Granada, 05/05/05 OPINIÓN ¡Qué cruz!AgustínPOR mucho que se viera venir, la realidad ha superado a la peor de las pesadillas. Más de cien mil criaturas se dieron cita en la noche del lunes al martes en el padre de todos los botellones. No hubo plaza, calle, ni espacio en Granada que no se viera invadido por el alcohol, los gritos, los orines, las botellas estampadas contra el pavimento y la mierda en el más amplio sentido de la expresión. Ahora que caigo, lo de la mierda define perfectamente la tipología humana que anteayer se apoderó de la ciudad ante la pasividad más absoluta de nuestras autoridades, que nos vienen a decir aquello de que no hay más que resignarse ante lo inevitable.Se veía venir por activa y por pasiva. Por activa, ya que nuestro alcalde, ante la estupefacción de propios y extraños, se dedica a alentar al personal juvenil a disfrutar del botellón "tan bien organizado que tenemos" (se lo dijo Torres, hace unos meses a los chicos de Nuevas Generaciones del PP reunidos en Granada), elevándolo de esta forma a la categoría de atractivo turístico, casi al mismo nivel de la Alhambra o la Capilla Real, monumentos ambos qu,e a buen seguro, no han visitado en su vida –ni tienen intención de hacerlo– los cien mil cafres que dejaron la ciudad hecha un estercolero la noche del lunes. Por pasiva, ya que nuestras autoridades han decidido aplicar el dicho de 'relájate y disfruta'. Ya que han demostrado su más absoluta incapacidad a la hora de gestionar el 'botellón', han optado por mirar hacia otro lado y dejar que esos ciudadanos tan ejemplares que estamos criando entre todos se hagan dueños y señores de la ciudad cada vez que les sale de las narices. Pero digo yo que esas cien mil criaturas tendrán papás y mamás, que alguna vez en sus jóvenes vidas les habrán educado, o al menos lo habrán intentado, porque lo que parece claro es que, al margen de la inutilidad de nuestro políticos para solucionar el problema, su origen está en nuestros nenes y nenas, tan monos ellos, los cuales se creen depositarios de todos los derechos, pero sujetos a ningún deber y a quienes hemos convertido en unos auténticos tiranos, egoístas, insoportables, insolidarios e incapaces sociales. Ante semejante panorama, han sido muchísimos los granadinos que decidieron poner tierra de por medio sufriendo otra incompetencia no menos mayúscula, la de nuestras autoridades de tráfico, las cuales han vuelto a demostrar su inutilidad más absoluta a la hora de gestionar un puente, absolutamente previsto porque figura en rojo en el calendario y que ha convertido en una ratonera casi todas las vías de gran capacidad de nuestro país. Si nuestro alcalde invita al 'botellón' y el director general de Tráfico lo hace a quedarnos en casa, disfrutar de nuestras ciudades y no enredar con la carretera, debemos llegar a la conclusión que hablamos de dos lumbreras a las que el destino debería llevar por otros derroteros diferentes al servicio público, ante las condiciones que parecen apuntar para joder al personal.
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