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Granada, 07/10/06

El temor a las multas 'vence' al botellón en el centro y lo limita a reuniones sin alcohol

La mayoría de los grupos concentrados en la plaza Luis Rosales permanecieron toda la tarde sin botellas por miedo a ser reprendidos por los agentes de la Policía
LAURA UBAGO

CENTRO. Vacío. Los agentes se hicieron los amos. /L. RIVAS
CENTRO. Vacío. Los agentes se hicieron los amos. /L. RIVAS
A los jóvenes 'granadinos' les faltó, ayer tarde, ir repeinados y oler mucho a colonia. Todos los presentes en la plaza Luis Rosales -único punto de encuentro para el botellón diurno, para el 'barril'- se comportaron como auténticos 'niños buenos': obedientes, silenciosos, limpios las multas del día anterior fueron el motivo de esta repentina conversión de diablos a angelitos.

«Granada tiene fama de ciudad sin ley. Aquí somos todos de fuera; venimos porque aquí se puede beber, aunque se está poniendo la cosa fea». José, a pesar de esta contundente declaración de intenciones, estaba ayer en el corazón de esa ciudad con fama de paraíso de 'perversión', sin botellas en la mano. Este chico no era, ni mucho menos, el raro de la reunión ya que, en el botellón del centro, hubo muy pocos litros de alcohol.

Aunque parezca inusual la presión policial y el miedo a tener que desprenderse de muchos euros convirtió durante la tarde, el botellón en un 'charletón': había grupos de jóvenes, conversaciones acaloradas, besos, abrazos, euforias, pero sin botellas. Sólo había charlas, diálogos, noticias, historias y chistes en aquella discoteca 'light' al aire libre. «Ayer -por antes de ayer- crujieron bien y hoy están muy severos. Si te ven con botellas te dicen que las tires de inmediato y no nos apetece tener que pagar por esa chorrada», explicó una joven. Hasta la propia Policía reconoció haber 'endurecido' sus medidas: «Tan sólo podemos combatir el botellón poniendo multas por la falta de limpieza y desalojar la plaza si se acumula un gran número de personas; sin ley, no podemos hacer más», reconoció un sufridor agente.

La plaza Luis Rosales se fue llenando poco a poco: muy poquito a poco. El reclamo era un barril organizado por uno de los locales de allí que mantuvo a la gente, en la puerta, haciendo cola durante horas. En realidad, no importaba mucho pasar a este pub, sino relacionarse y la cola -marabunta- era un buen sitio para hacerlo. Los Policías, agradables en ese ambiente tan receptivo, tenían el parque móvil en la plaza Isabel La Católica y se paseaban con tranquilidad por la el botellón. «Estamos utilizando todo el rato, el 'por favor' y está funcionando», confesaron los agentes. Algunos, los más atrevidos sí descorchaban sus botellas de cerveza o tinto de verano. Pero eso sí, todo sin rozar el suelo. «Tenemos los brazos 'reventaos' porque si pones las bolsas abajo es multa seguro», explicaba Sandra, a la que le había tocado cargar. Los que preferían refrescarse la garganta a secársela charlando, se escondieron en callejuelas cercanas para echar un trago en paz.

Y como el que cierra un local, como el que manda a sus niños a la cama, tocó el momento de poner fin a aquella extraña reunión de abstemios. Sería exagerado indicar que no había nadie bebiendo, pero los menos eran los grupos bebedores. La Policía indicó -pasadas las ocho de la tarde- que fuesen -«sin son tan amables»- abandonando la plaza. A uno de los jóvenes esta tranquila indicación le pilló aliviándose en uno de esos baños públicos que hay que echar una moneda. «Parece una máquina del tiempo», expresó a sus compañeros tras haber utilizado este habitáculo por primera vez en la vida y no un discreto rincón de la calle.

Así, los jóvenes, sin pena ni gloria, sin ruido, fueron abandonaron la Luis Rosales despacio, sin dar problemas. «Ahora iremos a casa a descansar; a ducharnos, a cenar; la verdad es que no merece la pena ir al Hipercor para un ratillo», declaró una joven. Cada uno se fue no sin antes quedar a gritos para la segunda convocatoria del día. «Esta noche intentaremos ir al centro, si no, nos iremos al exilio. Nos hemos portado bien, además lo de esta tarde ha demostrado que los jóvenes no sólo nos juntamos para beber. De cada grupo sólo suele ponerse uno 'malo', que conste», reflexionó Javi, defendiendo a su mansa manada.

La noche comenzó suave en la zona de Hipercor, en la plaza Einstein y en Neptuno, de donde fueron desalojados. Se preveía calma tras un día sin tormenta.

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