30/06/06 Del Acuario y del ruidoLeo con verdadero asombro las palabras que un periódico pone en boca de algunos responsables municipales, asegurando que se van a realizar pruebas de sonido y de vibraciones para comprobar el efecto que los conciertos veraniegos puedan producir en los nuevos 5.400 inquilinos del acuario. La preocupación de los responsables municipales por el daño que el ruido y las vibraciones originados por la música amplificada pueden causarles a los habitantes del acuario me parece, personalmente, muy loable. Aún así, debo prevenirles sobre la tarea a la que con tanto ahínco se han encomendado, ya que, por mi experiencia personal y la de la comunidad en la que vivo, les puedo asegurar que el camino que inician es largo y proceloso y está plagado de dificultades y es posible que conseguir su objetivo les cueste dinero, tiempo y salud. Si esta noticia se confirma, los vecinos de las calles del Marqués de San Esteban y de Rodríguez San Pedro podríamos pensar que los problemas que ahora tratan de evitarles a los peces y que, casualmente, son los mismos que venimos padeciendo nosotros desde hace tiempo, podrían tener pronta solución gracias a la inesperada mediación de los peces del acuario, que habrán conseguido terminar con el ruido y las vibraciones producidas por la música amplificada, con más eficacia que las denuncias de los propios vecinos. Agradezcamos, pues, la iniciativa municipal y, aprovechando que los problemas acústicos son comunes al ciudadano y a los peces del acuario, y visto que éstos van a recibir un tratamiento especial, sugeriría a los vecinos de las citadas calles y de cualquier otra afectada (que son muchas y muchos vecinos) que, a partir de ahora, en lugar de denunciar a los bares de música amplificada por motivos tales como incumplimiento de la Ordenanza del Ruido, falta de licencia municipal de apertura (aunque parezca increíble, este es un caso muy normal) o cualquier otra insignificancia, nos compremos una pecera y la pongamos en el portal de nuestra comunidad, y colguemos bien visible un cartel que diga más o menos: «Por favor, silencio. Peces en la pecera». Conseguiríamos dos objetivos: por un lado, defender la naturaleza (que buena falta le hace) y, por otro, que los vecinos podamos dormir tranquilos.
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