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Valencia, 13/10/06

El botellón invade parques, plazas y jardines

Las noches del fin de semana han convertido la ciudad en un hervidero de botellones. Miles de jóvenes toman los parques y plazas para beber hasta altas horas de la madrugada, y la policía redobla esfuerzos para atajar un fenómeno cada vez más numeroso y disperso.
Julia Damiá
Cientos de personas. El Paseo de la Alameda, ayer a la 1,50 horas, se ha convertido en uno de los puntos de encuentro para los jóvenes que buscan relacionarse y ahorrarse unos euros consumiendo alcohol en la calle.
Cientos de personas. El Paseo de la Alameda, ayer a la 1,50 horas, se ha convertido en uno de los puntos de encuentro para los jóvenes que buscan relacionarse y ahorrarse unos euros consumiendo alcohol en la calle.
El primer aviso de botellón que recibe la policía local llega temprano. Tan sólo son las 00,35 horas de la noche del miércoles cuando desde la central ya han trasladado a los agentes la primera reclamación vecinal. Varios grupos de jóvenes están consumiendo alcohol en un parque de la calle Gorgos, en una zona donde abundan los colegios mayores y que conocen bien los estudiantes. La llegada de las primeras patrullas del Grupo de Operaciones Especiales (GOE) de la policía local provoca una estampida general, pero algunos despistados son descubiertos in fraganti con la copa en la mano. Tienen una media de 20 años, son estudiantes y visten ropas de marca, como la mayoría de quienes beben en la calle.

En esta ocasión, tan sólo se trataba de un «conato» de botellón, explican los agentes, y lo cierto es que su actuación ha tenido un efecto disuasorio: mientras permanecen en el lugar se acercan varios coches llenos de jóvenes que, al advertir la presencia policial, dan media vuelta. Pero sólo están buscando un lugar alternativo donde abrir el maletero, y servirse un cubata.

Y no tardan en encontrarlo. A sólo unos menos de allí, en el aparcamiento que hay junto a Mestalla, la música de los coches y el bullicio los delata. También los grupúsculos de personas que consumen alcohol en la zona ajardinada que divide los dos sentidos del tráfico de la avenida de Aragón. Son más, pero siguen teniendo el mismo perfil: estudiantes de Medicina, de Topografía o de Caminos, todos ellos con escasa capacidad económica, bien parecidos, y con ganas de quemar la noche.

«Bebemos en la calle porque no puede ser que una botella de alcohol cueste seis euros, y te cobren eso en una discoteca por una copa», explican de manera unánime, «luego es responsabilidad de cada uno hasta dónde llega», aseguran. Es tan sólo la antesala de la fiesta, los prolegómenos. La noche para estos jóvenes empieza después, cuando entran en los bares, en los que no se pueden permitir pagar las copas, y bailan desenfrenadamente hasta que sucumben a los efectos del alcohol. «Bebemos porque sino estaríamos aquí todos en silencio, aburridos», comenta un futuro médico, «así lo pasamos bien, es un hábito social, sirve para integrarse». «Nos perjudicaría lo mismo si pudiéramos pagar lo que valen las copas en los bares, pero no nos verían como a delincuentes, la diferencia es que lo hacemos en la calle», argumentan.

Es la 1,15 de la madrugada y tres coches de la policía local irrumpen en la plaza de Luis Casanova. Los maleteros se cierran, los vasos caen al suelo, y aparecen botellas de ron, ginebra o whisky que no tienen propietarios. De nuevo la actuación policial permite identificar, y sancionar, a varios de los jóvenes.

Una historia que se repite

El procedimiento es siempre el mismo. Los agentes toman una muestra del líquido que están consumiendo en unos frascos iguales que los que sirven para las pruebas de orina para analizarla en el laboratorio, y rellenan una propuesta de sanción mientras aguantan las preguntas y contestaciones, muchas veces insolentes, de quienes evidencian la presencia de alcohol en su actitud. El balance de la noche del miércoles, víspera de festivo, se saldó con veinte denuncias por consumo de alcohol en la vía pública que elevan a 1.040 las interpuestas por este motivo en lo que va de año.

La historia se repite cada fin de semana, cada víspera de festivo, en que la policía se enfrenta, no sin dificultades, a las grandes concentraciones de jóvenes bajo los efectos de la bebida. Saben que su presencia ha hecho soltar la copa a los que estaban a su alrededor, pero también saben que en cuanto se vayan, la plaza volverá a convertirse en una barra de bar improvisada.

Cada noche un total de 34 patrullas de la policía local y 68 agentes peinan las calles de la ciudad para velar por la seguridad de los ciudadanos y el cumplimiento de la ley. Pero el aumento del botellón por todas las zonas de ocio, y su reciente expansión incluso a parques y jardines alejados de éstas, sobrepasa la capacidad de estos agentes que deben dedicarse también a evitar y perseguir robos, sobre todo de vehículos; peleas; prostitución; violencia doméstica; reclamaciones vecinales; inspección de locales nocturnos y control de vehículos y del estado de los conductores. El concejal de Seguridad, Miquel Domínguez, ya ha anunciado que reforzará las patrullas los fines de semana con treinta efectivos más para luchar contra este fenómeno, y ha pedido el mismo esfuerzo a la Delegación de Gobierno, con quien se reunirá en breve para tratar este tema.

No les faltará trabajo. A las 2 de la madrugada más de mil estudiantes practicaban botellón en el paseo de la Alameda, entre los puentes de la Exposición -conocido como la Peineta - y del Real. Litros de alcohol, centenares de botellas y chicos y chicas cruzando la vía para improvisar entre la zona verde un aseo al aire libre. La dispersión de estos jóvenes es casi una tarea imposible para cualquier cuerpo de policía. «Se ha puesto de moda», afirmaban los allí presentes. Pero parece que esta moda no pasará tan rápido como gustaría.

El Carmen se convierte en un problema enquistado

Los baldeos de madrugada en el barrio del Carmen han sido una de las medidas más drásticas, aunque efectivas, que ha puesto en marcha el ayuntamiento para atajar el botellón en esta zona. Las críticas de la oposición y la impopularidad de dispersar con mangueras a la gente acabaron con esta fórmula, que muchos agentes de la policía local consideran la mejor y la que menos enfrentamientos provocaba en un barrio donde el botellón se ha enquistado, y donde la intervención policial es más complicada que en el resto de zonas de ocio. Los agentes aseguran que se encuentran las reacciones más agresivas de los jóvenes en puntos como el barrio del Carmen, donde en el mismo espacio pueden coincidir tribus urbanas muy diversas, y donde una actuación policial puede degenerar rápidamente en una batalla campal. Precisamente a las 3,15 horas del jueves, los agentes del Grupo de Operaciones Especiales (GOE) recibieron un aviso de una reyerta entre varios grupos de jóvenes que estaban en la plaza del Tossal, donde como es habitual varios grupos de personas se reunían en torno a las botellas de alcohol y las «litronas» de cerveza. La presencia de cuatro patrullas policiales no amedrentó a los participantes de la pelea que, aún delante de la policía, seguían persiguiendo a sus rivales.

Los vecinos del Carmen han denunciado en numerosas ocasiones el ruido, la suciedad y la inseguridad asociadas a la presencia masiva de gente en la calle en el entorno de los locales de ocio.

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