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Vilagarcía, 01/01/06

La policía se debate entre la impotencia y la inoperancia frente al "botellón"

Agentes de Vilagarcía relatan las dificultades con las que se encuentran casi a diario para atajar el creciente vandalismo
Manuel Méndez

Policías vilagarcianos coinciden al señalar que hacen lo que pueden, reconocen que a veces su intervención no es suficiente, asumen que sería ideal un aumento de efectivos y advierten de que la ley del menor ampara en exceso a los adolescentes que hacen sus primeras incursiones en la delincuencia, mientras que desprotege al conjunto de la ciudadanía. Esta lectura sobre su capacidad de respuesta frente al creciente vandalismo puede hacerse extensiva a los demás municipios de O Salnés y del Ullán, pues todos ellos padecen el mismo problema y, de un tiempo a esta parte, todos se ven incapaces de poner freno a los destrozos directa o indirectamente relacionados con la movida y el botellón.

La actuación policial y política se mueve entre la impotencia y la inoperancia, por eso las dudas son muchas cuando tratan de encontrar soluciones satisfactorias. Y mientras tanto el sentimiento de inseguridad se apodera de la población y la preocupación va en aumento.

En el caso concreto de Vilagarcía de nuevo vuelven a surgir dudas sobre el papel de la Policía Nacional, "que en muchos casos no interviene dejando toda la carga de trabajo y toda responsabilidad a la Policía Local", declaran en este último cuerpo.

Así lo avalan fuentes policiales del concello, que aseguran que durante los fines de semana "la Policía Local se ve totalmente desbordada, hasta el punto de que algunos agentes presentan cuadros de fuerte estrés a causa de la presión a la que se ven sometidos y los problemas derivados de la ley del menor, que protege al gamberro de turno y desprotege al ciudadano de a pie".

Entre los agentes de la Policía Local consultados hay algunos que dicen que deben tener un extremo cuidado cuando actúan en casos de gamberrismo o en delitos en los que están implicados los menores. "No los podemos esposar, no los podemos coger del brazo con excesiva fuerza, no los podemos recriminar en un lugar público para evitar que los vecinos los vean... debemos andar con los jóvenes entre algodones -relata la policía-, y aún así después tenemos problemas con algunos padres que vienen y nos llaman la atención, a veces airadamente y delante de los propios críos; les explicamos que sus hijos han cometido un delito importante, y los padres los justifican diciendo que son cosas de niños".

En ocasiones "la protección que tienen con la ley del menor hace que algunos adolescentes se sientan impunes y repitan gamberrada tras gamberrada hasta cumplir los 18 años; cuando llegan a esa edad algunos se lo piensan dos veces, pero otros ya se han consolidado como delincuentes habituales".

En la Policía Local de Vilagarcía son conscientes de que cuando se habla del botellón y sus consecuencias hay que diferenciar entre los adolescentes que simplemente tratan de pasárselo bien sin meterse con nadie y aquellos otros que se introducen en esas pandillas para desestabilizar y cometer delitos.

Entre esos alborotadores también hay distintos grupos. Por un lado están los considerados delincuentes, ya consagrados, que incluso empiezan a trapichear con drogas. Suelen estar liderados por algún mayor de edad -entre 18 y 22 años- y entre sus diversiones fundamentales está el robar coches, normalmente algún Opel Kadet, con los que se dedican a conducir de forma temeraria en una especie de rallyes que improvisan en zonas como el Monte Lobeira. No les importa destrozar lo que sea o lanzar piedras y botellas contra edificios e incluso coches policiales.

Un segundo tipo de alborotador juvenil es el representado por chicos que compiten entre ellos para ver quién comete el mayor destrozo, quién hace una pintada en la zona más arriesgada e incluso para determinar quién es el "más valiente" a la hora de plantar cara a la policía.

Todo eso ocurre mientras en la Nacional hay agentes llegados de otras procedencias que aseguran que allí tenían mucho más trabajo que en Vilagarcía, donde parecen estar más limitados "y suelen acudir sistemáticamente a nosotros para que actuemos", confirman en la Policía Local.

El reciente robo de un quiosco a escasos metros de la sede de Policía Nacional o el destrozo de mobiliario urbano y jardines frente a la propia Comisaría son acciones que siembran muchas dudas, sobre todo porque las nuevas instalaciones policiales están dotadas de cámaras de seguridad en todo su perímetro.

"Pero parece que no tienen gente, sobre todo porque si hay un detenido tienen a un agente custodiándolo, a otro tomándole declaración, a un tercero en la puerta y al cuarto vigilando las cámaras de seguridad... si hay que actuar en la calle de noche requieren a la Policía Local", lo que hace que las actuaciones durante el fin de semana y en pleno botellón "correspondan casi exclusivamente a nuestro departamento, sobre todo porque la Guardia Civil tampoco actúa en el casco urbano", indicaron agentes municipales.

Los policías locales consultados opinan lo mismo que muchos vecinos al indicar que uno de los problemas fundamentales estriba en la mala educación que algunos padres dan a sus hijos, "sobre todo en casos concretos en los cuales los propios padres tienen ya antecedentes policiales... sus hijos tratan de seguir sus mismos pasos".

Tras reclamar una mayor implicación de la Fiscalía del Menor, "porque se está haciendo un flaco favor a los chicos haciéndoles creer que la propia ley ampara sus delitos", en la Policía Local animan a los vecinos a denunciar más y mejor, es decir, a dejar a un lado el miedo a represalias por parte del delincuente de turno. En algunos casos hay vecinos que presencian delitos y no los denuncian por el miedo que tienen, e incluso porque no quieren verse implicados como testigos en un procedimiento judicial.

Esta circunstancia también merma la capacidad de respuesta policial. Como ejemplo explican: "Si alguien ve a un joven destrozando una farola y llama a la policía nosotros nos desplazamos al lugar de los hechos.... si al llegar vemos al individuo de brazos cruzados pegado a la farola no podemos detenerlo y acusarlo del destrozo aunque creamos que ha sido él si resulta que el vecino denunciante no se compromete a declarar y testificar en contra del delincuente identificándolo como el autor del destrozo".

La falta de colaboración ciudadana en casos así hace que en ocasiones la policía acuda al lugar de un delito y no pueda hacer nada, por lo que el denunciante se queda con la sensación de que los agentes no le hicieron caso alguno. "No es eso, lo que pasa es que debemos tener pruebas y testigos", relatan los policías.

Todo lo dicho hasta aquí demuestra que la situación no es fácil de resolver. Y mientras tanto el botellón se seguirá repitiéndose cada fin de semana dando origen a graves consecuencias para las personas -cuya calidad de vida disminuye en las zonas de movida- y para los bienes materiales, que sufren duros ataques y destrozos.

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