Málaga, 18/10/06 ABOGADO Y VICEPRESIDENTE DE JURISTAS CONTRA EL RUIDOJoaquín Herrera: «El Ayuntamiento tendrá que decidir dónde se permite el botellón»«Aquí no hay que consensuar nada, sino arbitrar normas y ordenar el fenómeno» Asegura que incumplir la nueva ley podría ocasionar indemnizaciones multimillonariasIGNACIO LILLO
¿El botellón se va a acabar? ¿El botellón se va a acabar? El asesinato, el robo, los genocidios, no se van a acabar. Pero eso no significa que no haya que hacer todo lo que el sentido común dicta para procurar que se desarrolle sin perturbar a los demás. Los fenómenos negativos hay que arbitrarlos. La ley es positiva, clarifica, pero los ayuntamientos ya tenían antes competencias en materia de contaminación acústica. Lo que es absolutamente impresentable es que en ubicaciones donde ya se sabe que los vecinos están sufriendo, donde están afectados sus derechos fundamentales y su salud, el fenómeno siga. El problema se ha politizado, que es lo peor que le podía pasar a los afectados. ¿Cómo actúa la nueva ley? La ley prohíbe las aglomeraciones en la vía pública que afecten a los vecinos, beban lo que beban. Se excluyen las fiestas populares y las terrazas habilitadas. ¿Qué tendrá que hacer el Ayuntamiento cuando entre en vigor? Las leyes entran en vigor a los 20 días de su publicación en el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía. En ese momento estará prohibido en toda la ciudad de Málaga hacer botellón. Unos días antes o unos días después el Ayuntamiento tendrá que decir dónde está permitido. Ojo, con una peculiaridad, que en ningún caso podrá ser una zona acústicamente saturada, o en áreas anexas a éstas. Mantenerlo en la plaza de la Merced sería aberrante y traería consigo muchas responsabilidades para el Ayuntamiento. El que firme la autorización permitiendo el botellón en el Centro debería pensárselo bien. Los primeros que tienen que aplicar las leyes son los poderes públicos. ¿Cuánto le puede costar al Ayuntamiento si los vecinos denuncian? Se reclama la responsabilidad patrimonial, que es lo primero que recomiendo a lo afectados. La indemnización es igual al precio de alquilar una vivienda igual a la suya durante el tiempo que sufra el problema de ruido, más un 20%. La gente que nos llega está muy fastidiada, y no hay sensibilidad. ¿Qué opina de los botellódromos? Estoy a favor de que se produzca en un sitio donde no moleste a nadie, nada más. La ley no especifica que tenga que haber un botellódromo. Por ejemplo, en polígonos industriales, áreas de oficinas, palacios de congresos... No se prohíbe, pero lo que no puede ocurrir es que haya unos vecinos fusilados a costa de una gran mayoría que no lo sufre y de empresarios que se beneficien de incumplir la norma. El botellón no puede estar en una zona residencial. Si las plazas de toros son monumentos, no sé por qué no se pueden hacer grandes obras por este motivo. Que estén bien dotadas de transportes, infraestructuras y medios oportunos. Tener en cuenta que va a haber problemas de desplazamiento, de orden público, de alcoholemia. La policía no puede tener un horario de ocho a tres, sino estar cuando se produce el conflicto. ¿Es un fenómeno particular? El fenómeno del botellón es igual a otros, como las capeas populares o el comercio ambulante. Antes se soltaba una vaquilla en una plaza y todo el mundo a torear, y se morían dos o tres. Hubo que regularlo. Pues esto, igual. Aquí no hay que consensuar nada, sino arbitrar normas y ordenar el fenómeno. Si se sabe que todos los fines de semana se concentran los jóvenes en el mismo sitio, la policía tendrá que llegar dos horas antes, tomar la zona y evitarlo, con un protocolo de actuación. Como no se hace, ello conlleva unas responsabilidades jurídicas, y se ganan el 80% de los asuntos, especialmente si hay una asociación de vecinos detrás. Cuando les atacas al bolsillo, los ayuntamientos responden.
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