
J. G. ALBALAT

La Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC) ha presentado una querella contra el propietario de la sala de fiestas El Cangrejo, clausurada el 14 de julio por el Ayuntamiento de Barcelona, y contra dos cargos del distrito de Ciutat Vella por presunta contaminación acústica. El fiscal de Medio Ambiente, José Joaquín Pérez de Gregorio, sostiene que estos dos representantes municipales "permitieron" la actividad ilegal y que solo procedieron al cierre del local al tener constancia de la existencia de una denuncia y la apertura de una investigación.

La fiscalía acusa de un delito contra los recursos naturales, el medio ambiente y la salud pública y otro de prevaricación medioambiental a Eugenio Julián Bergés, propietario de El Cangrejo, a Jordi Parayre, gerente del distrito de Ciutat Vella, y a Joan Carles Talens, jefe del departamento de licencias e inspección. A estos dos últimos se les imputa no haber procedido de forma diligencia al cierre del local, a pesar de que haber acordado el cese de su actividad.

Un portavoz del distrito de Ciutat Vella aseguró ayer que no habían recibido notificación sobre la querella. "En el caso del Cangrejo, al igual que en otros similares, hemos actuado siguiendo todos los pasos que se requieren en un expediente, precintando el local cuando se comprueba que se está actuando en contra de la normativa", agregó.

SIN LICENCIA

El Cangrejo, ubicado en el número 9 de la calle de Montserrat, fue precintado el 14 de julio. El propietario, Eugenio Julián Bergés, explicó que había instalado un limitador de ruido y que tenía en marcha un proyecto de insonorización. La querella fue presentada a finales de agosto, un mes y medio después de que se clausurara la sala.

El fiscal relata que en el 2002 Bergés adquirió el bar-pub y lo transformó "ilegalmente" en una sala de fiestas y espectáculo de transformismo. Además, destaca que el actual dueño del establecimiento carecía de la licencia de actividad y que, incluso, se le denegó expresamente el 28 de abril del 2003.

A pesar de ello, Bergés, instaló "ilegalmente" un potente equipo de música y sonido. El ruido generado los jueves, viernes y sábados por la noche perturbaba "la vida familiar y la salud física y psíquica" de los vecinos que residían encima de la sala.

Los afectados presentaron en el 2005 una denuncia ante el distrito de Ciutat Vella, que abrió un expediente administrativo. En la inspección del local se comprobó la existencia de contaminación acústica y la falta de insonorización. En dos ocasiones, los técnicos propusieron el cierre del local, pero los cargos de distrito querellados "nada hicieron para hacer cumplir la legalidad e impedir la prosecución de la actividad contaminante, consintiéndola, permitiéndola y tolerándola".

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