Sevilla, 03/05/05 El 'botellón' como derechoFélix BayónNo parece que la Junta le vaya a hacer mucho caso al fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, que ha pedido una ley contra el botellón. La doctrina de la Junta es que las medidas tomadas por otras autonomías son ineficaces, aunque tampoco se entiende cómo puede ser más eficaz no hacer nada. Dando ideas a los perjudicados por este incomodísimo fenómeno, el fiscal advierte que dejar de combatir el botellón podría ser delito de prevaricación. Pero ni por esas.Es sorprendente la tolerancia con la que se ha acogido siempre este fenómeno que todas las semanas quita el sueño a los vecinos de forma nada metafórica y llena calles y plazas de basuras, orines y vómitos. Eso ocurre en todas partes, pero en Andalucía tiene mayores dimensiones. No sé si por lo benigno del clima o por la desidia de las autoridades. En cambio, la salvaje juerga nocturna ha encontrado inusitados apoyos. Hay quienes incluso le han adherido la prestigiosa etiqueta de cultura, peligrosamente ambigua. Porque si el botellón es cultura –en el sentido antropológico que le da la segunda acepción del diccionario de la RAE–, también lo es la ablación del clítoris, que no creo que tenga muchos defensores entre nosotros. Siempre ha existido la sospecha de que la tolerancia obedecía a razones electoralistas, argumento endeble porque también votan las víctimas de la movida nocturna. Más bien creo que la pasividad tiene que ver con esa disposición papanata, tan extendida, a dar siempre la razón a los jóvenes para no parecer desfasados y fardar de modernos. A pesar de la rácana oferta de servicios públicos de las ciudades andaluzas, no han faltado recursos para abrir de madrugada algunas instalaciones y que los jóvenes dispongan de ellas. Deben de pensar que los jóvenes padecen de fotofobia. Dando muestras de que el buenismo es muy anterior a ZP, hace años que se vienen primando iniciativas como las mesas de diálogo. Nunca, en cambio, se ha intentado aplicar la ley, que, aunque insuficiente, permitiría hacer algo. Una y otra vez se repite el argumento de que, pobres jóvenes, las copas están muy caras en las discotecas y que en algún lugar tienen que tomárselas. Así, la parranda se ha convertido en un derecho universal más, como la sanidad o la educación. Leyendo este periódico, me entero de que existe una Convención Nacional de Jóvenes Vecinos –imagino que convenientemente subvencionada– que exige que los programas de ocio nocturno tengan continuidad y estén dotados con medios humanos y materiales suficientes para dar respuesta a la demanda de los jóvenes. Sin duda, sobra dinero en los presupuestos públicos. Esta Convención pretende que se la tenga en cuenta antes de tomar medidas y uno de sus portavoces advierte: "Nosotros somos el futuro". Espero que se equivoque. Aterra pensar que ése sea el futuro.
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