Gijón, 24/06/06 «Carusín» da negativo en decibeliosLa Policía Local tuvo que medir el ruido del canto de un grillo de unos residentes de la calle Río de Oro tras la denuncia de unos vecinosAlbina FERNÁNDEZ
«Carusín» montó un buen lío por excederse con el cri, cri, cri. El ya famoso grillo del inmueble número 50 de la calle Río de Oro es natural de Selorio (Villaviciosa) y ocupa sus nuevos aposentos, en la ventana del cuarto de baño del 4.º D, desde hace poco más de un mes. La situación no es nueva. María Nieves Rodrigo, su propietaria, trae cada primavera un grillo de Selorio para la misma ventana, porque necesita de su cantarina alegría para no amodorrarse por el aburrimiento de las tardes en soledad. Pero a los dos adolescentes que viven en el 4.º A les molesta tan monótona canción para concentrarse en sus estudios, y sus padres quieren que «Carusín» desaparezca de la ventana. «¿Qué he hecho yo para que me pongan un grillo que molesta a los críos?», se pregunta la vecina del 4.º A. La réplica llega desde el 4.º D. «El problema no son los niños, es ella. Y si a ella le molesta, a mí me alegra, así que ahí se va a quedar el grillo todo el verano, a no ser que esta mujer me traiga un certificado de que está psicológicamente mal. Entonces lo quito. !Faltaría más!», dice María Nieves en tono muy serio. El asunto parece de risa, pero se está enconando peligrosamente. El primero en mediar fue el presidente de la comunidad, pero sin ningún éxito. Un intento de solucionar el conflicto «de tú a tú», entre vecinos, acabó, primero, en insultos; después, en la quema de un timbre con la correspondiente denuncia en la Comisaría, y, por último, en la ruptura definitiva de las negociaciones. La cosa se puso seria y el jueves, a las 18.00 horas, la madre de los adolescentes requirió a la Policía Local para que midiera con un sonómetro el ruido del canto del grillo. Los agentes trataron de quitar hierro al asunto, pero no hubo forma y tuvieron que medir. El ruido no llegó a los 28 decibelios del positivo (se quedó cerca de los 24), pero los vecinos del 4.º A no cejan en la lucha y ya pusieron el asunto en manos de un abogado. «Vamos a ir por lo legal, porque nuestros hijos tienen derecho a estar tranquilamente en su habitación sin que sea el grillo de la vecina el que marque sus horas de descanso», alegan. Desde el 4.º A se mete el dedo en la llaga: «Ellos dicen que les gusta oír cantar al grillo, pero cierran la ventana y me lo ponen a mí», dice la mujer. Aún así, lanza un mensaje conciliador: «No queremos que lo maten ni que lo tiren, sólo que lo metan en casa o lo cambien de ventana, porque está molestando a dos menores y es una falta de respeto». Pero María Nieves Rodrigo está muy firme. «El año pasado ya se empecinó con el grillo y lo quité porque mi marido era el presidente de la comunidad y no quería líos, pero este año no se mueve de ahí. A ellos no les gusta pero a mí me apasiona, y si me falta es como si me faltara el aire. Además es sólo por el día, porque por la noche lo retiro. Esto es de chiflados». Y adelanta que no lo cambiará de ventana. «Ésa es la única que tiene sol, que es lo que necesita el grillo para cantar. No hay más que hablar», zanjó. María Nieves denuncia que desde el 4.º A se «jugó sucio» contra el animal. «El domingo, cuando llegamos, estaba la ventana llena de bolas de papel mojado que utilizaron para intentar derribar la jaula, y aún quedan algunas bolas en el patio como prueba, pero no lo consiguieron». La guerra de bolas de papel, de denuncias y de insultos durará, al menos y si el juez no lo remedia, hasta el mes de septiembre, que es cuando suelen morir los grillos después de perder sus alas de tanto cantar. «Carusín», mientras tanto, guarda silencio. Ayer no estaba de humor. El día amaneció nublado y no cayó ni un mal rayo de sol que animara a entonar el armonioso cri, cri, cri. Pero el verano acaba de empezar y vendrán días más agradables para unos, y desesperantes para otros.
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