Granada, 03/05/05 Toda Granada es una barraLa marea humana que toma la ciudad no distingue entre las cruces que montan tascas callejeras y las que han renunciado a hacerlo para evitar que se forme botellónRafa LópezLa vil realidad se encargó ayer de despejar las incógnitas y de liquidar el debate entre barra sí o barra no en el día de la Cruz. Al final el resultado fue el siguiente: toda Granada y parte del extranjero tomó la práctica totalidad de la ciudad -especialmente las zonas céntricas-, pululó por aquí y por allá a la caza de algún bebedizo alcohólico y se pasó por la entrepierna el asunto de las barras oficiales. Hubo de todo, como en botica: botellón con barra, botellón sin barra, cruces con barra y botellón, botellones sin cruz, barras con cruz pero sin botellón, cruces con botellón pero sin barra. Si se les ocurre alguna variante más, agréguenla y no se equivocarán, tal fue la amalgama y la diversidad de situaciones. El resumen es éste: en realidad, toda Granada fue una pura y sola barra.Los vecinos del Realejo habían sido los más combativos contra las barras en las fechas previas al día de la Cruz. Tiempo atrás habían pedido al Ayuntamiento que no autorizara estas tascas callejeras como fórmula para combatir el botellón en el barrio. Pero la realidad demostró ayer que el botellón tiene sus propias leyes y pasa por encima de este tipo de debates: la masa se concentra en determinado lugar en función de la consigna que triunfe mayoritariamente ese día a través de citas por mensajes de teléfono móvil. El pasado domingo, el fiestón se desplazó a los aledaños de la plaza de toros, mientras ayer la concentración más masiva se registró en Plaza Nueva, donde a media tarde no cabía ni un alfiler a martillazos. Dio igual que en Plaza Nueva hubiera barra o no, o hubiera cruz o no: si las hubo, casi nadie pudo saberlo porque era imposible dar un paso dada la tremenda congestión de gente que allí se produjo. A las siete de la tarde ya era del todo inútil intentar entrar a la plaza, pues miles de personas hacían un tapón perfecto a la altura de Reyes Católicos. Los aledaños corrieron la misma suerte. Hay varios ejemplos que ilustran la inutilidad del debate entre barra sí o barra no. Primero: en la plaza de Carlos Cano había por la tarde un ambiente festivo y bullanguero, típico del día de la Cruz. Había barra, pero no botellón. Lo mismo cabe decir de otra plaza del Realejo: la del padre Suárez. Ambas, por cierto, lucieron cruces bonitas. Sin embargo, en la plaza de Santo Domingo, donde este año no ha habido ni cruz ni barra, sí hubo botellón. Segundo: en el campo del Príncipe hubo cruz sin barra. Pese a eso, la mayor parte de las 200 personas que a las 18,30 horas se encontraban allí estaban haciendo botellón. Era un botellón tranquilo, pacífico y divertido. Por plazas y callesEn suma, el Realejo se libró de muchas barras, pero no del botellón, que se practicó en varias plazas y calles. Y allí donde hubo barras el ambiente fue festivo y agradable, como corresponde a una jornada como la de ayer.Es decir: si el Realejo registró ayer menos afluencia que, por ejemplo, el pasado año, no fue tanto por el menor número de barras, sino simplemente porque la consigna del sector botellonero se dirigió esta vez mayoritariamente hacia Plaza Nueva, las Pasiegas y la Romanilla. Estas dos últimas estaban también a reventar. Como Bib-Rambla, como la Gran Vía, como la plaza de la Universidad, como la plaza Einstein, como los aledaños de Hipercor, como la calle Elvira y todo el bajo Albaicín, como Puerta Real, como la plaza de Gracia... en fin, como todo el centro de la ciudad en sentido amplio, pues la de ayer ha sido probablemente la fiesta de la Cruz más masiva de la historia: 100.000 personas estaban anoche de juerga en Granada, según datos de la Policía Local, que sumó los presentes en las plazas -60.000- a los que iban itinerantes de un lado a otro -unos 40.000-. El gran centro fue Plaza Nueva, que reunió de 12.000 a 15.000 personas en una de las concentraciones más tumultuosas que se recuerdan en ese rincón granadino. Y eso que Plaza Nueva no es precisamente novata en reuniones masivas. Este dato, el de la participación más numerosa de cuantas fiestas de la Cruz se han vivido, pone en evidencia además otro esfuerzo inútil: el del Ayuntamiento, que ha restringido el número de cruces hasta dejarlas en 17 este año, menos de la mitad que en 2004. Sin embargo, la menor presencia de cruces por la ciudad no ha ido acompañada de menos bullicio callejero. Este diario habló ayer con las entidades que han montado cruz con barra en Puerta Real, en la plaza de Carlos Cano y en la plaza del Padre Suárez. Todos ellos afirman que, lejos de propiciar el botellón, las barras lo disminuyen. Matizan: «Con barra o sin barra, quien quiere hacer botellón lo hace». Y toda Granada fue en verdad una barra.
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