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ENTREVISTA // VICTÒRIA CAMPS - CATEDRÁTICA DE ÉTICA
Barcelona, 21/09/05

"Frente al incivismo, más normas y coacción"

  • Dice que la existencia de reglas crea un sentimiento de vergüenza muy eficaz

    NÚRIA NAVARRO

  • Victòria Camps
    Barcelona, 1941

    Vicepresidenta del Consell de l'Audiovisual de Catalunya

    El ayuntamiento sigue preocupado por el incivismo. El ruido, las basuras, las pintadas, la destrucción de mobiliario urbano, las cacas de los perros, los orines de los humanos... Demasiados frentes y todos a la vez. La catedrática Victòria Camps, miembro de la comisión cívica municipal, tiene las ideas claras.

    --¿La alarma tiene fundamento?

    --Desde la transición, hay una cierta dejadez por parte de la Administración, la familia y la escuela en la exigencia al ciudadano de buena educación. Y quizá en los últimos cinco años, Barcelona se ha deteriorado más, pero ¿con qué la comparamos? Hace 50 años no había papeleras...

    --Quizá sea bueno definir civismo.

    --Son los mínimos que una sociedad debe pedir para que las personas se respeten entre sí y respeten las cosas que son de todos. En una sociedad individualista, con muchas libertades y abocada al consumo, la tendencia es hacer lo que nos interesa con el mínimo esfuerzo. Para inculcar civismo, debe haber normas. Las normas crean el sentimiento de que hay un orden y genera vergüenza cuando las cosas no se hacen bien.

    --Eso de la vergüenza suena al viejo discurso religioso...

    --Es que el papel de inculcar unas actitudes y de hacer sentir culpa si no se cumplen que desempeñó la religión hoy no lo hace nadie. Ni la familia ni la escuela ni la Administración ni la televisión... Es una obligación de la democracia enseñar a utilizar bien las libertades, para que no se ofenda al otro.

    --La concejala Subirats se queja de que la campaña no surte efecto.

    --El civismo no es algo que se impone en uno o dos años. Los hábitos se adquieren de una forma lenta. Y de momento, se ha limitado todo a las campañas, y las campañas convencen a los que ya están convencidos. El que se orina en la calle no hace caso de las campañas.

    --Pues esos son los que preocupan.

    --Insisto. Frente al incivismo son necesarias más normas y coacción.

    --¿Vivimos en la deriva moral?

    --No. Pero se ha impuesto un pensamiento seudoprogresista que ha identificado cualquier exigencia, presión o intervención con dogmatismo injustificado. Y eso no es así. Pedir que las personas se respeten es el mínimo que se puede pedir. ¡Y pedir es exigir!

    --Educar suena más amable.

    --La educación es importante, pero no sólo es cosa de familia y escuela. También es educación que te pongan una multa.

    --No lo diga usted muy alto, mujer.

    --¿Cómo se logró que los jóvenes se pusieran el casco con la moto? Si queremos que la gente adquiera hábitos tiene que haber presión. Yo creo en la inmersión en el civismo. Hay que bombardear a los ciudadanos con la necesidad de ser cívicos. Por todas partes. Incluida la tele.

    --¿Con programas sobre urbanidad y eso?

    --(Ríe). En televisión, el respeto a las personas no existe como valor. Los valores que enseñan series como El cor de la ciutat, las tertulias radiofónicas y hasta los dibujos animados dejan mucho que desear.

    --Barcelona se ha querido turística. Y el turismo erosiona.

    --El turismo sólo complica las cosas. No se puede permitir que hagan aquí lo que no hacen en su casa. Pero eso es algo muy controlable.

    --En Grecia no había tours, pero ya hablaban de civismo, ¿no?

    --Aristóteles decía que la ética tenía que ir dirigida a hacer buenos ciudadanos. Y hacer buenos ciudadanos es formar en las personas un carácter que sea adecuado para vivir en comunidad. Maquiavelo recogió la idea aristotélica de virtud.

    --Maquiavelo era de línea dura...

    --Pues hoy se recupera la idea de las repúblicas del renacimiento. Se insiste en que una república es una comunidad en la que la gente tiene conciencia de la res publica, de vivir en un mundo que necesita valores comunes y compromisos con esos valores. Está bien que el valor fundamental sea la libertad, y que se busque la justicia, pero también hay que intentar no ser tan egoístas.

    --Total. ¿Usted vive en la ciudad que quiere?

    --Todos somos responsables de que la ciudad sea la que queremos. Pasar la pelota a las autoridades no es manera de funcionar en democracia. Esta ciudad ha generado orgullo, pero ese orgullo hay que sostenerlo por razones adecuadas. Quizá Barcelona ha tomado una dirección de estética artificial, que no va dirigida a que la gente se sienta bien. Prima el diseño sobre la comodidad.

    --Regale un eslogan por el civismo.

    --Al ciudadano le diría: "No ofendas a nadie con tu comportamiento". Pero tengo una para la Administración: "Piensa en el ciudadano".

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