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Valencia, 13/09/06

L'Hemisfèric usa ruidos de rapaces para ahuyentar a las palomas pero sobrecoge también a los vecinos

Los chillidos de las aves rapaces que reproduce un aparato sobrecogen al vecindario

“Tengo metido en la cabeza el sonido agónico de esos pájaros”. Andrés despierta cada mañana sobrecogido por los chillidos de las aves rapaces que reproduce un aparato instalado por l’Hemisfèric para ahuyentar a las palomas de la Ciudad de las Artes y las Ciencias. El método divide las opiniones del vecindario.

P. Gómez

Un grupo de palomas volando junto a las obras de l'Hemisfèric en el año 2002
Un grupo de palomas volando junto a las obras de l’Hemisfèric en el año 2002.
“Tengo metido en la cabeza el sonido de esos pájaros agonizando”. Esta es la única manera que ha encontrado Andrés, un vecino de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, desde el séptimo piso de uno de los edificios de la avenida de Francia, para expresar su malestar. Pero lo que para unos es “una tortura que comienza desde primera hora”, para otros es, sin embargo, “un mal menor. Lo realmente importante es que con ese sonido se ha conseguido alejar a las palomas que tanto dañan las fachadas y el propio museo”, añadió otra vecina de la autovía del Saler. “Por mí, adelante con ello”.

La empresa pública optó por la colocación el otoño pasado en el exterior de l’Hemisfèric de un pequeño aparato ahuyentador de aves, especialmente de las gaviotas y palomas, transmisoras de parásitos que, además, ensuciaban la zona, atascaban los canalones de lluvia y deslucían el diseño de Calatrava.

Este tipo de sistema, muy utilizado en clubes náuticos y puertos para alejar a los pájaros de las cubiertas de los barcos, imita el sonido de los depredadores naturales de este tipo de aves, como lo son las águilas, los búhos o los halcones.

Doce horas al son del viento

Cada hora, durante cinco minutos seguidos, desde las 9 hasta las 21 horas, el aparato entra en acción. Desde la Ciudad de las Artes y las Ciencias apuntan que el murmullo que emite el aparato se confunde con el bullicio urbano y “sólo cuando el viento sopla en una dirección concreta puede llegar a ser perceptible por los edificios próximos”.

Esta explicación, que resulta suficiente para parte del vecindario, es para algunos “falso porque lo oímos siempre y, aunque ya nos hemos acostumbrado, al principio nos parecía que había un pájaro malherido que se quejaba”. De hecho, algunos de estos aparatos utiliza “gritos de angustia de diferentes pájaros fielmente grabados”, según los propios fabricantes.

En cualquier caso, la empresa insiste en que no se trata de un ruido “permanente ni molesto” y se muestra abierta a las sugerencias vecinales. “Lo cierto es que no hemos recibido ninguna llamada de queja ni correo en nuestro buzón de internet, pero invitamos a los residentes a que hagan uso de estas opciones para solucionar las molestias”.

Alternativas poco estéticas

La oferta de aparatos en el mercado para alejar a estas aves es muy diversa. “Hay métodos que no son perceptibles al oído humano que también servirían”, como es el caso de los aparatos de ultrasonidos, apuntó un residente de la zona molesto con la iniciativa. Pinchos, agujas de plástico, redes, cables de acero, ahuyentadores eléctricos, por energía solar, luminosos o a butano, líneas electrificadas, trampas de captura o repelentes químicos son otras de las opciones. Pero ninguna de ellas, a pesar de ser ideales para su uso en exteriores, satisface las necesidades del entorno de la Ciudad de las Artes y las Ciencias y su estética.

pgomez@lasprovincias.es

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