REFLEXIONES SOBRE LA MARCHAGranada, 28/05/05Paraíso para borrachos, meones y piratasRUIZ MOLINERONO es que se viera venir, es que estaba claro y diáfano y no era necesario ser un vidente. En mi libro 'Granada, la bella y la bestia' ya recogía un artículo publicado en 1998 en este periódico sobre la degeneración de la fiesta de la Cruz, convertida en la 'fiesta de los meones'. Sobre estos individuos e individuas, los universitarios, burguesitos y clases medias de hoy, niños de papá, que enguarran la ciudad no sólo en fechas festivas, sino todos los fines de semana, y sobre la tolerancia de algunos sectores sociales, mediáticos y, sobre todo, de nuestras 'autoridades enanas' -Ganivet dixit-, sean del color que sea, he escrito tal vez demasiado, con el resultado de todos conocido. Como han escrito infinidad de ciudadanos.Ahora se asombran de que el fenómeno haya llegado hasta internet y Granada se haya convertido en el paraíso ideal para emborracharse, vociferar, mearse y cagarse en plena calle, ocupada sin ningún miramiento. Granada es única porque en ningún lugar del mundo les iban a permitir armar esos alborotos hasta altísimas horas de la madrugada, arrojar los vasos, los vidrios, las botellas, los papeles y la basura en cualquier sitio; destrozar jardines y parques -hasta el punto de tener que protegerlos con rejas y aún así no son suficientes-; convertir calles, plazas, portales, monumentos en auténticos lagos de orines que corren como si de pestilentes canales venecianos se tratase. Y es que es difícil encontrar en algún lugar del universo -incluyendo en los que no haya vida inteligente- autoridades tan incompetentes como las que a nivel local y autonómico hemos padecido y padecemos aquí. Si todo el monte es orégano, ¿quién se resiste a este poder de convocatoria? Dicen -otros lo niegan- que hay leyes que prohíben beber alcohol en las calles y fuera de los locales habilitados para tan loable fin. ¿Por qué no se aplican o por qué no se dictan? Dicen que hay normativas contra las meadas y cagadas en vías públicas. ¿Qué se hace para impedirlo? Dicen que los que destrozan mobiliario urbano tienen que pagar los desperfectos. ¿A cuantas personas se han multado por ello? Es verdad que tenemos unas policías a las que nadie hace caso. Y no ya sólo los nenes y nenas de papás que están seguros de que no se van a atrever a tocarles, ni siquiera a acercarse a multarlos, sino hasta los que, llegados de otros lugares, han convertido a la ciudad en un auténtico zoco tercermundista, vendiendo objetos ilegales suministrados por las mafias de la piratería extendidos en pleno corazón de la urbe. Yo, que suelo pasear casi todos los días por el centro de la ciudad, siento pena del aspecto tercermundista que ofrece con los 'top' manta ocupando prácticamente la calle Mesones a todas horas y hasta la mismísima Puerta Real. La policía local pasa lentamente de tarde en tarde, para que les de tiempo a recoger los bártulos y, en general, hacen la vista gorda aunque creo que no serán tan tontos para percibir que se ríen de ellos. Porque ni siquiera han doblado la esquina cuando de nuevo extienden su manto de discos piratas, prendas falsas, gafas y cuantos cachivaches puedan imaginarse. Desearía que a todas esas personas se les ofreciera otro tipo de supervivencia digna, a la que tienen derecho, sin tener que convertirse en esclavos de las múltiples mafias que viven de ellos. Lo que no puede tolerarse es esa permisividad, que todos se rían de los agentes, que el pitorreo sea la tónica general y que la autoridad, que se supone representan, sea incapaz de mantener un cierto aire de decoro público. En una ciudad turística, es un malísimo reclamo. Pónganse guardias de forma más permanente, recorriendo las calles que se sabe son convertida en zocos, y no que los veamos charlando tranquilamente en plena Puerta Real, mientras Mesones y el resto del centro está invadido, hasta el límite de que prácticamente es difícil andar por las vías públicas. Si esto es peatonalizar el centro, apaga y vámonos. Llevan razón las productoras discográficas y los que viven de la música de que a este paso van todos a la ruina. Y tienen razón los que tienen que pagar sus impuestos, un alquiler, para mantener una tiendecita que no puede competir, ni en precios, ni en lugar estratégico -el centro puro y duro- con la competencia de los piratas. Me atrevería a sugerir que estos comerciantes legales cerraran sus tiendecitas y sacaran sus artículos a plena calle, ocupando toda la ciudad, a ver que pasaba. Si los guardias iban a seguir lentamente paseando hasta que quitaran los bártulos, sólo hasta volver la esquina, y alcaldes, concejales y demás responsables de la cosa pública dedicándose a decir sandeces y a tirarse los trastos en los inútiles plenos municipales o a mantener el diálogo de besugos entre las instituciones que, se suponen, deberían tener responsabilidad en estos asuntos. Puestos a ser paraíso, podíamos ser reclamo en internet por ser una ciudad del siglo XVIII. Por ejemplo, los ciudadanos, en vez de hacer las necesidades en sus casas, deberían salir en masa a hacerlas en las puertas de sus domicilios, como sus nenes, y volver al ¿agua va! que anunciaba en aquellos tiempos el arrojo a la calle de algún bacín o palangana. Nada de recipientes para distintos tipos de basura, sino tirarla desde balcones y ventanas. Nada de irse a los bares, pubs y demás locales expendedores de bebidas, sino largarse con los vástagos de 'botellón' permanente. Así todo el mundo estaría despierto y las celebraciones como la de la Cruz de Mayo, la de la Primavera, el Corpus Christi y hasta los fines de semana serían días de convivencia familiar. Familia que se emborracha y mea unida permanece unida. Por ideas no será. Ya que la educación cívica ha fracasado totalmente y nuestras 'autoridades enanas' son incapaces de resolver los problemas, tal vez llegando a estos extremos consigamos que tomen cartas en el asunto. A lo mejor esta sería una forma de arreglar definitivamente el 'botellón': los nenes no aguantarían a sus papis y hasta abuelitos al lado y se marcharían a sus casas a dormir y a estudiar. Quizá mejoraría el nivel tan bajo que tienen los estudiantes españoles, respecto a los europeos. Y hasta es probable que buscasen otra forma de divertirse menos tonta y cochambrosa que la del 'botellón', que sería cosa ya de 'viejos'. Lo malo es que a los viejos les gustase su nueva vida.
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