Granada, 05/05/05 OPINIÓN La Toma de GranadaAna Membrilla JiménezMe levanto el lunes y leo en el periódico: "Se han otorgado licencias a menos de la mitad de las cruces y barras que el año pasado. Habrá más control policial y se impondrá sanciones a las barras que pongan música tecno en lugar de popular. Llegan miles de jóvenes de toda España animados por la fiesta granadina y se organiza un macrobotellón en los alrededores de la Plaza de Toros". ¡Pobres vecinos!, pienso, pero a ver si ya han tenido bastante con lo de ayer y nos dejan pasar estos días con mediana tranquilidad, y hasta parece que el Ayuntamiento ha decidido tomar cartas en el asunto, de algo sirvieron las protestas del año pasado. Inevitablemente tengo que salir por la tarde, algo alentada por las noticias del periódico y pensando, ilusa de mí, que algo íbamos a recuperar del tradicional Día de la Cruz que con tanto cariño recuerdo de la infancia no tan lejana; familias, vestidos rocieros, sevillanas, el finito..., y una majestuosa Cruz engalanada presidiendo la fiesta. Sin embargo nada más salir a mi calle me encuentro con que ésta se ha convertido en un depósito de residuos humanos; sigo avanzando, confío en poder pasar de largo la plaza de la Universidad y seguir por San Jerónimo; imposible: gente bebiendo codo con codo, el suelo lleno de bolsas, cristales rotos... música disco y un coche de policía al lado, ¡estarán despistados!; retrocedo y cojo otra calle. ¿Cómo se puede estar tan borracho a las cinco de la tarde? ¿Quién dijo que el hombre es un animal racional? Me cruzo con un grupo de guiris que miran atónitos; ¡si, si, mirad, esto es España, esto es Granada, haced muchas fotos que esto en otro sitio no lo vais a encontrar, y que se os quite la gana de volver otro año, porque lo más inteligente estos días es salir por patas, porque representan la "toma de Granada", la toman y se la llevan porque poco queda de ella. A la vuelta decido coger otro camino, por la Gran Vía, me digo, estará tranquilo, ¡qué complejo de ilusa que estoy cogiendo!; imposible andar, me lanzo a la vía que si me pilla un coche seguro que es muerte más digna, no sin que antes me hayan lanzado un Calimocho encima; ni un réquiem por la bebida perdida y mucho menos un ¡perdona, qué torpeza la mía!. Ya me voy encendiendo de ira, y todavía habrá quien a la vuelta diga; ¡qué puentazo, he estado ciego todo el día!, cuando lo que salta a la vista y lo que en realidad piensan es: ¡Qué vida tan vacía la mía!. DÍAS DE CRUCES Y ORINES Eduardo M. Ortega Martín En estos días de cruces cuando la calle ha sido tomada por la marabunta botellonera, les relataré mi experiencia de cruzar las calles con gran dificultad, entre San Juan de Dios y la Plaza de la Trinidad, donde a duras penas podía transitar a las once de la noche entre multitud de jóvenes, excrementos, botellas, bolsas, y demás guarradas tiradas por el suelo. Pero lo que más me sorprendió es cómo en las callejuelas adyacentes, los chicos y las chicas desaguaban a toda prisa sus esfínteres vesicales, pues no cabía más licor dentro. Y tal era mi sorpresa que lo mismo veía a uno con la pija fuera, (sin temor a esconder las partes pudendas) que otra bajándose el pantalón para mear. Innumerables vómitos, orines o esnifaban a escondidas coca en el callejón. Me acordé entonces de los mitos de Hércules, y vino a mi memoria la limpieza de los Establos de Augias donde, gracias al desvío de unos cursos de los ríos Alfeo y Peneo, vertieron sus aguas en los establos llenos de estiércol del Rey Augias, los impetuosos torrentes barrieron la inmundicia largamente acumulada. El reino fue purificado de toda su fétida lobreguez. ¿Qué haremos con estos establos dejados por la calle de nuestros jóvenes amigos? ¿Tienen las instituciones una respuesta, y en especial su Ayuntamiento, y su concejal de juventud? Al respecto tengo mis serias dudas, pero es que al parecer aquí todo está permitido, y el macrobotellón no es una entelequia imaginativa, es algo, que como un enjambre, tipo marabunta, se puede posar en cualquier sitio o calle en cualquier momento. ¿Dónde queda de otro lado la libertad del vecino, la de los demás ciudadanos que no comparten el citado botellón? Se lo voy a decir con franqueza, queda en los talones, es decir en ningún sitio. Es por tanto muy lamentable, que estas bacanales cuasi orgiásticas, se hagan, no en honor de Baco, rey mitológico del vino, sino precisamente por una tradición de Alguien que murió por el rescate de muchos. Señores ciudadanos, esa noche, dadas las abundantes escorrentías alcohólicas de las calles, y ante la falta de lluvias, ¿estarían borrachas las ratas de las alcantarillas? Señor alcalde, alto, y que ahora proceda la brigada de limpieza, es el turno especial, el de las horas extras, pagadas por todos. ¿Pero queda verdaderamente algo de civismo y educación? DESOBEDIENCIA CIVIL Cándido Capilla Gómez La desobediencia civil no es acatar las leyes que crea en conciencia que no son justas ni morales. Como nos metamos en este camino vamos a poner en cuestión el Estado de derecho. ¿Es justo y moral que el patrón de una empresa se lleve la mayor parte de las ganancias de su empresa, y los trabajadores que son los crean la riqueza, se llevan un salario de miseria? No es justo ni cristiano que esto sea así, pero esto es lo que viene ocurriendo desde hace miles de años ¿Quién le pone coto a las ganancias de bancos y multinacionales? O cumplimos todos las leyes, o rompemos la baraja. A ver que es mejor para todos.
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