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Córdoba, 26/05/05

Cuando la fiesta acaba en coma etílico

M. ROSO
Desde media mañana de ayer, las riadas de grupos de jóvenes invadieron paulatinamente el recinto ferial. El nexo común entre ellos eran las bolsas de supermercados llenas de botellas de alcohol, refrescos, vasos de plástico y cubitos de hielo.

A las seis de la tarde, cuando José Miguel Peccini comenzaba su turno de guardia en Protección Civil, decenas de grupos de jóvenes habían sellado a cal y canto la entrada a El Arenal haciendo botellón bajo la portada «más grande de la historia». «¿Había visto alguna vez a alguien haciendo botellón a las seis de la tarde? Yo no», comentaba asombrado José Miguel, quien admitía que a partir de ahora este fenómeno irá «in crescendo» hasta que termine la Feria.

El botellón en el recinto ferial ya se había detectado hace unos años. «Antes se ponían en la salida del río y a la orilla, detrás de la calle principal», señalaba José Miguel. Sin embargo, este año la alarma por el botellón se ha disparado. En la noche del sábado, los servicios de la Cruz Roja instalados en el recinto atendieron 40 casos de intoxicación y coma etílicos. «Este año ha empezado muy fuerte. Y todo hace suponer que irá a más», afirma preocupado José Andrés Jiménez, auxiliar de transporte sanitario y voluntario de la Cruz Roja.

La cifra de la noche del sábado se superó con creces a las seis de la tarde de ayer. En apenas cinco minutos, tres chicas entraban en el puesto de la Cruz Roja. «Los jóvenes de hoy no saben beber. Se ha perdido la cultura del vino y del buen beber, con tranquilidad y acompañado de una buena conversación», señala José Miguel. «Los chicos beben alcohol de mala calidad y mezclan mucho. Y claro, luego llegan las intoxicaciones etílicas y los comas. Creo que no son conscientes del peligro que corren pues se trata de una patología muy grave».

Mientras José Miguel cuenta sus impresiones sobre su trabajo en la Feria (cuenta con 17 años de experiencia), su compañero de guardia se tiene que marchar hasta una caseta cercana requerido por un guarda de seguridad. «Ahí viene otro más», comenta.

José Miguel empezó ayer su turno a las seis de la tarde sin saber a qué hora iba a terminar. «Puede que a las dos o a las tres de la mañana. Depende del número de emergencias y actuaciones pues estamos al servicio de lo que la Policía Local y la Cruz Roja necesiten».

Mientras este trabajador de Protección Civil habla preocupado de los efectos del alcohol en los más jóvenes, el número de «botellonas» aumenta en la portada. Tras las copas llegará el turno de los «cubalitros» y después la oferta «dos por uno» en cerveza de las casetas jóvenes y universitarias.

«Habría que tomar alguna medida, pero esto es muy difícil de controlar. En mi opinión, todo se solucionaría con educación. Pero aún así será difícil cambiar esta nueva cultura», indica José Miguel. «Yo no le veo sentido a venir a la Feria a emborracharse», añade.

La unidad móvil de Protección Civil permanece aparcada delante del puesto de la Cruz Roja esperando la llamada de emergencia, pues es casi imposible moverse por las calles del recinto ferial. En el interior de la carpa hospitalaria, unas jóvenes dictan los datos de una compañera convaleciente al responsable de hacer los registros. En el exterior, una ambulancia parte con urgencia camino del hospital. «Hay casos de intoxicación que se solucionan con reposo y una buena cantidad de suero. Pero los hay que precisan de ingreso hospitalario», explicaba José Miguel.

En las instalaciones de la Cruz Roja, hay una dependencia especial para los casos de coma etílico. Varias camillas y papeleras dispuestas en fila esperan a los jóvenes. Los voluntarios del servicio ya llevan trabajo acumulado pero son contundentes al afirmar que, para ellos, la Feria empezó ayer.

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