Gijón, 13/06/05 La Policía Local prepara un plan educativo para reducir los problemas de la movida. Una nueva relación con los agentesUnos 400 alumnos, padres y profesores de las Ursulinas han pasado ya por una primera experiencia piloto. El principal objetivo es lograr que los estudiantes tengan conciencia de las consecuencias legales de sus actosJ. P. J. P. La Policía Local de Gijón pondrá en marcha a partir del curso que viene, en todos los centros educativos que lo pidan, un programa de información sobre consumo de alcohol, violencia y movida destinado a los alumnos de Educación Secundaria Obligatoria. El proyecto, que aún no se ha terminado de perfilar en su totalidad, pretende informar a los jóvenes de las consecuencias legales de sus actos, prevenirles de los excesos de consumo de determinadas sustancias, darles medios para actuar en caso de emergencia y hacerles comprender que la actuación de la Policía Local se produce en un contexto muy determinado, no como una persecución hacia ellos. Este programa será una novedad en Gijón, donde hasta ahora sólo hay una larga experiencia en educación vial, y también en el resto de España. Sólo la ciudad de Albacete cuenta con algo parecido. De momento, las primeras sesiones informativas se han desarrollado a modo de prueba en el colegio de las Ursulinas. Los destinatarios han sido 400 alumnos de los cuatro cursos de la ESO con edades comprendidas entre los trece y los dieciocho años, así como sus profesores y las familias que quisieron participar. La elección d e este centro se debió a que la dirección del mismo fue la que solicitó participar en el programa piloto. Un suboficial del cuerpo policial, con mucha experiencia en las patrullas de la zona de movida, sobre todo en el barrio de la Arena, fue el encargado de elaborar y desarrollar este esbozo de programa que se consolidará a partir del año que viene. Más que una gamberrada ¿Con qué objetivos? Según señalaron fuentes del área de Seguridad Ciudadana y Tráfico del Ayuntamiento de Gijón, el fundamental es inculcar responsabilidad, que los jóvenes sepan al diferencia que hay entre una gamberrada y un delito y que conozcan sus derechos y sus deberes. Un responsable de esta iniciativa que prefiere o ser identificado en al información señala que «ellos no ven la diferencia y desconocen que un acto como romper una luna puede llevarse a la comisaría». Añade este mismo policía que «en temas de tráfico, por ejemplo, suelen estar muy perdidas. Hay que explicarles que hacer un 'caballito' con la moto puede suponerles quedarse sin licencia hasta que saquen el carné de conducir siendo mayores de edad». La idea es dejar claro que en los problemas de la movida y la violencia del fin de semana se producen en cadena. La secuencia suele empezar por el consumo de alcohol, sigue con la gamberrada, continúa con la intervención policial y puede acabar ante el juez, con una condena y la estigmatización social que ello supone. «Los jóvenes tienen perdida la medida y pierden la perspectiva de las consecuencias a las que pueden llevar sus actos», puntualiza uno de los policías. El asunto del 'botellón' es otro de los temas de las charlas. Se percibe aquí más ignorancia en los padres y profesores que en los jóvenes. La Policía Local aclara a los mayores que el simple hecho de beber en un parque no es motivo para intervenir, pero recuerda a los chavales que sí lo es si hay menores de por medio o si se produce la mínima violencia contra el mobiliario urbano, los árboles o las personas. Relata el agente que «los adultos nos dicen que no entienden por qué patrullamos alrededor de los parques y pasamos delante de los chavales que beben sin hacer nada. La respuesta es la que hemos dado, aunque es verdad que a veces actuamos de manera preventiva si notamos que 'se carga el ambiente'». También se informa de lo que hay que hacer el caso de un coma etílico. El mensaje fundamental es que nunca hay que dejar solo al compañero que está mal. Sólo con tumbarle de lado se evita la muerte al aspirar el vómito. ¿Qué preguntan los chavales? Lo más habitual es saber cuando se les puede pedir el DNI, por qué razón, o en qué medida se penaliza el consumo de drogas. Los policías detectan que los jóvenes tienen bastante información sobre estos asuntos, aunque suele ser parcial y poco codificada. La información que en todo caso se deja muy clara es que la intervención policial directa debe ser siempre el último paso y el menos deseable. La preferencia se siempre la prevención. Cada fin de semana, el barrio de la Arena es lugar de ocio de miles de adolescentes para quienes la presencia de la Policía Local forma parte del paisaje común. Otro de los objetivos de la campaña es conseguir que los jóvenes entiendan que la presencia de los agentes en la calle no es arbitraria, ni forma parte de una campaña de persecución del ocio. Los responsables de las charlas que se han dado hasta ahora señalan que en el contacto directo con las aulas se nota un cierto cambio de actitud. Uno de los agentes relata que «los chavales empiezan a ver que nuestro trabajo en la calle tiene un objetivo más amplio, que no es precisamente ir a por ellos». ¿Cuál será el impacto de todas estas campañas? Está por ver. Si lo hay, será a largo plazo.
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