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RUIDO DE MOVIDA Y VANDALISMO
Santiago de Compostela, 18/09/05

La jarana nocturna y los vagabundos vuelven a 'caldear' el Casco Histórico

REDACCIÓN
Movida en Plaza de Cervantes
La plaza de Cervantes vuelve a convertirse a diario en el punto preferido de reunión para numerosos marginales y vagabundos./ Cris Tobío

El ruido de la movida y el vandalismo acaban con la paciencia de los vecinos y comerciantes del Casco Histórico. La almendra ha experimentado en los últimos años un avance incontestable en cuanto a mejoras urbanísticas. Gracias al esfuerzo del Consorcio y del Ayuntamiento poco a poco se están rehabilitando rúas y rincones de gran valor monumental.

Las ayudas a la recuperación de viviendas han logrado también romper la tendencia que amenazaba con convertir la ciudad vieja en un barrio fantasma por la progresiva pérdida de población. Hoy es una de las zonas más cotizadas con precios que superan loscuatro mil euros el metro cuadrado en viviendas rehabilitadas.Pero vivir en no pocas rúas se ha convertido en una pesadilla para muchos vecinos. Recientemente el Ayuntamiento ha declarado seis calles zonas saturadas prohibiendo la apertura de nuevos locales de copas. Aunque el ruido de la movida afecta a más vías, según denunciaba recientemente la asociación de vecinos del Casco Histórico.


Desesperación

La desesperación hace que algunos afectados emprendan una guerra personal contra los que le quitan el sueño. Es el caso de los residentes cuyas ventanas se asoman al callejón de Entre Algalias, que optaron por lanzar cubos de agua a la calle para disolver los grupos que no les dejaban dormir. En la placita, llena de pintadas, además hay tráfico de drogas, según denuncian los vecinos que en ocasiones han recogido jeringuillas en este maltratado rincón del Casco Histórico.

En la plaza de Cervantes la sensación de inseguridad es mayor. Tras unos meses de relativa calma los soportales han vuelto a convertirse en un punto de reunión de vagabundos y toxicómanos. Los gritos son constantes y el miedo a una agresión está latente en muchos residentes, sobre todo en los de edades más avanzadas.

“Para poder entrar en casa tengo que pasar por encima de los que se tienden a dormir frente al portal”, señalaba una vecina. Las quejas de los residentes no son nuevas. Desde hace ocho años se repiten con periodicidad. Cuando se registra alguna agresión o la tensión crece en la zona la Policía aumenta su presencia en la plaza hasta que los marginales, hartos del acoso, optan por buscar otro lugar más tranquilo.

Así sucedió hace dos años. Después de que un camarero de un bar próximo sufriese una herida por arma blanca cuando trataba de impedir el robo al teléfono público del establecimiento, los hosteleros amenazaron con patrullar ellos mismos la zona para poner freno a las agresiones y amenazas. Antes ya había sido golpeada una vecina.

Agentes de la Policía se personaron entonces a diario en la plaza pidiendo identificaciones. Dos años después, pasado el Jubileo, la presencia de los cuerpos de seguridad se ha reducido en la zona monumental y la tensión está volviendo a subir en Cervantes.

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