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Santa Cruz de Tenerife, 8/09/06

Cuando dormir es imposible

Un vecino de Ofra con un 69% de minusvalía debe soportar a diario el ruido de motos que le impiden conciliar el sueño. Incluso han llegado a arrancar la pilona protectora que instaló el ayuntamiento.

J.D.M.

Dormir es una necesidad humana básica de la que se ve privado desde hace años un vecino de Ofra que quiere permanecer en el anonimato porque viene siendo amenazado de forma sistemática, según él, por los mismos que le impiden conciliar el sueño. E. S. C. tiene 49 años y una minusvalía diagnosticada del 69%. A diario debe soportar bajo su ventana, ya que habita una planta de semisótano, el paso continuo de motos de pequeña cilindrada cuyo ruido le produce un auténtico martirio. El Ayuntamiento de Santa Cruz llegó a colocar una pilona protectora frente a la puerta de la vivienda, pero, como si se tratase del Lejano Oeste, siempre según la versión del afectado, los motoristas, ayudados de sogas, arrancaron literalmente el artilugio.

E. S. asegura que "cada vez estoy peor. Soy epiléptico y he ido perdiendo audición. Apenas como y sufro constantes dolores de cabeza a consecuencia de este calvario. El 58% de minusvalía que tenía aumentó al 69% por los once puntos de los factores sociales. Y está pendiente una nueva revisión del oído que hará aumentar la discapacidad. Por el izquierdo ya no oigo nada y el derecho va mal, a pesar de que tengo un aparato".

Buscando una solución, "he hablado con la presidenta de la Federación de Vecinos FAIT; con el concejal del distrito, José Carlos Acha, y hasta con el subdelegado del Gobierno, Carlos González Segura, pero sin éxito". E. S. toma "una medicación fuerte por mis problemas, a los que hay que unir dolores de columna o bajones de los niveles de azúcar".

Esta persona vive en la que es su casa "desde hace unos 30 años. Perdí a mi mujer, que estaba también enferma, hace seis, y no teníamos hijos. Aunque he estado en algunos trabajos eventuales como jardinero o cuidador en la cooperativa Mararía, ahora mismo vivo de mi paga de invalidez, que es de 603 euros mensuales. No puedo cocinar porque me olvido de las cosas y dejo los calderos al fuego. Almuerzo en el comedor de La Milagrosa, en La Noria, donde las hermanas se portan muy bien. Al albergue me impiden acceder porque un informe de la asistenta social dice que tengo una paga y un techo. Me muevo en la guagua cuando salgo y me han hecho un carné especial para el transporte".

Hace tres meses "vinieron los obreros a colocar la pilona, los insultaron y les tiraron piedras. A mí me insultan y amenazan casi a diario. La pilona, una vez colocada, la arrastraron con sogas desde las motos y la tiraron a un solar cercano. Yo la recogí y aquí la tengo, en mi casa, a ver si pueden volver a ponerla". E. S. no puede dormir: "A las cuatro o las cinco de la mañana sigo despierto porque hasta esa hora hay ruido de motos o gente en la plaza armando escándalo debajo de mi ventana. A mí me parece que me lo hacen a propósito. Me han roto tres veces la persiana y parte de la ventana exterior, además de tirarme bolsas de orines y excrementos o defecar directamente hacia mi piso. La cosa ha ido a más en los últimos tiempos y cada vez me hacen más la vida imposible. Algunos vecinos me insultan y están entre estos elementos o los protegen, pero otros, pienso que la mayoría, me apoyan en privado, aunque tienen miedo porque pueden hacerle algo a sus hijos pequeños o a las personas mayores que transitan por aquí cada día".

En alguna ocasión ha habido algo más que insultos y amenazas: "Una vez, cuando trabajaba de jardinero, salí de casa a las cinco de la mañana y un grupo me acorraló. Me tiraron piedras, pero yo me defendí. No tengo miedo, creo que lo que reclamo es justo, el derecho al descanso, nada más". Hubo alguna posibilidad de arreglo en su día: "Me ofrecieron permutar mi piso con otro señor de El Sobradillo, pero no quiso porque entonces no había plaza para minusválido en el aparcamiento de este bloque. Otra posibilidad era cambiar de bloque, pero algunos de los que viven allí son los que me hacen la vida imposible aquí".

Nuestro protagonista acaba reflexionando en voz alta: "Lo único que pido es que me dejen tranquilo. Vivo solo y cualquier día me voy a quedar en el sitio de un infarto. Me duele la cabeza por este ruido constante y solicito que me repongan la pilona. La asistenta social de la zona me dice que este bloque es privado y no se puede hacer nada. La Policía no me hace caso cuando llamo o me contesta que no pueden estar todo el tiempo debajo de mi ventana y que tienen otras cosas que hacer. Llegué a presentar denuncia hace años, pero no lo hago más porque lo que conseguí fue perder tiempo y dinero".

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