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Benalmádena, 17/09/06

jóvenes

Bacanal juvenil en la Plaza Solymar

Bacanal juvenil en Benalmádena
EL REPORTAJE DE REBECA TOBELEM

"Más de una vez han aparecido padres de madrugada buscando a sus hijos. En una ocasión, uno de ellos nos enseñaba la foto de su hija de 14 ó 15 años, cuya desaparición ya había denunciado ante la Policía. La niña le había dicho que se quedaba a dormir en casa de una amiga y estaba de fiesta. La encontró".

Los taxistas de la Plaza Solymar de Benalmádena están curados de espanto. Han visto tiroteos, reyertas, borracheras colectivas y muchos, muchos padres desesperados buscando a sus hijos menores de edad.

La plaza es pequeña, apenas alberga una quincena de locales, pero en ella pasa de todo. Cada fin de semana se convierte en un cóctel explosivo con menores entregados a la fiesta después de un botellón, extranjeros que celebran despedidas de soltero en frenéticos fines de semana e inmigrantes de todas las nacionalidades.

Un policía cuenta que son numerosos los casos de abusos sexuales a chicas en los cuartos de baño de las discotecas. "Ellas son jóvenes y, con dos copas de más, bailan con descaro, pero algunos desalmados creen que un baile es la antesala obligada de algo más serio. Cuando las chicas se dan cuenta, se les ha ido de las manos", explica el agente. La parte trasera de la plaza, frecuentada en su mayoría por españoles sigue reuniendo a los grupos de jóvenes más tranquilos.

Un camarero de uno de los locales más populares comenta que es difícil controlar a los jóvenes. "Las chicas se desinhiben cuando beben, pero los novios siguen siendo machitos y peleándose con el que se acerca a ellas". El mismo camarero admite la entrada de adolescentes a los locales de baile.

No obstante, varias patrullas de Policía vigilan desde principios de verano la entrada a la zona de ocio, donde se han incautado de armas portadas por los jóvenes e intervenidas en algunas peleas.

Otra de las características principales de la plaza más controvertida del municipio es la gran cantidad de hombres que ejercen de relaciones públicas y asaltan al visitante, pese a que el Ayuntamiento de Benalmádena prohibió esta actividad a través de una ordenanza hace unos años.

El filón para un relaciones públicas empieza cuando un grupo que celebra una despedida de soltero llega a la plaza. Los rodean, invitan a copas y atosigan. El negocio está asegurado.

La Plaza Solymar se ha convertido en una enorme sala de fiestas temática para despedidas de soltero, sobre todo de chicas procedentes del Reino Unido. Son las llamadas hen parties, que se traducen literalmente como fiestas de gallinas.

Cada fin de semana, decenas de jóvenes recorren más de 2.000 kilómetros para recalar en la Plaza Solymar. Allí son las reinas. Chicas que todavía no han abandonado el instituto, madres responsables, profesionales de prestigio que vienen decididas a perder la compostura sin problemas. Pero que irremediablemente atraen a su paso a inquietantes aves nocturnas. Jóvenes de todos los barrios de la capital malagueña, hombres que rondan la cincuentena, la mayoría de origen británico, subsaharianos y magrebíes jóvenes dominan las discotecas.

El pasado viernes por la noche coincidieron en la plaza hasta cuatro despedidas de soltera de chicas británicas ataviadas con coronas de luces, velos y gorros de cowboy.

Natalie es la protagonista de una de ellas. Tiene 28 años y acaba de llegar esa misma mañana con un grupo de 12 mujeres, entre las que se encuentran algunas madres. Está radiante y baila con desenfreno encima de una barra, con un público eminentemente masculino y que asiste extasiado a los cimbreantes cuerpos de Natalie y sus amigas. En sus camisetas ya advierten de sus intenciones en letras de purpurina: Naughty girls. Hen party 2006, que se traduce como Chicas traviesas. Despedida de soltera 2006. Apenas han pasado las doce de la noche, pero todo el grupo ha bebido en exceso.

La madre de una de ellas comenta que prefiere acompañar a las chicas para evitar males mayores, mientras mira de soslayo como un chico le firma un autógrafo a Natalie sobre la camiseta a la altura de los pechos con el boli que lleva en el cuello. Natalie y su grupo vienen desde Leeds. Un fin de semana les ha costado 250 libras (unos 400 euros).

Otra de las chicas que el viernes celebraba su despedida es Martina. Viene con cinco amigas y asegura que lleva bebiendo desde las siete de la tarde y son casi las tres. La noche llega a su momento álgido y nadie tiene intención de abandonar ahora, pese a que ya ha habido una pelea entre jóvenes de 17 ó 18 años que ha enrarecido el ambiente...

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