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Cádiz, 06/11/05

El ocio juvenil mueve en la Bahía 500.000 euros a la semana


jorge zapata. Surtido. Jóvenes utilizan bebidas previamente transportadas en bolsas.
ANA DE ANTONIO

Cerca de 30.000 jóvenes participan en la movida las noches del jueves, viernes y sábado en el conjunto de la Bahía gaditana y la mayoría se concentra en Cádiz. Gran parte de ellos todavía estudia y no tiene recursos económicos para salir cada fin de semana a bares y discotecas. En estos locales, una copa oscila entre 3,50 y 6 euros. Sin embargo, si se opta por el botellón, por ese mismo precio se pueden tomar tres o cuatro copas. O más. Si cada miembro del grupo aporta esa cantidad, la colecta es suficiente para comprar las botellas de alcohol, los refrescos, los hielos y los vasos. Y si sobra, algo para picar. En total, poco más de 10 euros sería suficiente para pasar la noche, la mitad de lo que necesita un joven si en lugar de hacer botellón entra en los bares.

A los jóvenes de Cádiz se unen quienes llegan de otros municipios, como San Fernando, para salir por la capital y, por tanto, gastan dinero en el transporte. En caso de que cada joven de la Bahía gaste como media entre 15 y 20 euros cada noche, se podría decir que en torno a los 500.000 euros se mueven en la Bahía cada fin de semana a costa de la movida juvenil, la mayoría generado en la capital gaditana. Si a esto se suman los casi 9.000 euros que le cuesta cada fin de semana al Ayuntamiento de Cádiz la limpieza de las zonas de la movida, más el presupuesto que destinan otros municipios de la Bahía, más de 510.000 euros circulan cada semana en la Bahía gracias al ocio de los jóvenes, es decir, alrededor de 80 millones de pesetas. A esta cifra se suma el coste que supone a cada municipio el vandalismo: el destrozo de papeleras y contenedores rotos o quemados, macetones estropeados, plantas y arbustos arrancados, jardines pisoteados...

"Hace años, yo salía tranquilamente con mi novia a dar una vuelta, al cine, y llegaba pronto a casa. Ahora, están hasta muy tarde en la calle". Así resume un vecino de Cádiz el cambio que ha sufrido la forma que las nuevas generaciones tienen de pasar su tiempo libre. Esta transformación ha conseguido que en la actualidad el botellón concentre en una plaza de menos de 700 metros cuadrados cerca de 4.000 personas cargadas de botellas de alcohol y dispuestas a pasar horas en el mismo sitio. Es el caso de la plaza San Francisco. La Policía Local estimó en esa cantidad la concentración de jóvenes en la zona de la movida en la noche del viernes al sábado.

Después de más de una década experimentado fórmulas sin resultado alguno para disuadir el botellón con planes alternativos y nuevas ofertas de ocio, el pasado mes de junio los alcaldes andaluces reconocieron por fin que nada podían hacer por separado. Necesitan el respaldo de la Junta de Andalucía y eso fue lo que solicitaron a Antequera (Málaga) en la primera reunión entre los regidores de las ocho capitales de la comunidad autónoma para abordar el problema y solicitar la implicación del Gobierno andaluz. De hecho, una de las reclamaciones más habituales de Teófila Martínez, alcaldesa de Cádiz, es que los ayuntamientos no tienen suficientes competencias y son otras instituciones las responsables de dictar medidas.

A raíz de esta reunión, la Junta de Andalucía tramita ahora el anteproyecto de ley que prohibirá el consumo de bebida y comida en la vía pública y que facilitará a los consistorios hacer frente al fenómeno del botellón. Cuando llegue el momento, esta prohibición –con sus sanciones correspondientes, que irán desde los 600 a los 600.000 euros–, se hará efectiva excepto en aquellos lugares que el propio Ayuntamiento especifique como excluidos, tales como terrazas o concentraciones derivadas de fiestas, ferias, verbenas, manifestaciones religiosas y otras celebraciones festivas de carácter tradicional.

Sin embargo, los ayuntamientos ya disponen de medios para paliar algunos efectos negativos de la movida. A través de sus ordenanzas municipales, ya pueden establecer prohibiciones a quienes participan de estas actividades en materia de ruido, ocupación de la vía pública y, también, respecto al lanzamiento de suciedad a las calles. De hecho, algunas ciudades ya están poniendo en marcha algunas de estas normas. También se esfuerzan por trasladar estas concentraciones juveniles a zonas alejadas del centro, una opción de la que Cádiz tiene forzosamente que olvidarse por carecer de espacio suficiente. Ya lo intentó en su momento con la Punta de San Felipe, pero esa iniciativa no ha conseguido paliar las reuniones en el centro. En cualquier caso, en el supuesto de que Teófila Martínez pretenda crear un botellódromo –una plataforma destinada a la concentración de jóvenes para el consumo de alcohol–, la Junta estudiaría el proyecto para una posible ayuda económica "como cualquier otro proyecto municipal", aseguran fuentes del Gobierno autonómico.

Madrid es uno de los ejemplos en los que se fijan varios de los protagonistas de este debate. En julio de 2002, se puso en marcha la Ley de Drogodependencias y Trastornos Adictivos que prohibe el consumo del alcohol en la vía pública y, poco más de un año después de su aplicación, el Ayuntamiento se enorgullecía al comprobar que el carácter disuasorio del aumento de agentes locales en la vía pública –cercano al 20 por ciento– se advertía en la actitud de los jóvenes.

Según un informe de un grupo de investigadores de la Universidad de Extremadura sobre Investigación sociológica del botellón, publicado en 2002, "el botellón no es un hecho conflictivo aislado. El contexto en el que se origina, la movida, es en sí misma un problema, configurándose el botellón como un exponente más. Al definirse fuera de los espacios social y legalmente sancionados, los jóvenes no se tienen por qué limitar a los precios, a los horarios ni a los espacios predeterminados.

Esto, además, le confiere al botellón una característica importante: la movilidad. Los jóvenes pueden hacer botellón en el lugar que decidan en función de sus posibilidades, necesidades y apetencias". Una de las consecuencias es que "se reduce el teórico control que ejercían los hosteleros sobre la edad de los consumidores". El informe propone "educar en la convivencia, dispersar el botellón haciéndose cumplir las normativas sobre ruidos o dificultar su desarrollo, alejar el botellón de las zonas residenciales, establecer servicios de transporte e instalaciones adecuados y, por último, establecer una hora de finalización del botellón".

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