Santa Cristina, 28/02/06 Campanadas a medianocheEl reloj del Ayuntamiento de Santa Cristina interrumpe el sueño de los huéspedes de una posada al sobrepasar el nivel de decibeliosI.R.
Un refugio en plena meseta castellana, situado a las orillas del río Órbigo, en un entorno rural en la ruta al Lago de Sanabria y próximo a las Lagunas de Villafáfila y el monasterio de Moreruela. Así se podría definir la posada rural que hace unos meses abrió sus puertas en Santa Cristina de la Polvorosa y que en poco tiempo se ha encontrado con un escollo que se puede llamar pequeño o grande, según se vea: el reloj del Ayuntamiento, del que solo le separa una carretera. «Puedes tomártelo a risa pero lo cierto es que molesta y bastante», explica el propietario de la posada, David Sobejano. Y aclara «el reloj da las horas y las medias de noche y de día. Las horas las repite dos veces, de manera que a las campanadas correspondientes, tres minutos más tarde se vuelven a repetir otras tantas». No quiere polémica en el pueblo, que es el suyo, aunque ha vivido muchos años fuera y comenzó a pernoctar en la localidad cuando decidió restaurar la antigua casa de labranza de la familia para convertirla en un establecimiento hostelero. «Me quedaba a dormir en casa de mi hermana y entonces me empecé a preocupar por el reloj, porque me molestaba y no pegaba ojo», aunque reconoce que es cierto que los que allí viven habitualmente no han tenido problemas para conciliar el sueño y olvidarse del reloj. «Pero cuando no estás habituado, te desvela», y así ha ocurrido con algunos de sus primeros clientes. Incluso ha habido quien lo ha dejado reflejado en el libro de visitas como el único inconveniente que ponerle al establecimiento que en lo demás no recibe más que aplausos. Hace un año, el propietario de la posada planteó este problema al alcalde, quien le dijo que lo estudiaría. Esperó un tiempo pero la solución no llegaba. Habló con el encargado de mantenimiento del reloj y la solución entonces se cerraba porque no había posibilidad de modificaciones o, por lo menos, ese es el mensaje que le dieron. El pasado mes de julio optó por hacer una petición por escrito al Ayuntamiento. Se le contestó en siete días que la Comisión de Gobierno estudiaría el asunto. No ha habido más avances. La situación se hace cada vez más molesta, por lo que el afectado considera que se debe actuar al respecto. Ha hecho una inversión y no pide nada del otro mundo: poder dormir y mantener un negocio en el que ha invertido su dinero. Opta entonces por encargar una medición de los ruidos y la respuesta que obtiene es contundente. A las cinco de la tarde, el reloj tiene un sonido en la plaza de 81 decibelios y en el interior de la posada de 66. En zona residencial se permiten 55 de día y 45 de noche en el interior. El día 13, un escrito firmado por su abogado intentaba avanzar de nuevo hacia una solución. El pleno trata esta cuestión el pasado viernes, pero solo se acuerda una nueva medición y el mantenimiento del reloj tal como está.
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