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A Coruña, 9/09/2006

Vecinos de la Marina protestan por el volumen del reloj de Correos

Rubén Ventureira

Reloj, no marques los cuartos. Eso pidieron hace tres años algunos vecinos del entorno de la central coruñesa de Correos, situada en la avenida de la Marina. Y su deseo se cumplió. «Hubo tímidas protestas», admite el empleado de la empresa que se encargó de solucionar el problema. Sí siguen retumbando las medias y las horas, y, en tres momentos puntuales del día, otras tantas sintonías. Y, según un grupo de residentes, todas ellas suenan «a un volumen exagerado», se queja Manuel G., que está coordinando una recogida de firmas para que se reduzcan los decibelios. «No se puede ni dormir ni echar la siesta. Y eso que yo me echo con tapones», asegura Manuel.

A Correos no se han dirigido todavía. El problema tiene fácil solución. «Para poner o quitar sonidos, o para bajar el volumen, basta con tocar un botón del sistema de control», explica el hombre que mejor conoce el funcionamiento del aparato, Fulgencio Pagán, dueño de la empresa relojera viguesa que se encarga del mantenimiento.

Además de quitar los cuartos, la máquina ha sufrido otras modificaciones desde que empezó a funcionar en el 2003. Entonces se dijo que sólo tendría que ser ajustada cada cien años, y en apenas tres segundos, que era el margen de error. Esta precisión se debía a la radiosincronización con un reloj de cesio situado en el Instituto Federal Físico Meteorológico de Brunswick (Alemania), desde el que se comprobaría por onda larga la exactitud del carillón coruñés tres veces por minuto. Ésta era la teoría. En la práctica, no ocurrió lo previsto. «En el tejado del edificio se instalaron varias antenas de telefonía móvil que solapaban la recepción desde Alemania. El reloj retrasaba hasta un minuto por culpa de las interferencias», detalla Pagán. Así que se optó por otro sistema: ahora está conectado «a más de 30 satélites». Y da la hora exacta, con la misma precisión que cuando estaba sincronizado con Alemania.

Los acordes de «Alborada gallega» suenan a las 9 horas y los de «Negra sombra» a las 22

Todo el que pasa por el Cantón Grande o la avenida de la Marina a las diez de la noche se sorprende al escuchar los acordes de Negra sombra. Es una de las tres melodías que resuenan a lo largo de la jornada desde que el reloj comenzó a operar hace tres años. Las otras son Alborada gallega, que se puede escuchar todos los días a las 9, y la Salve marinera, que ameniza las 12 horas.

Resulta curioso ir al origen las melodías. Fueron ejecutadas en Bélgica, según explica Fulgencio Pagán. «A mí me dieron las partituras en Correos, que indicaba el tramo de la pieza que deseaba que sonase en el reloj. Después las llevé a una empresa de Bélgica. Allí, un carillonista las tocó en campanas de bronce, como si el carillón fuese un piano. Y los sonidos se pasaron a una memoria Eprom [un tipo de chip], que me traje yo a España», detalla.

Esos sonidos de procedencia belga tienen desquiciados, por su «alto volumen», a un grupo de vecinos. «A las nueve de la mañana, es como si tocasen a arrebato. La Alborada gallega me tiene desesperado», afirma el coordinador de la recogida de firmas, que por ahora ha encontrado la complicidad de una veintena de residentes en la zona. «Creo que carece de sentido que hoy día, cuando todo el mundo tiene la hora en el móvil o en el reloj, se anuncie con ese estruendo las medias o las 9 horas», se extiende este afectado.

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