Sevilla, 12/09/05 Precintos contra la 'botellona'Fernando Pérez ÁvilaUn precinto policial enrollado entre árboles y bancos circunda a medianoche del sábado la Plaza del Cristo de Burgos e impide el paso y la concentración de personas. Fuera del círculo una decena de agentes de la Policía Local y de la Nacional identifican a los viandantes y a los vehículos que circulan. Se centran en los ciclomotores. La grúa municipal, estacionada frente a la estatua de Santa Ángela, lleva cinco motos retiradas y tiene capacidad para trasladar al depósito más de 25 de una vez.A unos metros, parapetados tras un quiosco o tras una cabina telefónica, aguardan varios grupos de jóvenes. En el suelo permanecen bolsas de plástico blancas en cuyo interior se adivinan los colores rojos de Coca-Cola y, más ocultas, menos voluminosas, etiquetas de una selecta licorería. En San Pedro, Cacique y Legendario ganan la partida a JB y White Label en la batalla del ron contra el agua de fuego. Las baldosas se humedecen con el líquido que rezuma de otras bolsas, el hielo se derrite y la Policía no se va. Esta noche no hay botellona en el Cristo de Burgos. Es la primera medida de la temporada, el primer gesto de un Ayuntamiento que pretende convertir la lucha contra la botellona en uno de los objetivos centrales del nuevo curso político. El gobierno local ha reconocido esta misma semana que no dispone de medios suficientes para combatir con éxito este tipo de fenómenos, sobre todo de cara a la entrada en vigor de la nueva ley andaluza que dota de competencias a la administración municipal para sancionar a los que beban alcohol en la calle, que estará lista aproximadamente para el año 2008. El Estado ya ha anunciado que ayudará al Consistorio en lo que necesite. No es sólo una promesa. Varios dispositivos de seguridad formados por agentes de la Policía Nacional y de la Policía Local recorren cada noche las zonas de movida de la ciudad identificando a personas y vehículos y levantando actas por posesión de drogas y armas blancas. De momento es imposible multar por beber en la calle, pero se les impide hacerlo en San Pedro y también en Blanco White, la plaza de la Buhaira que más ha sufrido los efectos de la botellona en los últimos años. "Esta es una buena forma de velar por el patrimonio de la ciudad, impedir que aquí se concentre la gente a beber", explica uno de los oficiales de la Policía Local. Su visión difiere bastante a la de los afectados. Los que no pueden tomar una copa en San Pedro sí que pueden quejarse mientras se les derrite el hielo. Entre ellos hay un grupo de estudiantes de Bellas Artes que celebran con alcohol el final de los exámenes, aprobados, de septiembre. "Me pregunto si esto es legal, cerrar una plaza e impedir que pase nadie. ¿Y si viviera en la acera de enfrente? ¿Qué tendría que hacer? ¿Dar la vuelta a toda la plaza para llegar a mi casa? No sólo eso, imagina que me he comprado un helado ahí y me lo quiero comer sentado en un banco. ¿Tampoco puedo?". Quien así se explica se identifica como Fali, nada más, "porque tampoco es que me apetezca mucho salir bebiendo en un periódico". Habla y señala a Rayas, la célebre heladería de la acera de enfrente, en cuyas puertas sí que hay una concentración multitudinaria. Ricardo y Javier, compañeros de estudios, llevan más allá sus protestas. "Junto a mi casa hay una academia de baile de salón donde no paran de dar taconazos hasta bien entrada la madrugada, y allí no ha ido nunca la Policía, que yo sepa", dice uno. "Lo divertido de esto es que luego hay una pelea, los llamas y no aparecen", comenta otro señalando con desdén a los agentes. Cuestiones legales aparte, los jóvenes optan por marcharse del lugar al comprobar que nadie va a retirar la cinta durante la noche. La señal parece darla una patrulla de Lipasam que se acerca a limpiar la plaza sobre las doce y media. En el lugar quedan algunos restos de botellas de los grupos que empezaron la noche demasiado pronto, antes de que los policías colocaran el precinto y las vallas y que tuvieron que ser desalojados sin que se registrara ningún incidente. "En Blanco White no hay nadie tampoco", comenta el oficial, "así que nos vamos para el P-3". El aparcamiento de la Feria ha sido en los últimos meses escenario de concentraciones masivas de jóvenes. No es el caso de este fin de semana, cuando sólo hay una veintena de personas. El ambiente es distinto al del Cristo de Burgos, la mayoría de los que hay en esta zona de Los Remedios son menores. Cortes de pelo extravagantes, calzado deportivo, ropa holgada, pendientes y tatuajes en los chicos, prendas ceñidas, pantalones de campana y mucha bisutería en las chicas. Todos están en regla, a nadie lo busca un juzgado y las motos son de su propiedad, tienen seguro y carné. Sólo una joven fuma un porro y lo tira al suelo cuando llega la Policía. El agente lo encuentra con una linterna y la denuncia por posesión de estupefacientes. El acta provoca la falta de respeto de un miembro de la pandilla. "Si encuentras algo más, me lo pasas", desafía uno de los jóvenes al agente. Éste le cierra la boca con una simple mirada. Antes, la Policía Local para a un vehículo en la glorieta de los Alféreces Provisionales, lugar clásico de botellonas que tampoco hoy está muy concurrido. Un Ford Focus se ha saltado un semáforo a la entrada del puente de Los Remedios y su conductor no lleva cinturón. Un agente le indica que se detenga a la derecha y le pide la documentación. El maletero del vehículo contiene un gran bafle. El dueño se ha librado de una multa de hasta mil euros por unas semanas, ya que el Ayuntamiento quiere aprobar en octubre las sanciones a los coches discoteca. De lo que no se ha librado es de pagar 150 euros por no llevar cinturón y de otra multa más de entre 60 y 125 por saltarse un semáforo. El policía rebusca bajo los altavoces y descubre un hacha de mano con la hoja oxidada. "¿Por qué lleva esto?", pregunta el agente. "Es que soy leñador", responde el conductor del Focus. "Leñador, ¿no?¿y en qué empresa trabaja usted?". "En una". "¿Me puede decir el nombre, por favor?. "Es que ahora no lo recuerdo". "Lo siento, le tengo que intervenir el hacha y levantarle un expediente por tenecia de armas blancas. Si quiere recuperar el hacha puede acercarse mañana a los juzgados, donde quedará depositada". Cuentan los agentes que se han encontrado con las excusas más peregrinas, que ésta es sólo una más. "Lo peor es cuando empiezan a insultarte, con algo así hasta te puedes reír por la cara que le hecha la gente". Como si sus palabras fueran un presagio, un joven se juega el arresto lanzando improperios minutos después cuando la Policía le retira la moto en la Cartuja. Arroja el casco contra el suelo, insulta su novia y golpea su moto. Hará falta algo más que un precinto en una plaza para aplacarle.
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