Cádiz, 22/10/06 Un esfuerzo que recompensa el botellónBEATRIZ ESTÉVEZ
Las alemanas Katrin, Daniela, Nicole y Katharina, estudiantes de titulaciones de Humanidades, pasan gran parte de su tiempo en la facultad de Filosofía y Letras, mientras que la austriaca Sigrun amplía sus conocimientos de Economía en la facultad de Empresariales. Estas veinteañeras no están dispuestas a desaprovechar la oportunidad que les brinda la beca Erasmus, por lo que están esmerándose al máximo. Un esfuerzo que ellas mismas recompensan los fines de semana, cuando forman parte de la movida gaditana o "botellón", como ellas prefieren llamarlo. Nunca antes de su estancia en Cádiz habían bebido en la calle. En Alemania y en Austria eso es impensable, principalmente por el desapacible clima de ambos países. A Katrina, esta forma de disfrutar de la noche le parece muy acertada, pues "te permite conocer a muchas personas y entablar conversaciones con ellas, algo que en las discotecas resulta más difícil". Sus amigas están de acuerdo con ella, aunque algunas, como Katharina, preferirían que los jóvenes se reunieran a horas más tempranas. "En mi país se sale entre las 10 y las 11 de la noche, mientras que aquí suele ser a las 12 ó 1 de la madrugada". Nicole añade otro aspecto negativo del botellón: "Se deja mucha basura en la calle. A las cinco de la madrugada, la plaza de San Francisco está llena de botellas y de bolsas de plástico, y esa imagen no me gusta". Tampoco le agrada que se trapichee con droga a su alrededor, por eso recuerda con desagrado aquella vez que le ofrecieron a Katharina y a ella cocaína en San Francisco. Las otras tres chicas se sorprenden al escuchar el testimonio de Nicole, que recuerda a sus compañeras que deben rechazar siempre la bebida que les ofrezca un desconocido, ya que un amigo suyo gaditano le ha advertido de que puede ser "peligroso" aceptar ese trago. "¿Por qué hay tantos policías los fines de semana en la plaza de San Francisco?", pregunta Daniela con curiosidad. Ninguna de las cinco estudiantes ha presenciado una pelea o una reyerta en los lugares por donde suelen salir, que son San Francisco, la plaza Mina, y las calles Beato Diego y Manuel Rancés, y a principios de septiembre paraban en la glorieta Ingeniero La Cierva y en Muñoz Arenillas. Sólo Katrin conoce la Punta de San Felipe, y le ha llamado la atención "lo jóvenes que son la mayoría de las personas que frecuentan las discotecas de ese lugar". "A mí también me ha sorprendido las faldas tan cortas que visten aquí las chicas los fines de semana", apunta Daniela. "Y a mí, lo pequeñas que son la mayoría de las discotecas", añade Sigrun. Algo que todas resaltan es el asequible precio de las bebidas alcohólicas, sobre todo de la cerveza y de la sangría. Suelen comprarlas en los supermercados y tiendas alimenticias, aunque a veces las adquieren en los pubs. Pero si algún punto en común tiene la juventud española con la alemana y la austriaca es, según estas chicas, la cantidad de alcohol que consume. Ellas suelen beber cuatro botellas de sangría o cerveza entre dos personas. El balance que hacen del botellón es positivo, e incluso ya les han hablado a sus familiares y amistades de este fenómeno social. En Navidad, varias amigas alemanas de Nicole y Katharina vendrán a visitarlas y, de paso, a disfrutar del botellón. No obstante, la ilusión que reflejaban sus rostros al anunciar esa visita se borró cuando fueron advertidas de la recién aprobada Ley Antibotellón, que entrará en vigor en un mes.
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