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04/06/06

Una niña, enferma por los aviones

El 8 de abril cumplió dos años y Anita ya padece una importante enfermedad. Vive en la urbanización de Ciudalcampo, en San Sebastián de los Reyes, dónde sus padres compraron un chalé del que aún les quedan por pagar más de 23 años de hipoteca.

En el caso de Ignacio y su mujer no fue la llegada de su hija lo que les cambió la vida. Desde el 5 de febrero, fecha en que comenzó a funcionar la T-4, la niña desarrolla una patología denominada «petequias» que suele aparecer en enfermos de meningitis, leucemia o, como en el caso de Anita, en las personas que padecen un estrés agudo. El paso de un avión sobre el techo de su casa provoca en la niña un intenso llanto, llora con tal fuerza que los capilares de la cara, el cuello, los pies y las manos se le revientan cubriendo su cuerpecito de granitos y ronchas rojas, una enfermedad que le obliga a recibir tratamiento psicológico a tan temprana edad.

Ésta pareja está ya desesperada, los meses que tardaron en dar con el diagnóstico del problema de Ana fueron un auténtico calvario que allí no hizo más que empezar. Los peores días para la pequeña son aquellos en los que Barajas trabaja con la configuración sur, el veinte por ciento de los días del año, y que obligaría a esta familia a vivir más de dos meses fuera de su hogar. «Cada vez que cambia la configuración salimos corriendo a casa de los abuelos. No podemos hacer otra cosa pero así no se puede», se lamenta Ignacio mientras Ana y su madre le esperan en casa soportando el ruido de un avión sobre su vivienda cada minuto.

De momento nadie le da una solución a su caso. «En AENA me dicen que me cambie de casa. La tengo en venta pero quién va a querer vivir en esta situación. Además, el paso de los aviones ha devaluado mucho los precios en la urbanización y todavía me quedan muchos años para terminar de pagar ésta casa», señala Ignacio, quien ya a acudido con su caso al Defensor del Menor y al Defensor del Pueblo.

De momento Anita no puede jugar en su casa como los niños de su edad, no vive pegada a una muñeca o a un osito de peluche; Ana vive pendiente de unos cascos que la insonorizan y la protegen del ruido de los aviones, su fobia. La vida de una niña pendiente del ruido que hacen unos aviones que no ve.

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