Zamora, 11/09/06 El ruido de conciertos en la Plaza Mayor provoca una nueva denuncia contra el AyuntamientoUn vecino lleva al Consistorio al juzgado por contaminación ambiental, prevaricación y dejación de funciones por el exceso de decibelios permitido en horario de madrugadaSUSANA ARIZAGAEl ruido provocado por verbenas y conciertos celebrados en la Plaza Mayor de madrugada lleva de nuevo al Ayuntamiento de la capital a los juzgados por la comisión de un posible delito de contaminación ambiental, prevaricación y dejación de funciones. Cansado de esperar a que la Policía Municipal acuda a su domicilio para medir la saturación acústica derivada de estas actuaciones musicales y de que la autoridad local ofrezca una solución a su problema, un vecino de la calle Balborraz, Daniel Pérez Hariná, ha optado por acudir a los tribunales, respaldado por la Asociación de Afectados por Ruidos (Afaruza). Hasta 81 decibelios ha alcanzado el ruido dentro de su casa, con las ventanas cerradas a cal y canto. Así consta en un informe que tuvo que encargar a una empresa privada para demostrar el exceso de ruido que padecía mientras había alguna actuación en la Plaza. En esa ocasión, allá por 1.999, cantaba Manzanita y ofrecía su música la orquesta "Kentucky". Nada menos que «50.000 pesetas me costó. La Policía Municipal siempre se ha negado a venir a medir. Y lo puedo demostrar, que ahí están las llamadas al 091 y al 112 quejándome por la música». Daniel Pérez insiste en que nunca se le ha hecho ningún caso, a pesar de haber acudido incluso al Procurador del Común para tratar de encontrar una solución. Su indignación, sobrellevada a a base de paciencia a lo largo de los últimos once años -«desde que empezaron a organizar verbenas y conciertos en la Plaza Mayor»- se colmó después de que el Consistorio respondiera a su queja por escrito, en el mes de abril, con la organización de nuevas verbenas en San Pedro, durante junio pasado; y de la Europeade, en julio. Daniel Pérez y su esposa, residentes en la calle de Balborraz desde hace 60 años, habían pasado una madrugada más en vela por la fiesta que los estudiantes organizaron al pie del Ayuntamiento, en una carpa, con el permiso municipal. "Si no quieres caldo, taza y media", que dice el refranero popular. Eso debieron pensar Daniel y su esposa. En sus oídos aún resonaban los compases de la música de los estudiantes, que «estuvieron zurrando hasta las tantas», cuando llegaron las verbenas de San Pedro; y, después, los grupos de la Europeade. «Ponga usted que hasta el último día, el mismo domingo, que ya había terminado todo, estuvieron tocando por la noche: llegó una charanga a la Plaza y hasta las tres de la mañana». Los días anteriores no pudieron dormir hasta las cuatro y las cinco de la mañana, «se quedaban aquí tocando». En el edificio viven seis vecinos y en la calle «todos somos personas mayores», dice su esposa, «y la gente no quiere complicarse». Ellos han sido los únicos que, finalmente, se han decidido a reclamar sus derechos ante el juez. El escrito presentado en el Registro del Ayuntamiento, aún sin respuesta, denunciaba las molestias y la contaminación ambiental derivada de actividades musicales pasada la madrugada; de las consecuencias perniciosas que tienen para la salud; y de su derecho a descansar. El amplio documento especifica las enfermedades que puedn causar los ruidos: «estrés, insomnio, depresiones, ansiedad, retraso escolar, falta de concentración en el trabajo?». Y advertían de que la institución podía incurrir en delitos de prevaricación, dejación de funciones y contaminación ambiental, los mismos que menciona en la denuncia que han interpuesto ante el juez. Los dos ancianos echan de menos la tranquilidad de la noche, el poder dormir a pierna suelta. Ni siquiera se quejan del barullo que los jóvenes forman el fin de semana entorno a la Plaza Mayor, punto estratégico de la marcha nocturna. A ese ronroneo ya se han acostumbrado. Otra cosa muy distinta es «la música que sale de esos altavoces que colocan en los escenarios, mirando hacia aquí. ¡Es insoportable!», apunta la esposa de Daniel, sentada en el mirador de la casa, el de la calle de Balborraz, el mismo en el que «se nos reventaron los cristales de la esquina y cuando fuimos a quejarnos no nos creían. ¡Es que fíjese si tienen potencia que vibran hasta los cristales!». «¡No aguantan ni las visitas!»«Es horroroso, aquí no hay quien pare. ¡no aguantan ni las visitas!». Daniel Pérez Hariná relata cómo su amigo Manolo, que fue de visita con su esposa, «se sentó aquí -golpea con su mano el sillón orejero que ocupa mientras habla- y cuando empezó la música nos dijo: "¿pero cómo podéis estar aquí?". Se levantó y le dijo a su esposa: "¡vamos!". No es sólo que no podamos dormir. ¡Es que no hay quien pueda estar en casa! No podemos oír ni la radio ni la televisión, ni conversar» cuando la Plaza Mayor acoge alguna actuación musical. El matrimonio no está en contra de que el céntrico lugar se convierta en escenario de verbenas y conciertos, «no nos oponemos a que haya música», afirman. Unicamente solicitan «que bajen los decibelios» y que los horarios se ajusten a la necesidad de descanso de los residentes en la zona, «que a la una o las dos de la mañana se acaben las actuaciones. Porque tiene que pensar que no sólo aguantamos las horas de concierto, sino que a las cuatro de la tarde ya empiezan con la megafonía, a hacer pruebas. Acabas con los nervios?»
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