La Voz de Galicia Ruidos.org: la lucha contra el ruido
Índice de noticias sobre el ruido
Noticias de este mesNoticias del último mes

A Coruña, 12/09/06 Juan J. Moralejo

EL ORÁCULO DE DELFOS

Plaga de tontainas

Firma: | JUAN J. MORALEJO |

ESTÁBAME yo muy tranquilo y con mi caña, la antitérmica, en la terraza de una cafetería y conmoviéronseme los tímpanos con el anuncio de que se acercaba Bobalicón I, Rey de los Estrepitosos. Con mis tímpanos se condolieron muchos otros tímpanos, pero se compensaron las retinas con la aparición fastuosa de Bobalicón I, que cabalgaba una moto que no parecía gran cosa en prestaciones -¡toma prospecto!-, con excepción de las acústicas: una caca de moto, pero calculo que por cada centímetro cúbico de cilindrada el artilugio producía un imbecilio, unidad que, como bien se sabe, equivale a cien decibelios. Pasmamos todos ante aquel burrún-burrún-burrún, pero pasmamos todavía más ante la habilidad sobrehumana con que Bobalicón I, Rey de los Estrepitosos, redondeó la exhibición de su augusta persona y su complemento mecánico ante quienes él supondría que aguardábamos impacientes su aparición y lucimiento. Pues teníais que ver con qué destreza Bobalicón I hizo que la moto de sus amores y de sus estrépitos se alzase de manos como no se alza ni la mejor yegua jerezana con máster de la Escuela de Viena. Bobalicón I encabritó con maestría aquella caca de moto de sus amores, pero con mucho más éxito y eficacia encabronó al espectador, que sintió hasta morriña de ese color verde tráfico que tanto y tan beneméritamente alegra nuestras carreteras.

Pasó de largo Bobalicón I, Rey de los Estrepitosos, y los tertulianos seguimos de cháchara y caña en paz hasta que, pasados cinco minutos, se insinuó otro rebumbio que tenía todas las trazas de que ampliaríamos nuestros conocimientos de Fauna Fachendosa con un nuevo ejemplar, pero tocaba bis de Bobalicón I, que no pudo hacernos ¡pobriño! sesión de equitación porque tenía la calle ocupada y entretuvo su parada sobándonos el oído externo, el interno y el mediopensionista a golpe de burrún-burrunes espasmódicos, resultado de ese movimiento, no sé sabe bien si consciente o si reflejo, pero manifiestamente puñetero, de la articulación de la muñeca incapaz de estarse quieta.

Volvimos a la calma, pero duró poco, lo que tardó Bobalicón I en dar la vuelta a la manzana de sus estrépitos. Y tuvimos nuevo burrún-burrún-burrún sin tasa y tuvimos equitación con aquella caca de moto alzada de manos y llegué a la conclusión de que el primer mandamiento contra la plaga de tontainas del imbecilio es que se fabriquen motos (y coches) que, al apretarles el acelerador, no sólo no hagan más ruido, sino que hagan menos, mucho menos, tan poco ruido que no pase de un inaudible fffsssss... Una moto que sólo murmura fffsssss no le hará ninguna gracia a todos los muchos con alma de burrún-burrún y será, por tanto, buena escuela de educación y de conducción.

Y lo de hacer sólo fffsssss se acompaña de otro invento cuya patente ya le cedo a Tráfico para que lo haga obligatorio: de toda moto cuya rueda delantera se alce más de diez centímetros del suelo saldrá un mensaje en cinco idiomas a cien decibelios: «¡Ojo, mentecato a bordo!».

Más noticias de este mes | Último mes | Índice general de noticias
Página principal de ruidos.org